lunes, 29 de octubre de 2007

Javier Marías: las odiosas comparaciones y su falta de cultura ... democrática

Si los principales divulgadores de este trozo de península llamado España por unos cuantos, se dedican a dar versiones tan simplistas de nuestro sistema político que acaban siendo confusas y equivocadas en lugar de ilustrarnos con conceptos claros y sacarnos de esta ignorancia política, no es de extrañar el ambiente polémico-partidista que vivimos, por intentar deducir solo uno de los posibles motivos.

Escritor Javier Marías

El conocido escritor Javier Marías, colaborador del suplemento semanal de EL PAÍS, publicó en su blog, dentro de la llamada sección «LA ZONA FANTASMA», sendos artículos de lo mucho que nos equivocamos «la gente». En la entrada del día 16/09/2007 está disponible el primero de ellos, y una semana después, el 23/09/2007 se puede acceder al siguiente.

Articulo del 16/09/2007: «Cuando la gente no tenemos razón»

Sin ánimo de buscar tres pies al gato y procurando no sacar frases de contexto, intentaré aclarar y razonar, sobre algunas frases que se irán citando, en el orden en que son leidas en el texto original.

El sistema democrático tiene un inconveniente o peligro en el que en los últimos tiempos se está cayendo sin cesar, a saber: su intento de traslación a todos los ámbitos, es decir, también a los que no son estrictamente políticos

Completamente de acuerdo. De hecho, esta es una de las críticas que se le puede hacer a la famosa enciclopedia abierta Wikipedia, en cuanto a las decisiones tomadas «democraticamente» sobre algunos artículos, o la prevalencia de ciertas opiniones gracias a unos tambien ciertos (o inciertos) grupos que, o bien gozan de mayoría, o que simplemente están más ... «organizados». También se puede extender al mundo científico (así es cómo se le llama normalmente a cierto sector subvencionado por los estados occidentales), en en cuál se aceptan como válidas determinadas teorías (por ejemplo, las del calentamiento global), que como teorías que son, no están demostradas. Vale, de momento, vamos bien.

Pocas personas refutarían hoy que, aunque imperfecto, es el sistema más aceptable, razonable y justo de darse una gobernación

Hummm ... si, claro. Agradecemos al Sr. Marías que nos lo recuerde. En realidad, no lo habíamos dudado (¿tal vez el si?), y tampoco deseamos pensar mucho en esas pocas personas que lo refutan, que haberlas hailas. Pero bueno, bien, sigamos.

No tanto porque los votantes acierten en sus preferencias (pocas veces lo hacen, en realidad, y, sin salirnos del presente, no hay más que mirar a los Estados Unidos, a Venezuela, a Irán o a Italia hasta hace nada, que tuvo durante años encumbrado a Berlusconi), sino porque el conjunto de los ciudadanos está dispuesto a aguantarse con los resultados, por disparatados o dañinos que parezcan, a acatarlos y respetarlos.

¡Ooohh!, que lástima. ¿El tema no era la aplicación del sistema democratico en campos fuera de la política? ¿para que se menciona ahora? El comienzo del artículo parecía indicar que se iba a criticar el uso de las decisiones tomadas mediante un sufragio o votación (lo que hoy en día es tomado de forma simplista como democráticamente), en campos donde no es posible llegar a un conocimiento preciso y veraz, pretendiendo simplemente conocer la decisión de la mayoría. No ha sido así, y al poco de empezar el artículo, el conocido escritor ha fintado y se ha metido en política ¡y cómo! Veamos:

  1. Acierto en las preferencias: se introduce el Sr. Marías en un concepto peliagudo, ya que, ¿quién es el para decir si se ha acertado o no, en una determinada opción? ¿y nosotros? ¿que criterios de valoración utiliza, para determinar y juzgar las opciones escogidas de las que habla? Reune una lista de ejemplos variopintos, consistente en una serie de paises de los cuales se espera que el lector piense en sus respectivos presidentes (se supone) y, dada la diversidad de casos, es dificil no estar de acuerdo en que a alguno de ellos no lo hubieramos dejado de votar nosotros. Esta es la cuestión, ¿cuando se supone que es una opción válida? ¿cómo eran las alternativas en cada uno de los casos? Y otro aspecto interesante ¿por qué no se cita a España o Francia, casos bien cercanos?. Al de Francia aún no lo conocemos ( ... sin salirnos del presente ...) pero al nuestro si. Aaaaah, vale, será porque en España, hemos acertado.

