sábado, 22 de diciembre de 2007

Javier Marías y la cultura democrática: conclusiones

sábado, 22 de diciembre de 2007

El chino debe ser el mejor idioma del mundo... ¡es el más hablado!

Dese carpetazo a lo empezado en el artículo anterior, sobre la forma de divulgar del escritor Javier Marías en función de dos artículos de su blog sobre la capacidad de «la gente», de decidir sobre determinados asuntos. En esta ocasión el artículo es el del día 23 de septiembre: Y rara vez tenemos razón.

Tras lo comentado y explicado hasta ahora, resultan más sorprendentes aún algunas afirmaciones del Sr. Marías. Pero véase secuencialmente, de la misma forma que en la ocasión anterior:

Si, como comentaba aquí hace una semana, los políticos elegidos en las urnas no son necesariamente buenos por haber sido así votados, sino sólo aceptados por todos -en eso consiste la democracia, en el acatamiento pacífico de lo que la mayoría quiere para nuestra gobernación-, lo que no tiene ningún sentido es la traslación de la opinión "popular" a otros ámbitos.

Bueno, en este caso, poco hay que decir en contra. Un candidato político elegido como resultado de un sufragio electoral, no le hace ni más ni menos bueno. Tan solo se puede afirmar eso, que es el elegido por mayoría. Si un político se arroga una bondad determinada por este motivo, incurre en un error. Un detalle a añadir sería el siguiente: -en eso consiste la democracia, en el acatamiento pacífico de lo que la mayoría quiere para nuestra gobernación-. Si, en eso consiste la democracia, pero una cosa es la gobernación, y otra el elegir a un candidato, a lo que parece referirse.

Un político elegido mayoritariamente no puede realizar cualquier cosa, y menos aún, cometer u ordenar algún tipo de acto que vulnere la ley. Por supuesto, tampoco debería poder modificar las leyes, sin seguir los cauces adecuados para garantizar que las reglas del juego son las mismas (por ejemplo, modificar la constitución o aprobar leyes que la vulneren sabiendo que van a ser aprobadas gracias al control sobre el tribunal correspondiente). No debería hacer todo esto... aún a pesar de haber sido elegido por «la gente».

Si lo que se llama "la gente" acierta poco en lo que le es más vital (veanse los ejemplos de gobernantes nefastos del domingo anterior, y podrían añadirse muchos más), ¿por qué habría de acertar en ninguna otra cosa?

Es de suponer que tras el primer artículo del Sr. Marías, semejante afirmación responde a la presunción de que el lector está ya preparado para asimilar la inevitabilidad del error, de ahí que ya se cuestione directamente la capacidad del pueblo para opinar, ni que decir tiene de la de gobernarse. Pero como ya se explicó, habría que ver que alternativas u opciones se enfrentaban los votantes a la hora de elegir a un gobernante, así como las consecuencias que se tienen, en función del sistema político correspondiente.

En realidad, es muy probable que a titulo individual, muy poca gente pretenda que el político que se está eligiendo sea «el bueno». En general, estos políticos, son como mucho, los que «la gente» ha elegido, de entre las opciones que había, y en todo caso, el que creen menos malo. Pero a pesar de todas sus advertencias, sigue sin resolvernos la duda de como obtener la certeza de quien es realmente el que debemos elegir, y no solo eso, también debería aclararnos como saber que el que se ha elegido, es o no acertado. ¿Que persona o entidad tiene la facultad para saberlo de forma absoluta?

Lo que dice El Papa, «va a misa»¿no se referirá a este?

Continuación:

Hoy en día, sin embargo, las votaciones "populares" se multiplican, en buena medida porque, a través de Internet y de los SMS, cada día resulta más fácil llevar a cabo simulacros de ellas. Continuamente leemos u oímos que tal periódico u organismo o emisora de radio o televisión han propiciado una encuesta para saber, qué sé yo, quién es el personaje más importante de la historia de España o del Reino Unido

Don Javier expone a continuación una serie de ejemplos de este tipo de votaciones, que no se cree necesario mostrar, por no ser relevantes más que el fragmento citado. Como también se ha comentado anteriormente, no se puede pretender alcanzar un conocimiento sobre un tema, sin más que conocer la opinión de la mayoría sobre el mismo. En este sentido es acertada la critica a este tipo de usos de un sistema de votación. El problema es que en los casos a los que se aplica, no pretenden llegar a conocimiento alguno en el fondo.

