lunes, 21 de mayo de 2012

El problema de la ciencia en España

Fuente: Muycomputer
El gobierno ha reducido nada más y nada menos que en un 25% el presupuesto en i+d+i. Esto al parecer supondrá un descalabro en el trabajo de muchos científicos que a duras penas habían logrado desempeñar su pasión en España. La mayoría de ellos han de volver al extranjero, comprobando desesperanzados como no hay futuro para la ciencia en España.

Todo país avanzado sabe que la ciencia no debe entenderse como un gasto, sino como una inversión. Yo añado que todo lo relacionado con las TIC comparte un grado de importancia similar. Esta radica en que la experiencia ha demostrado durante décadas que lo invertido en estas materias a la larga proporciona un capital de conocimiento que marca diferencias con el resto de países. Ayuda a crear soluciones y a abrir nuevos caminos cuando los viejos ya no valen, como por ejemplo basar la economía en los bienes inmuebles. En el ladrillo.

Las sociedades que han apostado en los últimos tiempos por la investigación, que tienen métodos para valorar las capacidades y de dar oportunidades a todo aquel que tiene una buena idea, son las que ahora lideran el gobierno mundial. Una única buena idea que logre fructificar, aunque tarde años en salir, puede cambiar el destino para las próximas décadas y ser rentabilizada con creces. Así ha ocurrido con Internet, con las redes sociales, con el buscador Google, y otros ejemplos que a buen seguro se podrían encontrar en otros ámbitos del conocimiento.

Es incoherente que se admita la necesidad de cambiar el modelo productivo y se recorte en este área. Alguno podrá pensar, ¿y las empresas? ¿acaso no se reivindica desde ciertos sectores que las subvenciones no son productivas?. Esto tiene gran parte de razón, pero el problema es que la tradición empresarial española es completamente contraria a estas ideas. Peor aún, cometen el error similar de recortar todavía más de donde no deben. Si ya las empresas dedicaban poco a la investigación y a la reinversión en su propio negocio para mejorarlo, para dar oportunidades a proyectos de cientificos e ingenieros, ahora todavía menos. Si alguien ha de cambiar esto son los únicos que el actual sistema permite que lo hagan: los políticos.
Fuente: Noticias Orange

Carmen Vela, secretaria de Estado para i+d+i, explica que con este presupuesto que se va a hacer ciencia «de calidad». Esto es como decir que hasta ahora no lo era. Haciendo de abogados del diablo, puedo creerme que gracias a las subvenciones hubiera mucha gente que vivía de ellas y no producía los resultados obtenidos. Pero si ahora ya se afirma disponer de una forma de conocer qué proyectos son los adecuados, lo que deberían hacer es aplicarlos, no reducir la inversión. Me temo que lo que se esconde es una confusión de conceptos al creer que lo mismo por menos dinero es «más calidad». Aún suponiendo que realmente se logre un rendimiento similar, lo que hace falta es una mayor apuesta por la investigación como principal forma de salir del atolladero, no mantenerse en los parámetros actuales que se han evidenciado como insuficientes. 

¿Que parte de culpa la tenemos la sociedad en España? ¿hasta que qué punto los partidos, tanto unos como otros, son los únicos responsables de la escasa tradición científica?

Creo que como dirigentes, son los políticos los principales y directos responsables. Si el sistema lo permitiera podríamos conocer el grado de implicación de la sociedad, la cual presumiblemente tiene poca voluntad y poca sensibilidad en este aspecto con lo que somos también culpables; pero ya que no nos dejan decidir, son los dirigentes los que acostumbrados a gobernar a golpe de decreto, sin embargo en este caso, no hacen nada o empeoran la situación.
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martes, 15 de mayo de 2012

Intercambio de rumores

Dicen que el rumor es «la antesala de la noticia», pero llamar así a los rumores cuyas principales características son sus dudosas fuentes y veracidad más que discutible,  pienso que es un disparate. Deberían ser realmente todo lo contrario de la noticia.

Lo que pasa es que todos quieren ser los primeros. Y la audiencia lo aplaude. Además, el boom de las redes sociales amplifica los rumores de forma descontrolada. La inmediatez de la información que brinda Twitter, por ejemplo, tiene la contrapartida de difundir a gran velocidad todo tipo de bulos y leyendas urbanas, que pueden ser ciertas, pero su condición de dudosas les aleja de lo que ha de ser una información en condiciones. Un ejemplo concreto que tuvo una gran repercusión pero cuya veracidad pasó rápidamente a segundo plano, es el de un vídeo de una pareja supuestamente practicando sexo en la Universidad Politécnica de Valencia.

¿Era real? ¡qué más daba!

El problema de la «prensa al servicio del poder político tradicional», es que no puede competir con esta rápidez en la difusión, a pesar de intentarlo «haciendose eco» de muchos de estos rumores. Como si quitarse la responsabilidad de su origen, le eximiera de la de difundirlos.

Este problema de los grandes medios es muy similar a la de las grandes compañias distribuidoras de contenidos, cultura, e información, que no les gusta que la gente pueda compartirla. Música, libros, ¿por qué no los «rumores» también?. Y la cegera a la hora de solucionarlo es muy parecida, que suele pasar por bloquear internet y las redes con medidas de censura. El monopolio de los rumores también desean controlarlo.

En el caso de los medios de información, la solucion debería pasar, en lugar de intentar competir en inmediatez con  las redes mucho más eficaces para ello, su oferta debería ser aquella que no pueden ofrecer las redes sociales y microbloggin: la de dar noticias objetivas, contrastadas y de fuentes fiables y conocidas.

Pero me temo que esto no les interesa.