  2. Falsa analogía: ademas de lo anterior, se comparan casos sustancialmente distintos. Comparar el caso de Irán con el de Venezuela, o a este último con el de los EUA, demuestra un desconocimiento de sus sistemas políticos abrumador. Las consecuencias de un posible «error» son distintas en cada caso, por lo que a la hora de elegir se tendrán criterios distintos y restricciones diferentes. Por ejemplo: en los EUA, una elección del Jefe del Ejecutivo (del estado en su caso), tiene un significado distinto al de España, al igual que con el de Venezuela (aún siendo distintos también entre sí). No son comparables por lo tanto, para empezar porque aquí no se puede elegir al jefe del ejecutivo, sino, que se elige al partido que lo presenta como primer candidato, de forma similar a Venezuela. Además, en los EUA, se tiene la posibilidad de elegir al legislativo, cosa que ni aquí ni en Venezuela (salvo algunos matizes) es posible, ya que una vez más, es el partido elegido en la misma convocatoria que para el ejecutivo, el que lo decide. Tampoco se comenta nada del tercer poder, el Judicial, que salvo en los EUA, no existe en ninguno de los casos mencionados, ni en el caso español, un sistema que intente independizar y separar a este poder del resto, para evitar cosas como el despotismo, por ejemplo.

  3. Desvío de atención: no solo no se comparan los resultados de la gobernación en los paises de los ejemplos que se citan de una forma razonada, sino que se reduce a personificar dicho gobierno en sus presidentes (caudillismo). Simplemente se supone que nos caen mal, los respectivos representantes políticos. Este error también se relaciona con las famosas encuestas tras la celebración del debate sobre el Estado de la Nación, en donde se dirime «quién ha sido el ganador», en asuntos como quién es «más moderado», quién «ha convencido», en resumen, algo así como una prueba psicotécnica, de personalidad o de carisma.

  4. Concepto de democracia: para ilustrar fantásticamente el curioso concepto de democracia de Don Javier, repitamos esta estupenda frase: ...porque el conjunto de los ciudadanos está dispuesto a aguantarse con los resultados, por disparatados o dañinos que parezcan, a acatarlos y respetarlos... y así durante cuatro años. No se que es peor, si refutar la democracia, o compararla con esta definición.

más cosas ...

Es decir, lo importante de la democracia no son los gobernantes que de ella emanan (recuérdese que Hitler alcanzó el poder mediante urnas y pactos), sino el acuerdo de la población al respecto: quienes la mayoría quiera que gobiernen, esos gobernarán sin discusión

Lo importante en una democracia es que el pueblo soberano gobierne. Para ello es necesario la igualdad ante la ley, evitando con ello que las ideas de una parte prevalezcan sobre las demás en el gobierno (oligarquía). Y para asegurar esto, hace falta vigilar al gobierno para que la ley mencionada se cumpla para todos igual (poder judicial independiente), o lo que es lo mismo, la separación de poderes es necesaria en gran medida. No había igualdad legal en Alemania si ocurrió lo que ocurrió con una parte del pueblo Aleman. Por lo tanto, no había democracia en Alemania, y fué precisamente porque nadie pudo discutirle, por lo que se gobernó como se gobernó. Igualmente alejado de la democracia son esos «pactos» con grupos no mayoritarios (se supone) y que por lo tanto, no son decididos por los ciudadanos (los que deben gobernar y los únicos con los que hay que «pactar» ... en una democracia). En definitiva, no son importantes los gobernantes que emanan del resultado de unas elecciones, pero si lo es la discusión posterior sobre cómo se lleva a cabo esa gobernación. El aceptar un resultado electoral no tiene porqué conllevar la aceptación de todas y cada una de las decisiones que se tomen posteriormente. Para eso están los parlamentos, para debatir y realizar votaciones, en las que deberían participar los representantes elegidos libre y directamente por el pueblo, no por un mandatario a su antojo. Además de todo esto, el Sr. Marías se olvida de un protagonista fundamental en una democracia: la oposición. No se habla de la utilización de la fuerza (única opción considerada por Don Javier), sino del uso de las instituciones por parte del pueblo o sus representantes para regular el poder concedido a los políticos.

