sábado, 7 de mayo de 2011

Juez Garzón: de juzgado de guardia

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Los artistas mienten para decir la verdad mientras los políticos mienten para ocultarla

Siguiendo la estela del exitoso libro Indígnate del francés Stéphane Hessel, varios personajes presentan otro del juez Baltasar Garzón, basado en una idea similar. Según este artículo del diario Público donde colabora Ignacio Escolar —uno de los participantes de la presentación— se pretende vender una idea de reacción social en la que, como no, el objetivo principal son los banqueros por ser el supuesto origen de todo el problema de la crisis actual, y que el catedrático de economía aplicada Juan Torres López, otro presentador, los califica de inmorales, irresponsables, insensibles e inhumanos.

Son ciertas la mayoría de cosas que dice, pero mientras que en la obra del autor francés mencionado, veterano de la 2ª Guerra Mundial, se arremete contra una excesiva dependencia, social, económica y política de un mercado internacional sin regulación, que opera en función de su propio interés pero en cuyo problema implica a todos los estratos sociales y sobre todo, a los políticos; Garzón y compañía se centran en otros aspectos mucho mas concretos: principalmente los bancos y la corrupción.

Según Garzón, «lo peor que se puede hacer en democracia es reírse de los ciudadanos», y lo dice alguien que debe saberlo ya que se ha codeado con los principales políticos de este país: ha sido juez de la Audiencia Nacional, y también ha tenido un cargo político como Secretario de Estado. El problema es que mientras tuvo estos cargos poco hizo por cambiar las cosas que ahora critica, es decir, es uno de los que ha participado del sistema y por lo tanto, es responsable indirecto de la situación actual. Al menos, para eso ha cobrado y cobra de nuestro dinero desde hace muchos años. Sin embargo, un sistema que permite que algunos políticos se rían de los ciudadanos, no merece el más mínimo de los reproches ya que según sus palabras «no se puede descalificar», y «no se puede decir que el Gobierno propicia la presencia de ETA en las elecciones». «No se puede», ¿que querrá decir con esto? Espero que no me sometan a jurisdicción militar como con los controladores aéreos si oso criticarles.

El juez tampoco entiende cómo es posible que se siga votando a políticos implicados en casos de corrupción «Es difícil de comprender que la gente les vote. ¿Cómo es posible que se vote a alguien que no está cumpliendo?», (—las negritas son del propio diario Público—). Parece evidente que se refiere a los implicados en el caso Gürtel en la Comunidad Valenciana, ya que en Andalucía la cosa no está tan clara y el partido hasta ahora en el poder desde la transición en esta comunidad autónoma tiene los días contados según las encuestas. Bien, algo de todo esto debe saber también, ya que él mismo está implicado en tres casos de presunta prevaricación y actualmente está suspendido en sus funciones. Pero resulta chocante que no conozca la explicación más clara a ese fenómeno en la Comunidad Valenciana: que la alternativa les parezca peor a los ciudadanos. Seguramente porque no es capaz de imaginarse que una mayoría de ciudadanos no quieran saber nada de su antiguo partido. Por supuesto, un sistema político que no ofrece alternativas a los ciudadanos, tampoco es mencionado como parte del problema.

Federico Mayor Zaragoza, que ya conocimos de lo que era capaz en este blog hace ya un tiempo, continua hablando de democracia e instando a los ciudadanos a que la consigamos. Según el «Nos quitaron la justicia social, la solidaridad... Y nos lo intercambiaron por los mercados. Ahora estamos de espectadores, pero podemos ser ciudadanos» (—las negritas, del diario Público—). Este señor, pagado por el gobierno para el proyecto de la Alianza de Civilizaciones (además de defender en los medios al polémico y presuntamente inconstitucional Estatut de Catalunya) se convierte en un ciudadano más y afirma que «nos han quitado la justicia social», tras apoyar a un gobierno que ha estado ocho años en el poder y ha mentido sobre la existencia de una crisis. No habla de ninguna otra justicia (¿será porque «no se puede»?), ni de la igualdad de oportunidades ni de los privilegios de los políticos que le contratan.

En definitiva, don Baltasar Garzón, el juez que habla de democracia y corrupción, aprovecha sus contactos en medios de comunicación que no esconden su orientación política para presentar rodeado de personajes sectarios un libro de temática similar, bastante demagógico y de carga patética, que muchos ciudadanos comprarán contribuyendo todavía más a aumentar una nómina pagada con su mismo dinero, gracias a ocupar puestos públicos destinados a corregir lo que el mismo critica en su libro, mientras escritores noveles de gran calidad permanecen a la sombra por no tener padrinos poderosos. De juzgado de guardia.


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