domingo, 26 de mayo de 2013

El modelo productivo

Recortes, impuestos, subvenciones, déficit, parece que la principal discusión sobre economía que mantienen la sociedad y los políticos se reduce a una mera cuestión algebraica de quitar aquí o bajar allá. Obviedades como que para reducir el déficit habrá que aumentar los ingresos del Estado. Y propuestas tan simples como la de aumentar impuestos.

El problema es que si al mismo tiempo se bajan sueldos a empleados por cuenta ajena y a funcionarios, el consumo se paraliza, por lo que acabará afectando también a autónomos y empresas. Si estos como consecuencia deciden bajar más los sueldos, nos veremos envueltos en una espiral que no nos lleva a ninguna parte. Bueno, puede que nos lleve, aunque sea cargándose la economía, únicamente a cumplir con las exigencias europeas y los acuerdos que con sus dirigentes, nuestros políticos hayan tomado.

Si por el contrario se decidiera bajar impuestos, como recientemente se ha propuesto (otro político igualmente responsable del desaguisado, que opina desde una cómoda y oportunista posición), el consumo podría aumentar y se lograría un aumento de los ingresos del Estado (a través de impuestos como el IVA). Pero todo dependería en última instancia de lo que decidan hacer los consumidores, y dejando al Estado sin capacidad para tomar las decisiones adecuadas.

No este Estado, claro, sino otro, ya que por parte de éste han venido «soluciones» y «Planes E» ideados por unos políticos que llevan décadas en sus partidos influyendo y tomando las decisiones que nos han llevado a la actual situación. Esperar que de esos mismos políticos venga la solución es de locura.

Todo el mundo habla de él, pero nadie plantea maneras de cambiar el modelo productivo, ese modelo que hasta ahora no ha sido capaz de ir más allá del turismo de país de segunda fila, o del negocio de la especulación inmobiliaria. Este es el verdadero problema al que España se enfrenta como país. Y no lo hacen porque o bien no tienen ni idea, o porque no les interesa. Seguramente por las dos cosas.

Uno de los aspectos de ese necesario cambio de modelo sería precisamente, el de evitar que gente tan incompetente acabe al frente del Estado y se perpetúe durante décadas. Y mientras, las abarrotadas Universidades no saben qué hacer con los talentos que, sean pocos o muchos, han de tropezarse con la privilegiada competencia de los familiares de políticos y empresarios influyentes. El resto de empresas han de salir de España para triunfar, una y otra vez.

En la red se pueden encontrar algunas propuestas para cambiar ese modelo productivo basadas en la experiencia en otros países y en estudios algo más razonados. Mejor que continuar dando bandazos otros 30 años, por lo menos. Y si además vemos que estas propuestas de solución tienen puntos coincidentes, indica que ese razonamiento no debe ir muy desencaminado.

«La Revolución Industrial Oculta»

Gerardo Ibáñez, un ingeniero industrial con dilatada experiencia en varios proyectos internacionales, dice lo siguiente en una entrevista (ver fuente):
... un país no sube los salarios porque es rico, sino que si sube los salarios se hace rico.

«El informe que debería avergonzar a España»

Gerardo Sánchez, director adjunto de El Confidencial y especializado en periodismo económico comenta que:
La economía sumergida -al contrario de lo que suele creerse- no es la causa de los problemas de insuficiencia fiscal de España (sólo Irlanda recauda menos en la Eurozona), sino la consecuencia. Es el modelo productivo quien determina el nivel de economía golfa, y no al revés.

Los países que ahora «obligan» a nuestros gobernantes (realmente lo hacen por pura comodidad) a tener una economía que ahoga al ciudadano, en su momento optaron por caminos completamente distintos a los que ahora nos abocan a tomar:

Subir los salarios permitiría aumentar los impuestos y aumentar el consumo, lo que igualmente beneficiará a la empresa privada y a todo el sistema económico, reduciéndose la economía sumergida, aumentando igualmente los ingresos del estado. 

Pero esto no se hará por varias razones: una porque requiere de plazos mayores. Otra porque sería reconocer la importancia de aquellos que ahora tan sólo quieren utilizar para exprimir. Y otra porque seguramente, tendrían que bajarse ellos los sueldos.

Más sobre el asunto

lunes, 6 de mayo de 2013

Las claves de la política

«La libertad no hace felices a los hombres; los hace sencillamente hombres.»
Manuel Azaña (1880-1940), político español


Rajoy, en actitud improcedente, dada la situación
Según el reciente «barómetro» del CIS, la clase política ha pasado a ser uno de los mayores problemas que preocupan a la sociedad, por delante incluso del terrorismo. La Corona, día sí y otro también, aparece en los medios relacionada con asuntos turbios. En la Unión Europea, países como  Grecia o Chipre están siendo prácticamente expoliados por la llamada «Troika», sin importar las consecuencias sociales de las medidas que se adoptan. Todo, para solucionar una deuda contraída en tiempos en los que los políticos utilizaban la demagogia para prometer un progreso falso, que muy pocos durante aquel tiempo se preocuparon, o no se atrevieron, en desmentir.