En estos concursos, la confección de la pregunta realizada para el mismo, plantea las dificultades correspondientes a las encontradas para realizar cualquier otra encuesta, sobre todo las de opinión o sociológicas. En estas, la pregunta ha de realizarse sin ambigüedades, y debe restringirse al ámbito adecuado. En definitiva, la pregunta ha de ser entendida por igual por todos los individuos de la muestra, para tener utilidad. Pero en definitiva, en líneas generales, el único conocimiento que se busca por las encuestas, no es más que conocer con la mayor exactitud el grado de repercusión de un concepto sobre una muestra de individuos, para extrapolarla al resto de la población.

En los concursos televisivos o radiofónicos, el principal objetivo es que participe el mayor número de gente. Así que el error consiste en darle una relevancia excesiva al resultado del concurso, o considerar el significado literal de la pregunta realizada como el objetivo del mismo, cuando seguramente esta (la pregunta) ha sido simplificada al máximo por motivos prácticos. Ejemplo: si se pregunta ¿quien es el personaje más importante de la Historia de España? resulta evidente a tenor de lo explicado, que la intención de la pregunta excede con mucho la verdadera posibilidad de alcanzar el objetivo que parece pretenderse. Para ser estrictos en este sentido, la pregunta debería ser ¿cuál cree usted, que es el personaje más importante de la Historia de España?. Aunque a efectos prácticos, el resultado en lo que concierne a las pretensiones de los productores del programa, es prácticamente el mismo.

Algo similar se puede aplicar al método para designar las «nuevas siete maravillas del mundo». Esta ocurrencia de un multimillonario, es poco más que eso, una ocurrencia en la que esta persona pudo gastarse su dinero, por no encontrar una ocupación mejor.

Lo malo de toda esta tendencia es que los políticos del mundo se amparan en ella para cometer sus tropelías.

El Sr. Marías pone varios ejemplos: uno de ellos ocurrido en Soria (algo de un monumento o algo así), otro sobre los gustos de ocio de los españoles, y otro sobre las pretensiones de un grupo numeroso de musulmanes. ¡No tienen nada que ver uno con otro! Y no solo por tratarse de asuntos diferentes, sino porque también tratan de ámbitos y contextos distintos.

El de Soria, es un defecto del sistema político. Una vez se consiguen los votos, el mandatario hace lo que cree conveniente, sin más intervención de la gente, pero apoyándose en el supuesto apoyo que le dieron en su día (cosa que también critica Javier Marías)

Sobre los gustos ¡no hay nada escrito! ...A la gente le gusta El código Da Vinci, pero eso no lo convierte en un libro bueno... ¡y quien dice que lo sea!

Y ¡ay! lo de los musulmanes. Que hayan cien mil de ellos o más, exigiendo que España esté regulada por la Sharia, mucho me temo que no tiene nada que ver con la democracia.

¿Cuál es la realidad? El Sr. Don Javier Marías, lejos de aclararnos el estado de la cuestión en materia de sistemas políticos, alimenta nuestros prejuicios e ideas preconcebidas, y agrava en alguna medida nuestro ya perjudicado acervo cultural de pasado dictatorial. Mientras que acierta en diagnóstico y en los síntomas, en lugar de ofrecer solución o alternativa nos acojona, nos menosprecia y nos confunde, casi consiguiendo que cuando vayamos votar, lo hagamos a alguien con talante, dialogante, relativista y débil a la hora de aplicar la ley. Debería esperarse algo más de alguien que no tiene tapujos para criticar a una institución como la Iglesia Católica española, para hacerlo también con el sistema de partidos actual que propicia los defectos que denuncia.

lunes, 29 de octubre de 2007

Javier Marías: las odiosas comparaciones y su falta de cultura ... democrática

lunes, 29 de octubre de 2007
Si los principales divulgadores de este trozo de península llamado España por unos cuantos, se dedican a dar versiones tan simplistas de nuestro sistema político que acaban siendo confusas y equivocadas en lugar de ilustrarnos con conceptos claros y sacarnos de esta ignorancia política, no es de extrañar el ambiente polémico-partidista que vivimos, por intentar deducir solo uno de los posibles motivos.

Escritor Javier Marías

El conocido escritor Javier Marías, colaborador del suplemento semanal de EL PAÍS, publicó en su blog, dentro de la llamada sección «LA ZONA FANTASMA», sendos artículos de lo mucho que nos equivocamos «la gente». En la entrada del día 16/09/2007 está disponible el primero de ellos, y una semana después, el 23/09/2007 se puede acceder al siguiente.

Articulo del 16/09/2007: «Cuando la gente no tenemos razón»

Sin ánimo de buscar tres pies al gato y procurando no sacar frases de contexto, intentaré aclarar y razonar, sobre algunas frases que se irán citando, en el orden en que son leidas en el texto original.