Y para ser -seguir siendo- verdaderamente democrático no basta con haber sido elegido de ese modo, aunque sea condición necesaria. También hay que gobernar de ese modo, y por eso no he pestañeado al tildar a Chávez de dictatorial, por muchos votos que cada vez obtenga ahora en sus untadas urnas (untadas de petróleo, se entiende).

La cuestión no es que el que gobierna sea democrático, sino que el sistema lo permita, cosa que no ocurre en Venezuela, pero si que puede ocurrir en los EUA si los representantes realizan su labor, aunque su presidente nos caiga fatal y no sea democrático.

O, por recurrir a otro ejemplo: casi todos los norteamericanos condenan hoy los excesos y abusos del McCarthismo de los años cincuenta, y en cambio no desaprueban algo mucho más grave que aquello y que se da en nuestros días, el Guantanamismo

Don Javier expone varios ejemplos, pero se ha escogido este por ser doblemente cuestionable como razonaré a continuación. En un artículo anterior, se explicaba cómo las conclusiones obtenidas merced a un conocimiento posterior a un suceso determinado, no invalidaban a las acciones tomadas en su día, cuando no se tenía dicho conocimiento. La incorrecta utilización de lo acabado de exponer es conocido como la Falacia del Historiador, y en base a ella se puede decir que el que los americanos no cuestionaran las acciones tomadas por el gobierno contra ciudadanos sospechosos de colaborar con el enemigo (guerra fría) por el hecho de tener una ideología determinada, y lo hagan más de cuarenta años después en otro contexto completamente distinto, es bastante lógico y humano (en la medida en que estas dos cosas puedan ir juntas). Efectivamente, el menoscabo en los derechos civiles es un error en cualquier circunstancia, lo que ocurre es que en este caso, precisamente fue la ley de los EUA (Primera Enmienda de la Constitución) la que permitió que algunos personajes relevantes protestaran públicamente en contra de esta medida. Esto no impidió que una parte de la sociedad discriminara a dichos personajes, pero se trataría entonces de un problema social, no legal, ni del sistema político. La «gente» nos equivocamos, por supuesto, por eso el sistema debe tener unas funciones claras de protección y defensa del ciudadano, a través del cumplimiento de la ley, independientemente de quién gobierne.

El guantanamismo, por utilizar la misma palabreja inventada por el Sr. Don Javier Marías, es uno de los culpables de los grandes prejuicios que se tienen en contra de los EUA, y (muy probablemente) con razón. Seguramente por este motivo es utilizada ahora para relacionarla (muy probablemente) de forma equivocada, con la decisión de votar o no a un representante político. En este caso, el gobierno, se aprovecha de una falta de capacidad coactiva de las instituciones internacionles para mantener esta base. Es decir, no significa que la gente apruebe directamente, la utilización que se le dan a dichas instalaciones. En todo caso, se les puede acusar de confiar en exceso del sistema legal internacional, al hacerlo de la misma forma que confían en el suyo.

Decididamente, los americanos son unos inocentones.

continuará....

lunes, 8 de octubre de 2007

La duda original

En los comienzos, las principales intenciones que me motivaron a iniciar esta andadura por la blogosfera, eran por un lado la de practicar la escritura y ordenar las ideas. Y por otro, la casi perentoria necesidad de mostrar los sucesos, noticias, acontecimientos unos cotidianos y otros no tanto, desde un punto de vista más racional o por lo menos, intentando serlo.

El hartazgo y descontento cotidianos de la zafiedad política (o de la zafiedad política cotidiana), culminado (pero no finalizado) en el atentado del 11M, y la lamentable y vergonzosa jornada de reflexión de las elecciones generales del 14M, convenientemente aderezada con unos medios de comunicación que apestaban a control por parte de unos políticos que parecían desconocer por completo las reglas básicas de la lógica y el sentido común, fueron determinantes. Para qué hablar de la decencia, de la ética, o de la moral de estos individuos pagados por el pueblo español para que nos representen.

