Tal y como se anuncia en el pequeño párrafo de la cabecera, en esta bitácora también tienen cabida los sucesos personales en los que se advierten situaciones que afectan de alguna forma la percepción de las cosas. O bien que, mientras que la apariencia indica una cosa, la realidad es otra. Así que les voy a contar unos hechos recientes sobre mi situación, principalmente laboral.
Hasta hace poco, desarrollaba mi labor en el Área de Fabricación de Asientos. Cuando se construyó en 1988 era Planta de Fabricación de Asientos, con funcionamiento autónomo. Junto con la de Valencia, se construyeron otras dos plantas iguales de fabricación de asientos, utilizando un método relativamente nuevo de inyección de espuma (foamizado) directamente sobre la tela, la cual adoptaba la forma del asiento al estar sobre un molde de aluminio. Una en Colonia (Alemania), y otra en Dagenham (Reino Unido). Solo la de aquí logro seguir adelante, las de Alemania y Reino Unido (dos países tercermundistas, como todo el mundo sabe) no lograron pulir las imperfecciones que este método nuevo de fabricación padecía.
En Valencia se logro fabricar asientos con un coste tan irrisorio, que la multinacional que sustituyó a las otras dos plantas,
Johnson Controls Automotive, no consiguió igualar en competitividad el producto de aquí. Estamos hablando de que una planta con un puñado de trabajadores, los cuales por su cuenta; aunque eso si, utilizando los recursos de la empresa; solucionaron los problemas de puesta en marcha de una instalación, y además con un rendimiento muy por encima de lo previsto hasta el punto de superar lo ofrecido por otras empresas dedicadas específicamente a la fabricación de asientos. Además de solucionar los problemas técnicos, se solventaron los problemas de
competitividad.
La dirección de la empresa en España ignoró todos estos logros, y tubo que ser la dirección en Europa la que, atónita tras visitar Valencia para comprobar con sus propios ojos lo que estaba ocurriendo aquí, tomara cartas en el asunto y defendiera la continuidad de la planta, convertida ahora en área, al integrarse logísticamente en otra planta. A partir de este momento, si bien se mantuvo el área en funcionamiento, se han ido destinando recursos a otras zonas, gracias a que el
dominio sobre el sistema productivo era tal, que apenas necesitaba de intervenciones. Naturalmente, la capacidad de adaptación de la planta a cambios de mercado (mejoras de productos, innovaciones técnicas, etc.) ya no será la misma, y en estos momentos cualquier contingencia significará muy probablemente, el cierre del área, con los consiguientes cambios y traslados de personal a zonas con carga de trabajo mayor y condiciones de trabajo peores.
El Método
Todos estos logros y todo este trabajo que además de redundar en beneficio de la empresa, también ha significado mejoras continuas del método de trabajo para hacerlo no solo más eficaz y eficiente, sino más ergonómico y más cómodo, parecía lógico que se valorara de forma importante. No es así exactamente. Todo el trabajo realizado no serviría más que para lo que se pudiera aprovechar estando en el área. No se asume directamente que en vista de los frutos conseguidos con este método de trabajo, este pueda puedan ser aplicado en otras áreas, a pesar de estar demostrado con hechos, el beneficio que aporta.
Un sistema de trabajo sin jerarquía, organizado horizontalmente en cuanto a las responsabilidades, donde los jefes de equipo lo son más por necesidad burocrática que otra cosa, no es bien asimilado en el resto de la factoría, una de las
más jerarquizadas que existen. La opinión de cualquiera era considerada, y cada trabajador buscaba su hueco en el grupo según lo mejor que supiera hacer, en relación al resto. En resumen,
un sistema de trabajo democrático. No me di cuenta entonces, pero la democracia había nacido de forma natural entre nosotros, y no tenía cabida en la oligarquía directiva de la empresa. Al menos de momento.
Recursos Humanos
¿Que ocurría entonces con los «recursos» trasladados a otras zonas? ¿Que pasaba con los supuestos derechos adquiridos sobre las condiciones de trabajo: horarios, turnos, funciones, puesto de trabajo, etc.? ¿Se iban a reconocer las labores realizadas muy por encima de la definición oficial del puesto de trabajo? Lo primero que pensé fue en ir al departamento de recursos humanos de la empresa. Este departamento, se supone, debe vigilar que los recursos sean utilizados de forma óptima, tanto por responsabilidad del empleado, como de los mandos que los han de emplear de forma eficiente.
Una vez allí y expuesto mi caso, el empleado del departamento que me atendía empezó a moverse nerviosamente en su asiento, mientras notaba que el resto de personal miraba de reojo. Balbuceando un poco, me dijo que debía rellenar un formulario de reclamación, el cual procedió a buscar, todavía con cierto nerviosismo. Tras unos minutos rebuscando en cajones y archivadores, acabó admitiendo que los formularios obraban en poder del comité sindical. Fue entretenido.
Los sindicatos
El siguiente paso fue reunirme con los representantes sindicales. Las respuestas no fueron muy satisfactorias, como me temía. Lo más destacado de la reunión fue el constatar que las decisiones del comité de empresa se toman de forma global, es decir, que por cada grupo de trabajadores afectados por alguna movilidad, los representantes sindicales exigen a la empresa alguna compensación para todo el conjunto de trabajadores, pero no para esos mismos. Es decir, los derechos individuales no se tienen en cuenta.
Situación actual
- Reubicado a mantenimiento de la Nave de Ruedas desde enero de 2007
- Un turno más de trabajo
- Nada de laboratorios con ordenadores o maletas de programación para desplazarse a la instalación y comprobar los cambios de programa, tan solo un equipo informático fijo, con un taburete y una mesa de hierro
- Asistencia a producción pura y dura: averías y horas y horas de pie.