El sistema democrático tiene un inconveniente o peligro en el que en los últimos tiempos se está cayendo sin cesar, a saber: su intento de traslación a todos los ámbitos, es decir, también a los que no son estrictamente políticos

Completamente de acuerdo. De hecho, esta es una de las críticas que se le puede hacer a la famosa enciclopedia abierta Wikipedia, en cuanto a las decisiones tomadas «democraticamente» sobre algunos artículos, o la prevalencia de ciertas opiniones gracias a unos tambien ciertos (o inciertos) grupos que, o bien gozan de mayoría, o que simplemente están más ... «organizados». También se puede extender al mundo científico (así es cómo se le llama normalmente a cierto sector subvencionado por los estados occidentales), en en cuál se aceptan como válidas determinadas teorías (por ejemplo, las del calentamiento global), que como teorías que son, no están demostradas. Vale, de momento, vamos bien.

Pocas personas refutarían hoy que, aunque imperfecto, es el sistema más aceptable, razonable y justo de darse una gobernación

Hummm ... si, claro. Agradecemos al Sr. Marías que nos lo recuerde. En realidad, no lo habíamos dudado (¿tal vez el si?), y tampoco deseamos pensar mucho en esas pocas personas que lo refutan, que haberlas hailas. Pero bueno, bien, sigamos.

No tanto porque los votantes acierten en sus preferencias (pocas veces lo hacen, en realidad, y, sin salirnos del presente, no hay más que mirar a los Estados Unidos, a Venezuela, a Irán o a Italia hasta hace nada, que tuvo durante años encumbrado a Berlusconi), sino porque el conjunto de los ciudadanos está dispuesto a aguantarse con los resultados, por disparatados o dañinos que parezcan, a acatarlos y respetarlos.

¡Ooohh!, que lástima. ¿El tema no era la aplicación del sistema democratico en campos fuera de la política? ¿para que se menciona ahora? El comienzo del artículo parecía indicar que se iba a criticar el uso de las decisiones tomadas mediante un sufragio o votación (lo que hoy en día es tomado de forma simplista como democráticamente), en campos donde no es posible llegar a un conocimiento preciso y veraz, pretendiendo simplemente conocer la decisión de la mayoría. No ha sido así, y al poco de empezar el artículo, el conocido escritor ha fintado y se ha metido en política ¡y cómo! Veamos:

  1. Acierto en las preferencias: se introduce el Sr. Marías en un concepto peliagudo, ya que, ¿quién es el para decir si se ha acertado o no, en una determinada opción? ¿y nosotros? ¿que criterios de valoración utiliza, para determinar y juzgar las opciones escogidas de las que habla? Reune una lista de ejemplos variopintos, consistente en una serie de paises de los cuales se espera que el lector piense en sus respectivos presidentes (se supone) y, dada la diversidad de casos, es dificil no estar de acuerdo en que a alguno de ellos no lo hubieramos dejado de votar nosotros. Esta es la cuestión, ¿cuando se supone que es una opción válida? ¿cómo eran las alternativas en cada uno de los casos? Y otro aspecto interesante ¿por qué no se cita a España o Francia, casos bien cercanos?. Al de Francia aún no lo conocemos ( ... sin salirnos del presente ...) pero al nuestro si. Aaaaah, vale, será porque en España, hemos acertado.

  2. Falsa analogía: ademas de lo anterior, se comparan casos sustancialmente distintos. Comparar el caso de Irán con el de Venezuela, o a este último con el de los EUA, demuestra un desconocimiento de sus sistemas políticos abrumador. Las consecuencias de un posible «error» son distintas en cada caso, por lo que a la hora de elegir se tendrán criterios distintos y restricciones diferentes. Por ejemplo: en los EUA, una elección del Jefe del Ejecutivo (del estado en su caso), tiene un significado distinto al de España, al igual que con el de Venezuela (aún siendo distintos también entre sí). No son comparables por lo tanto, para empezar porque aquí no se puede elegir al jefe del ejecutivo, sino, que se elige al partido que lo presenta como primer candidato, de forma similar a Venezuela. Además, en los EUA, se tiene la posibilidad de elegir al legislativo, cosa que ni aquí ni en Venezuela (salvo algunos matizes) es posible, ya que una vez más, es el partido elegido en la misma convocatoria que para el ejecutivo, el que lo decide. Tampoco se comenta nada del tercer poder, el Judicial, que salvo en los EUA, no existe en ninguno de los casos mencionados, ni en el caso español, un sistema que intente independizar y separar a este poder del resto, para evitar cosas como el despotismo, por ejemplo.