¿Es esto normal? ¿cómo es posible que todos los políticos en prácticamente cualquier país sean considerados una lacra social? ¿para que sirven las instituciones públicas políticas? ¿qué hace Europa?

Me niego a dar explicaciones del tipo «no gobiernan los míos». Así es como llevamos haciendo en España durante más de 30 años, para acabar como estamos ahora. Como ciudadano, he intentado deducir a modo de tres puntos concretos, cuales son esas claves de la política que nadie se ha preocupado en contarnos. Vean qué les parece:
  1. Para que uno mande, ha de haber otros que le obedezcan: 

    Puede parecer una perogrullada, pero creo que la gran mayoría de las veces nadie, o muy pocos, se dan cuenta de esta circunstancia. El cacique del pueblo, el político corrupto, el sindicalista aprovechado o el empresario borde y sin escrúpulos, están en sus puestos gracias a que tienen al suficiente número de gente que le ríe las gracias y les hace los favores. Es la consecuencia de no saber hacer nada más, que cambiar el color del cacique de turno.
  2. Cualquier persona defenderá en primer lugar, sus propios intereses.

    Es completamente normal que cualquiera de nosotros defienda sus propios intereses, los de su familia o tal vez, los de su entorno más cercano. Se tiene la peculiar creencia de que una persona, sólo por estar puesta a dedo en un cargo público por el partido que hemos votado, no va a hacer exactamente lo mismo. Luego la gente se sorprende, pero lo cierto es que no tenemos el más mínimo control sobre las personas que están al frente del Estado. Un político cualquiera defenderá con uñas y dientes su modo de vida. Mentirá si es necesario, y utilizará todos los medios que los ciudadanos pagamos con nuestro dinero, para colocar a sus familiares, amigos y personas que le convengan. Como haríamos cualquiera de nosotros si las cosas se pusieran difíciles.
  3. La necesidad y la libertad son opuestas, aunque complementarias

    El altruismo se da principalmente cuando las personas que lo realizan, tienen todo lo que cada uno entienda por necesidad, satisfactoriamente cubierto. Muy difícil será que, por el punto anterior, una persona decida sacrificar algún aspecto de su trabajo o los estudios de sus hijos, para que sean otros los que lo disfruten.

    Las personas decidirán en función de sus necesidades, cuanto mayor sean estas. Esto tiene su lado bueno y su lado malo. El lado malo es que su decisión estará condicionada a su situación particular, y por tanto, no será válida para otras personas en otras situaciones. Una persona con necesidades no debería según esta premisa, tomar decisiones políticas. El lado bueno de la necesidad es que ésta, es un punto de conexión muy fiable con la realidad. Toda persona con necesidad sufre directamente las consecuencias de sus decisiones, o las decisiones de sus representantes. Por tanto, la relación entre los grados de libertad y los factores que crean necesidades a nuestros políticos, es un pilar básico del que depende todo el sistema.

El «mandato representativo» que la actual Constitución Española otorga a nuestros diputados, cumple la función según dice nuestra Carta Magna, de dotarles de «libertad de elección». Si esto fuera así sería estupendo. El problema es que esto no se cumple, ya que esta supuesta libertad de voto se ha convertido en «esclavitud de partido», al ser estos diputados elegidos por los respectivos jefes, teniendo con ellos una relación de sumisión descrita en los puntos anteriores.

Por tanto, dicha «necesidad» de agradar para permanecer en su puesto, es muy «efectiva» para seguir al pie de la letra las ordenes de su grupo político, pero quedando estas al margen de las necesidades reales de los ciudadanos, que no pintan nada en este asunto. Que los representantes han de tener una capacidad económica holgada para que sus decisiones no estén condicionadas por sus necesidades en este campo, es correcto, pero las necesidades y las consecuencias de sus decisiones políticas deberían estar sometidas a juicio de los ciudadanos a los que representa, no a los de sus jefes de partido.

Merkel, celebrando la supremacía germana
Mientras tanto Europa, no es más que una reunión de líderes políticos que pugnan por el poder que ellos mismos se han inventado. Pueden hacer lo que quieran con los Estados a los que representan, si estos les dejan. Merkel, si tiene que rendir cuentas a alguien no es a Europa, sino al Tribunal Constitucional de su país. No tiene la culpa de que los gobiernos del resto del continente modifiquen su constitución y acepten los acuerdos que les proponen. Lo que sí que tengo muy claro es que estos acuerdos que tomen, serán los que más les convengan a ellos. ¿De verdad esperaban otra cosa?

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