Y así es cómo fueron surgiendo las definiciones de falacias, conceptos y demás, hasta que un buen día, en una discusión o debate con otro blogger (catalán, para más señas), surgió la duda básica y principal que marcó la posterior evolución de la bitácora, y de alguna forma, mía también:
¿que es un estado de derecho?
Ni sabía explicarlo, ni lo había dado en la escuela, y nadie a mi alrededor era capaz de hacerlo tampoco. Ni en la época actual ni en el pasado. Y lo que era peor, empezaba a sospechar que esa falta de cultura era la causa de todas las discusiones tribales y sectarias, desprovistas casi por completo de esa lógica y sentido común que tanto echaba en falta igualmente en los políticos y medios de comunicación (fundamentalmente), y de las que en ocasiones había sido protagonista yo también.


Tras un primer intento de solucionar mi falta de cultura democrática que siguió inmediatamente al debate anterior, continué con mis cosas (el conflicto lingüístico valenciano-catalán, manipulaciones, falacias, etc), pero poco a poco, se atisbaba la imposibilidad de pasar por alto la mayor manipulación: a este sistema político no se le debería llamar democracia, en el sentido etimológico con que le dotaron sus creadores.

En esta fase fueron de gran importancia algunos sitios web y sus editores, con los que entablé relación e incluso recientemente, he llegado a conocer personalmente a algunos de ellos. A saber (por orden cronológico):

  • Francisco Rubiales (Voto En Blanco): un maestro del marketing político y un gran comunicador, además de un referente en la concienciación de los ciudadanos en la defensa de su soberanía. Tal vez demasiado vinculado con el pasado.
  • Pakithor (su seudónimo en Tercera Vía): la lejanía de su estancia al otro lado del atlántico, nos priva de poder conocerlo mejor, pero el foro con el que nos obsequió y los momentos de esplendor por los que pasó, serán recordados por ofrecer por fin un lugar de debate alejado de esos sectarismos tribales que comentaba al principio. Y lo seguimos necesitando.
  • Jesús Nava (Filosofía Digital): la maravillosa colección y recopilación de textos, ideas y pensamientos de los grandes escritores, filósofos y científicos que la humanidad ha dado a lo largo de su historia, constituyen un legado que no se olvida fácilmente. Dotar a la ALCD de un contenido fundamental, sólido y firme, tampoco. Pero las ansias y prisas por liderar a un movimiento de seguidores fieles a un líder, espero que se me olvide por lo menos a mi, algún día.

Tampoco quiero dejar de mencionar a Juan José, Manuel Lissen, Israel Nava, Luis I. Gómez, Arturo (Lavagulín), J.P. Mañueco, Carlos Angulo, Pedro (Wotan), Raimundo Morte, Inmemmoriam, Renton, Rafael, Germánico, Juan G. Colorado y algunos más que he conocido a través de este medio y el resto de vinculados a la ALCD, con los que he podido compartir momentos, ideas e inquietudes, las cuales han ocultado, o acabaran por ocultar, los defectos inevitables y diferencias que todos tenemos. Afortunadamente.

Esta bitácora

Por todas estas convulsiones, crisis y transformaciones, admito que algunos artículos se han apartado más de lo que era mi intención al empezar, de una visión lo más objetiva posible. Así que como esto es algo que tal vez no pueda evitar siempre, y por que algunas veces lo necesito, he creado dos «etiquetas» para clasificar por un lado los artículos con una carga sustancial de opinión propia, y otra para aquellos artículos en los que se relatan experiencias personales para las cuales no tengo mucha más prueba que mi palabra.

Política

Tampoco era mi intención escribir un blog sobre política, pero como esta es una materia de gran presencia en la sociedad y se encuentra allá donde miremos, me resulta casi imposible evitar hablar sobre ella. Por otra parte, mi inquietud por mejorar nuestro sistema político ha desembocado en la participación virtual (por poco real y personal) de una igualmente virtual (sería más acertado decir en ambos casos, electrónica) asociación, en principio, de ciudadanos: la ALCD.

Así que, continuamos ahora con la mirada puesta en el futuro esperanzador, si bien no por encontrar soluciones fáciles y rápidas a nuestros problemas, si por identificarlos y aceptarlos como son, y no cómo nos gustaría que fueran. Esto es lo que hay, y con esto hay que apechugar ... aunque siempre podemos concedernos el beneficio de la duda.

jueves, 4 de octubre de 2007