  3. Desvío de atención: no solo no se comparan los resultados de la gobernación en los paises de los ejemplos que se citan de una forma razonada, sino que se reduce a personificar dicho gobierno en sus presidentes (caudillismo). Simplemente se supone que nos caen mal, los respectivos representantes políticos. Este error también se relaciona con las famosas encuestas tras la celebración del debate sobre el Estado de la Nación, en donde se dirime «quién ha sido el ganador», en asuntos como quién es «más moderado», quién «ha convencido», en resumen, algo así como una prueba psicotécnica, de personalidad o de carisma.

  4. Concepto de democracia: para ilustrar fantásticamente el curioso concepto de democracia de Don Javier, repitamos esta estupenda frase: ...porque el conjunto de los ciudadanos está dispuesto a aguantarse con los resultados, por disparatados o dañinos que parezcan, a acatarlos y respetarlos... y así durante cuatro años. No se que es peor, si refutar la democracia, o compararla con esta definición.

más cosas ...

Es decir, lo importante de la democracia no son los gobernantes que de ella emanan (recuérdese que Hitler alcanzó el poder mediante urnas y pactos), sino el acuerdo de la población al respecto: quienes la mayoría quiera que gobiernen, esos gobernarán sin discusión

Lo importante en una democracia es que el pueblo soberano gobierne. Para ello es necesario la igualdad ante la ley, evitando con ello que las ideas de una parte prevalezcan sobre las demás en el gobierno (oligarquía). Y para asegurar esto, hace falta vigilar al gobierno para que la ley mencionada se cumpla para todos igual (poder judicial independiente), o lo que es lo mismo, la separación de poderes es necesaria en gran medida. No había igualdad legal en Alemania si ocurrió lo que ocurrió con una parte del pueblo Aleman. Por lo tanto, no había democracia en Alemania, y fué precisamente porque nadie pudo discutirle, por lo que se gobernó como se gobernó. Igualmente alejado de la democracia son esos «pactos» con grupos no mayoritarios (se supone) y que por lo tanto, no son decididos por los ciudadanos (los que deben gobernar y los únicos con los que hay que «pactar» ... en una democracia). En definitiva, no son importantes los gobernantes que emanan del resultado de unas elecciones, pero si lo es la discusión posterior sobre cómo se lleva a cabo esa gobernación. El aceptar un resultado electoral no tiene porqué conllevar la aceptación de todas y cada una de las decisiones que se tomen posteriormente. Para eso están los parlamentos, para debatir y realizar votaciones, en las que deberían participar los representantes elegidos libre y directamente por el pueblo, no por un mandatario a su antojo. Además de todo esto, el Sr. Marías se olvida de un protagonista fundamental en una democracia: la oposición. No se habla de la utilización de la fuerza (única opción considerada por Don Javier), sino del uso de las instituciones por parte del pueblo o sus representantes para regular el poder concedido a los políticos.

Y para ser -seguir siendo- verdaderamente democrático no basta con haber sido elegido de ese modo, aunque sea condición necesaria. También hay que gobernar de ese modo, y por eso no he pestañeado al tildar a Chávez de dictatorial, por muchos votos que cada vez obtenga ahora en sus untadas urnas (untadas de petróleo, se entiende).

La cuestión no es que el que gobierna sea democrático, sino que el sistema lo permita, cosa que no ocurre en Venezuela, pero si que puede ocurrir en los EUA si los representantes realizan su labor, aunque su presidente nos caiga fatal y no sea democrático.

O, por recurrir a otro ejemplo: casi todos los norteamericanos condenan hoy los excesos y abusos del McCarthismo de los años cincuenta, y en cambio no desaprueban algo mucho más grave que aquello y que se da en nuestros días, el Guantanamismo

Don Javier expone varios ejemplos, pero se ha escogido este por ser doblemente cuestionable como razonaré a continuación. En un artículo anterior, se explicaba cómo las conclusiones obtenidas merced a un conocimiento posterior a un suceso determinado, no invalidaban a las acciones tomadas en su día, cuando no se tenía dicho conocimiento. La incorrecta utilización de lo acabado de exponer es conocido como la Falacia del Historiador, y en base a ella se puede decir que el que los americanos no cuestionaran las acciones tomadas por el gobierno contra ciudadanos sospechosos de colaborar con el enemigo (guerra fría) por el hecho de tener una ideología determinada, y lo hagan más de cuarenta años después en otro contexto completamente distinto, es bastante lógico y humano (en la medida en que estas dos cosas puedan ir juntas). Efectivamente, el menoscabo en los derechos civiles es un error en cualquier circunstancia, lo que ocurre es que en este caso, precisamente fue la ley de los EUA (Primera Enmienda de la Constitución) la que permitió que algunos personajes relevantes protestaran públicamente en contra de esta medida. Esto no impidió que una parte de la sociedad discriminara a dichos personajes, pero se trataría entonces de un problema social, no legal, ni del sistema político. La «gente» nos equivocamos, por supuesto, por eso el sistema debe tener unas funciones claras de protección y defensa del ciudadano, a través del cumplimiento de la ley, independientemente de quién gobierne.