- Sin aire acondicionado en la nave. A pesar de ser uno de los puntos más críticos de la factoría (el coche puede salir sin cualquiera de sus partes y ser reparado después, excepto si no lleva ruedas), es de las más olvidadas. Espero que el hecho de ser una nave con pocos trabajadores no sea el motivo, ya que el derecho de disfrutar de las mismas condiciones de trabajo debe ser el mismo para todos, independientemente del coste por trabajador que suponga la instalación de aerotermos para el aire acondicionado. No se si los sindicatos están al corriente (sic)
Todo esto para conseguir poner en marcha un equipo con la aureola de ser pionero en España y con posibilidad de implantación en otras planteas de Europa, que tras cinco meses de pruebas e intentos, permanecía más tiempo en reparación. Varios meses después de nuestro traslado, la instalación es ya completamente operativa, pero no salimos en la
foto.
¿Cuál es la realidad?
Se ignoran los logros conseguidos por personal ajeno al circulo de mando de la empresa.
Los sindicatos obran en la misma línea, además de atender los problemas en función de la rentabilidad política e imagen, quedando los derechos del trabajador individual en segundo plano, si no se forma parte de un grupo determinado importante a nivel mediatico, político o simplemente de conveniencia por alguna coyuntura específica.
Los sindicatos forman parte de la propia estructura burocrática de la empresa, al concederle esta determinadas competencias a aquellos, tras los acuerdos pertinentes ente ambas partes.
En general, se lleva hasta último término el conceder importancia a la producción principal, sin tener en cuenta el trabajo efectuado de forma periférica, pero igualmente necesario o incluso fundamental para alcanzar un dominio del sistema productivo. De esta forma, las cualificaciones técnicas, así como la trayectoria laboral del personal son menospreciadas, si no han pasado por determinados filtros; y todo con el consentimiento (incluso colaboración) de los que se supone representan a los trabajadores.
Así que da igual lo que se haga dentro de las posibilidades que el puesto de trabajo permite, incluso si se demuestra fehacientemente lo conveniente que es, si no pasa por la aceptación del circulo directivo. Es decir, se premia la sumisión y obediencia antes que el interés por el trabajo.
Por todo esto y por que solo queda mi estatus como consumidor, no solo soy un trabajador cuyo fruto del mismo redunda en beneficio de otros, sino que también solo me dejan ser un ciudadano por cuenta ajena.
Actualización (27/06/2007): había pasado por alto un par de cosas. La principal es de lo es capáz un colectivo organizado sin jerarquías estrictas, y con respeto al individuo. Otra es que últimamente, cuando comento con compañeros del trabajo donde estaba antes, me sorpende ver que la gente nos conoce como «los que lo hacían ellos», no sin cierta admiración. Quien sabe, quizás servimos de inspiración para una nueva era.
Actualización (26/11/2007): un video para ilustrar de forma amena, un ambiente laboral agresivo.
Actualización (26/03/2009): desde hace un año aproximadamente, que dejé la nave de ruedas y las actividades de asistencia a producción, para desempeñar de nuevo otras más relacionadas con electrónica y programación en otra área.
"La gran mayoría de seres humanos son reducidos a simples bienes intercambiables que deben ofrecer su trabajo al mejor postor, sin ninguna libertad o control democrático dentro de su ámbito laboral, un ambiente con gran semejanza a los regímenes totalitarios".
Es triste lo que cuentas, Lino. Pero eso es así, y mucho peor, en todos los trabajos por cuenta ajena. Por eso, tal como dice Richard Morales, la democracia es imprescindible para que haya libertad y creatividad también en el mundo laboral. Todas las instituciones sociales, políticas, económicas, laborales y hasta culturales o espirituales deben tener un fundamento y una inspiración democráticos, si queremos vivir en un mundo verdaderamente humano.
Saludos cordiales.
Hola Jesús, gracias por tu comentario y por la cita.
Efectivamente, un buen número de ocasiones he comparado mi trabajo con un sistema totalitario, al más puro estilo de la Unión Sovietica, con los delegados sindicales que más son comisarios políticos que otra cosa, controlando a los proletarios.
Está claro que no se van a votar todas las decisiones, pero en la rutina diaria, vale cualquier opinión. En el resto de la factoría se ha adoptado un sistema, seguramente como herencia de nuestro antiguo regimen tolerado por muchos trabajadores, en el que solo vale la opinión del jefe o de sus amigos. Y así les va.
La planta de foam, ha sido una prueba incomoda que les ha demostrado durante años, y lo hará mientras sea recordada, lo perjudicial de ese sistema. Y yo mientras pueda, seguiré trabajando por un sistema que respete al trabajador de verdad.
Es un poco presuntuoso, pero algunas veces pienso en mi antigua área de trabajo como una especie de Camelot, cuyo recuerdo sirvió de inspiración a futuras generaciones.
De alguna forma tengo que animarme.
Saludos
Querido Lino:
Así que llevas más de 20 años en la multinacional ... ya casi tienes para jubilarte. :_)
Bromas aparte, no sse si lo asumirás, pero cuando dices "un sistema de trabajo democrático", en realidad estás sin saberlo aludiendo a la lealtad republicana. La lealtad que hace que todos den lo mejor de si mismos y cada uno en medida de sus posibilidades, siempre por el bien de todos. No se trata de que las decisiones se tomen entre todos (las decisiones solo las toman los accionistas), se trata de que entre todos se haga el mejor trabajo posible.
A ver si sacamos una tarde este agosto y repetimos la tertulia de hace unos meses. Me gustaría debatir un par de temas contigo: 11 de septiembre de 2001 ¿Al-Qaeda o un encargo interno? y democracia sí, pero ¿para cuándo?
Un fuerte abrazo.
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