viernes, 17 de noviembre de 2006

La fragmentación ciudadana

Por si no fuera suficiente con la fragmentación social e ideológica que produce el sistema político partidista, en el cuál, un ciudadano se encuentra con que no puede poseer de forma libre de una ideología sin que se le encasille —o se sienta encasillado— dentro de alguno o varios, según el momento y el auditorio, de los partidos del escenario político coyuntural, ahora tenemos un nuevo «fragmento» que añadir.

Además de los «fumar es de derechas», «bajar impuestos es de izquierdas» o «¿superman es de derechas o de centro?»; maniqueísmos como republicano o franquista, rojo o facha, españolista o ... —a rellenar según autonomía—; y todo tipo de los mencionados encasillamientos en uno u otro partido político —que si lees este periódico eres de tal, o que si escuchas a fulano en la radio, entonces eres de pascual—, podremos añadir uno más: ser demócrata es ser de CIUTADANS. Y no lo digo como piropo.

Por lo visto, el éxito de este partido en Cataluña ha provocado múltiples afiliaciones en toda España —¿donde estaba tanto demócrata hasta ahora?—, y para proteger «el espíritu» de Ciutadans, este partido ha sugerido una serie de medidas. Y entre ellas se destaca la siguiente:
4. En ningún caso, nadie podrá utilizar en nombre de Ciudadanos ni el logo, ni las siglas, ni la filosofía de Ciutadans para hacer declaraciones en la prensa o para suplantar a Ciutadans - Partido de la Ciudadanía en cualquier evento público o privado. Ello incluye a las agrupaciones que estén a la espera de ser ratificadas por la dirección del partido.

¿Cuál es la realidad? Eramos pocos y parió la burra. Ahora resulta que, al igual que el resto de partidos en sus respectivas «casillas» ideológicas, este propone representar en exclusiva una filosofía que han usurpado, ya que no es de ellos, sino que forma parte del ideario de la humanidad y de la historia. El espíritu democrático ya no se podrá ejercer libremente sin que seas vinculado a este partido. Una asociación de ciudadanos que desee expresar libremente su reivindicación por un sistema democrático entrará en conflicto con esta medida.

De esta forma se observa, como lo que empezó siendo una plataforma cívica, comienza a experimentar paranoias al convertirse en partido político, lo que denota que si bien el éxito de esta iniciativa puede ser un buen síntoma, el sistema político en el que vivimos es tan nefasto, que provoca inmediatos síntomas patológicos de trastorno en quien lo practica.

Parece que nada puede existir fuera del sistema de partidos, el cuál es un reflejo burdo y discreto del continuo ideológico de la ciudadanía.