El guantanamismo, por utilizar la misma palabreja inventada por el Sr. Don Javier Marías, es uno de los culpables de los grandes prejuicios que se tienen en contra de los EUA, y (muy probablemente) con razón. Seguramente por este motivo es utilizada ahora para relacionarla (muy probablemente) de forma equivocada, con la decisión de votar o no a un representante político. En este caso, el gobierno, se aprovecha de una falta de capacidad coactiva de las instituciones internacionles para mantener esta base. Es decir, no significa que la gente apruebe directamente, la utilización que se le dan a dichas instalaciones. En todo caso, se les puede acusar de confiar en exceso del sistema legal internacional, al hacerlo de la misma forma que confían en el suyo.

Decididamente, los americanos son unos inocentones.

continuará....

lunes, 8 de octubre de 2007

La duda original

lunes, 8 de octubre de 2007
En los comienzos, las principales intenciones que me motivaron a iniciar esta andadura por la blogosfera, eran por un lado la de practicar la escritura y ordenar las ideas. Y por otro, la casi perentoria necesidad de mostrar los sucesos, noticias, acontecimientos unos cotidianos y otros no tanto, desde un punto de vista más racional o por lo menos, intentando serlo.

El hartazgo y descontento cotidianos de la zafiedad política (o de la zafiedad política cotidiana), culminado (pero no finalizado) en el atentado del 11M, y la lamentable y vergonzosa jornada de reflexión de las elecciones generales del 14M, convenientemente aderezada con unos medios de comunicación que apestaban a control por parte de unos políticos que parecían desconocer por completo las reglas básicas de la lógica y el sentido común, fueron determinantes. Para qué hablar de la decencia, de la ética, o de la moral de estos individuos pagados por el pueblo español para que nos representen.

Y así es cómo fueron surgiendo las definiciones de falacias, conceptos y demás, hasta que un buen día, en una discusión o debate con otro blogger (catalán, para más señas), surgió la duda básica y principal que marcó la posterior evolución de la bitácora, y de alguna forma, mía también:
¿que es un estado de derecho?
Ni sabía explicarlo, ni lo había dado en la escuela, y nadie a mi alrededor era capaz de hacerlo tampoco. Ni en la época actual ni en el pasado. Y lo que era peor, empezaba a sospechar que esa falta de cultura era la causa de todas las discusiones tribales y sectarias, desprovistas casi por completo de esa lógica y sentido común que tanto echaba en falta igualmente en los políticos y medios de comunicación (fundamentalmente), y de las que en ocasiones había sido protagonista yo también.


Tras un primer intento de solucionar mi falta de cultura democrática que siguió inmediatamente al debate anterior, continué con mis cosas (el conflicto lingüístico valenciano-catalán, manipulaciones, falacias, etc), pero poco a poco, se atisbaba la imposibilidad de pasar por alto la mayor manipulación: a este sistema político no se le debería llamar democracia, en el sentido etimológico con que le dotaron sus creadores.

En esta fase fueron de gran importancia algunos sitios web y sus editores, con los que entablé relación e incluso recientemente, he llegado a conocer personalmente a algunos de ellos. A saber (por orden cronológico):

  • Francisco Rubiales (Voto En Blanco): un maestro del marketing político y un gran comunicador, además de un referente en la concienciación de los ciudadanos en la defensa de su soberanía. Tal vez demasiado vinculado con el pasado.
  • Pakithor (su seudónimo en Tercera Vía): la lejanía de su estancia al otro lado del atlántico, nos priva de poder conocerlo mejor, pero el foro con el que nos obsequió y los momentos de esplendor por los que pasó, serán recordados por ofrecer por fin un lugar de debate alejado de esos sectarismos tribales que comentaba al principio. Y lo seguimos necesitando.
  • Jesús Nava (Filosofía Digital): la maravillosa colección y recopilación de textos, ideas y pensamientos de los grandes escritores, filósofos y científicos que la humanidad ha dado a lo largo de su historia, constituyen un legado que no se olvida fácilmente. Dotar a la ALCD de un contenido fundamental, sólido y firme, tampoco. Pero las ansias y prisas por liderar a un movimiento de seguidores fieles a un líder, espero que se me olvide por lo menos a mi, algún día.

Tampoco quiero dejar de mencionar a Juan José, Manuel Lissen, Israel Nava, Luis I. Gómez, Arturo (Lavagulín), J.P. Mañueco, Carlos Angulo, Pedro (Wotan), Raimundo Morte, Inmemmoriam, Renton, Rafael, Germánico, Juan G. Colorado y algunos más que he conocido a través de este medio y el resto de vinculados a la ALCD, con los que he podido compartir momentos, ideas e inquietudes, las cuales han ocultado, o acabaran por ocultar, los defectos inevitables y diferencias que todos tenemos. Afortunadamente.

Esta bitácora

Por todas estas convulsiones, crisis y transformaciones, admito que algunos artículos se han apartado más de lo que era mi intención al empezar, de una visión lo más objetiva posible. Así que como esto es algo que tal vez no pueda evitar siempre, y por que algunas veces lo necesito, he creado dos «etiquetas» para clasificar por un lado los artículos con una carga sustancial de opinión propia, y otra para aquellos artículos en los que se relatan experiencias personales para las cuales no tengo mucha más prueba que mi palabra.

Política

Tampoco era mi intención escribir un blog sobre política, pero como esta es una materia de gran presencia en la sociedad y se encuentra allá donde miremos, me resulta casi imposible evitar hablar sobre ella. Por otra parte, mi inquietud por mejorar nuestro sistema político ha desembocado en la participación virtual (por poco real y personal) de una igualmente virtual (sería más acertado decir en ambos casos, electrónica) asociación, en principio, de ciudadanos: la ALCD.

Así que, continuamos ahora con la mirada puesta en el futuro esperanzador, si bien no por encontrar soluciones fáciles y rápidas a nuestros problemas, si por identificarlos y aceptarlos como son, y no cómo nos gustaría que fueran. Esto es lo que hay, y con esto hay que apechugar ... aunque siempre podemos concedernos el beneficio de la duda.

jueves, 4 de octubre de 2007

sábado, 29 de septiembre de 2007

La Trampa de Lizarza

sábado, 29 de septiembre de 2007

En las últimas elecciones autonómicas y municipales ocurrió un suceso que a mi entender, no ha tenido la repercusión que debería en la opinión pública y medios de comunicación, en lo referente al sistema político español. Sin embargo, las implicaciones que se desprenden de este hecho, bien deberían merecer la pena una reflexión.

Escudo de la localidad de Lizarza

El Partido Popular ha tomado posesión del Ayuntamiento de Lizartza en su totalidad, a pesar de tener tan solo un 7'6 % de votos conseguidos (27 de un total de 355). La causa principal de esto es la reciente ilegalización del partido ANV, de tendencia nacionalista e independentista (y alguna cosa más). Digo la causa principal por que no es la única, como veremos más adelante.

viernes, 21 de septiembre de 2007

La falacia del historiador

viernes, 21 de septiembre de 2007
Profesor de Historia de la Brandeis University, David Hackett Fischer¿Tiene sentido juzgar hechos de la antigüedad con un conocimiento adquirido posteriormente? Si cada época está marcada por su correspondiente grado de evolución social, cultural y conocimiento, no parece que sea correcto hacerlo. Sin embargo, en ciertos ámbitos sobre todo políticos, parece ser una práctica habitual juzgar sucesos históricos desde la óptica actual. ¿Esto significa que lo que era válido hace siglos no pueda ser criticado ahora? Bueno, por supuesto que puede ser criticado —de hecho, ya lo fue— por eso transcurrió la Historia tal y como la conocemos. Pero no tiene sentido aplicar conceptos o valores surgidos en una época, a los de otra. Mucho menos juzgar a los descendientes de aquellos que cometieron unos actos, que sólo hoy son considerados como errores.

La posibilidad de aplicar el método científico en la Historia y Ciencias Sociales es complicada, pero dentro de la definición del mismo, es posible aprovechar el trabajo de un investigador independiente, en base a aplicarlo a diferentes casos de interés y estudiar las conclusiones. Existe un estudio, poco conocido, pero de gran ayuda para entender estas interpretaciones más que discutibles de la Historia. Se trata de la llamada Falacia del Historiador. El artífice de este concepto es David Hackett Fischer, profesor de Historia de la Brandeis University, y nos cuenta, dicho en pocas palabras, que interpretar la historia o sucesos ocurridos en la antigüedad en base a un conocimiento adquirido con posterioridad —por lo tanto desconocido por los protagonistas de entonces— es un error. Por tratarse de un autor proveniente de la historiografía anglosajona, y por su relación con la Historia española, se ha escogido el siguiente fragmento de un documento (Las falacias del historiador) donde se resume su trabajo:
Considérese, por ejemplo, un problema interpretativo mayor, la derrota de la Armada española en 1588. Algunos estudiosos han sugerido que este suceso causó el declive del imperio español y el ascenso del británico. Pero Garrett Mattingly replica que “es difícil verlo de ese modo. En 1603 España no había perdido ni una sola de sus posiciones marítimas ante los ingleses, mientras que la colonización británica de Virginia se había pospuesto por el momento”. Otros argumentan que la derrota de la armada española provocó el traspaso del control de los mares, de España a Inglaterra. El Profesor Mattingly contesta que antes de 1588 el poder marítimo inglés en el Atlántico había sido normalmente superior a las fuerzas conjuntas de Castilla y Portugal, y que así seguía siendo, pero tras 1588 el margen de superioridad disminuyó. La derrota de la Invencible no fue el final, sino más bien el comienzo de la Armada española”.
(...)
En breve, parece que la derrota de la Armada española, por potente y melodramática que fuera, pudo bien ser claramente algo inútil en sus resultados. Dicha derrota no parece haber conllevado grandes efectos, excepto acabar con la estrategia española que la tenía como maniobra principal. Este criterio seguro que viola los instintos patrios de todo inglés y la sensibilidad estética de todos nosotros. Un gran suceso debe tener grandes resultados, pensamos. Pero esta es la falacia de la identidad, que trataremos después.
Este es un ejemplo autocrítico —desde el punto de vista de su autor, en relación al de la historiografía clásica anglosajona— donde se muestra cómo la Historia es interpretada acorde con sus deseos nacionalistas, considerando la derrota de la Armada Invencible el punto de inflexión hacia el declive del dominio español y comienzo del británico, culminándose en la Batalla de Trafalgar .

Como se puede leer, la derrota de La Armada española —en 1588— no supuso ningún declive —más bien al contrario—. Este se sucedió siglos después en Trafalgar —1805—. Los historiadores nacionalistas británicos sin embargo, aprovechan la derrota posterior para tratar a la primera —por su carácter más «mediático»— como un suceso distinto a lo que podría haber sido, pero que sencillamente, no lo fue —no solo esto, sino que ignoran bochornosamente la hazaña del Almirante español Blas de Lezo (Pasajes, Guipúzcoa, 1687), y la colosal derrota a la que fueron sometidos en el Sitio de Cartagena de Indias—.

Y como muestra de algo más cercano y de lo que podrá ser si el nacionalismo catalán continua por la línea actual, según un estudio de la Fundació d'Estudis Històrics de Catalunya, el Descubrimiento de América ... ¡fue catalán!

Por lo visto, deducen lo dicho en función de algunos descubrimientos relativos al origen incierto del navegante y descubridor, que lo situarían en las Islas Baleares —han leído bien: Baleares, no Cataluña—. Independientemente del origen de Cristóbal Colón —el cual era obviamente el mismo entonces que ahora—, la Historia se ha desarrollado como la conocemos. La asociación del descubrimiento de América con España no es una decisión moderna, sino que forma parte del proceso histórico. El argumento del organismo catalán al asociarlo con personajes como Fernando de Aragón —esposo de la Reina Isabel de Castilla, y Rey de la Corona de Aragón, como todo el mundo sabe— no es válido, ya que ese hecho es probablemente lo que evita que se asocie en exclusiva con La Corona de Castilla, y se haga con el conjunto de ambas coronas —España—. Si se descubriera que Colón era chino —por ejemplo—, sería indudablemente una sorpresa, pero apenas cambiaría nada.

«La Historia la escriben los vencedores»: este es uno de los tópicos más conocidos sobre la Historia y probablemente es cierto. En todo caso, algo veraz que se puede extraer de esto es precisamente, quién fue el vencedor y lo que ocurrió a continuación. La diferencia con la Falacia del Historiador, es el uso posterior y consciente de esta última, mientras que los vencedores carecían de la certeza de las consecuencias históricas de sus actos, que ni ellos ni sus descendientes cercanos iban a conocer.

El recurso de esta reinterpretación histórica es probablemente para lograr la victoria en terrenos distintos a los de antaño, o para justificar los abusos de una hegemonía lograda de forma no tan noble como las luchas a espada de entonces. Se aprovechan las debilidades actuales, para intentan justificar demagógicamente su supremacía en lo político, lo militar, o lo económico. Últimamente en lo mediático también pero,...  casi nunca en lo moral.


Nota : artículo revisado, modificado y reeditado. Artículo anterior publicado el 28/10/2006

La falacia como herramienta de comunicación

La falacia es la principal herramienta del manipulador, ya que la verdad no le basta para conseguir sus propósitos. Los fines para los cuales son necesarios estos medios pueden ser de distinta naturaleza, no necesariamente negativa. No obstante, el uso de este tipo de recursos indica que hay dudas sobre su legitimidad.

El poder del manipulador se basa en enmascarar la verdadera situación, aún a costa de los que necesita para continuar en su estatus
Por convencido que se esté para defender un fin, si para ello son necesarios unos medios que pasan por manipular a aquellos que han de aceptarlo, indica que hay algún problema. El fin no siempre justifica los medios.

Es más, en algunos casos —como cuando se trata de la defensa del bien común— los medios son tan importantes como los fines. Se podría argumentar incluso que en una democracia, por ejemplo, la corrección de los medios empleados son el fin en si mismo.

La cuestión es que identificando las falacias y señalando los caminos hacía donde nos llevan, es posible encontrar en las alternativas que quedan cuál es la realidad.

¿Qué es una falacia? Se puede considerar como tal a aquella deformación de la realidad presentada de forma que la propia confusión provocada dificulte ver la falsedad de la misma

En ocasiones puede tratarse de una simple equivocación al aplicar un razonamiento, pero las ocasiones en las que se hace complicado lograr presentar esta deformación de la realidad, indican una intencionalidad para el engaño, además de aquellos otros motivos que lleven a emprender este tipo de informaciones, y que por alguna razón, no pueden ser mostrados tal y como son.

Enlaces


sábado, 25 de agosto de 2007

La democracia clásica ... y la actual

sábado, 25 de agosto de 2007
Remontándonos al siglo VI adC, en la antigua Grecia, surgieron en aquel entonces lo que podrían ser los antecedentes de las formas de gobierno existentes hoy en día en el mundo occidental. Lejos de pretender realizar un análisis exhaustivo, se van a destacar algunas peculiaridades y analogías de los sistemas de aquel entonces, y se realizarán algunas correspondencias con lo que hoy en día se le llama democracia, sobre todo en Europa.

Constitución Soloniana y la Timocracia

Previamente a lo que se conoce como Democracia Griega o Democracia Ateniense, y tal vez como precursora de esta, existió otro tipo de sistema político llamado timocracia. Se considera su creador a Solón, unos de los llamados Siete Sabios de Grecia, siendo su principal característica la diferenciación entre los habitantes por su capital o pertenencia de tierras, así como por la concesión de la condición de ciudadano. Estos tenían diferentes capacidades de intervención política en función de su clase social, determinada como se decía, por sus bienes. En el último escalafón (pero con posibilidad de participación) estaban los Thetes, los cuales eran artesanos o trabajadores manuales, de bajo nivel adquisitivo.


Este sistema político es también llamado oligocracia u oligarquía (gobierno de algunos), en diferenciación a lo que vendría después, la democracia (gobierno del pueblo). La cuestión está en determinar quienes son esos algunos y a quien se le llama pueblo. Uno de los factores importantes de esta reforma era que se permitió por primera vez la intervención de alguien distinto a la aristocracia, en la intervención en asuntos públicos y políticos. De cualquier forma, la timocracia en efecto, era un timo de democracia.

Definición de ciudadano

En la antigua Grecia, se distinguía entre libre y ciudadano. «Libre» era todo aquel que no era esclavo, y normalmente lo formaban las mujeres, extranjeros (no nacidos en Atenas, en este caso) y el resto de la población que no era ciudadana, por algún motivo. Es decir, la condición de ciudadanía era la que dotaba a la persona libre de capacidad de intervención política en los asuntos de la ciudad-estado, y lo formaban normalmente (en función del sistema político), varones libres, nativos del lugar. El resto no tenía capacidad de decisión, si bien era libre en los demás aspectos.

El ciudadano, tanto en la timocracia como en la democracia griega, poseía el derecho de al menos decidir y participar activamente en el gobierno de forma periódica, cada ocho o nueve días, mediante su participación en las asambleas, en donde se congregaban hasta varios miles de ciudadanos. Algunos autores han llegado a denominar a la antigua democracia griega, como el gobierno de los pobres.


Colina Pnyx: lugar de encuentro de las asambleas de ciudadanos en la antigua democracia griega.


¿Cuál es la realidad? Debido a los prejuicios culturales de la época, ni siquiera en la Democracia Griega la totalidad de la población tenía derecho a decidir en los asuntos públicos, es decir, al gobierno. La condición de ciudadanía era adquirida tan solo por una parte de la población, pero esta, era plenamente capaz de decidir en su gobierno.

Sin embargo, salvando esta diferencia cultural, ninguno de entre los que hoy en día se nos considera ciudadanos, tiene más derechos políticos que los Thetes de la timocracia, ya que tan solo intervenimos cada cuatro años, durante un instante, y únicamente para elegir a unas siglas.

Esto no es un timo, es un atraco.