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miércoles, 1 de abril de 2026

Cuando las culturas fracasan

miércoles, 1 de abril de 2026

Cómo los sistemas culturales generan innovación, la capturan y acaban entrando en crisis por sus propias dinámicas internas.
Poder, cultura y el colapso de los sistemas

A lo largo del siglo XX, distintos pensadores han intentado explicar la transformación y el declive de las sociedades complejas. Algunos, como Oswald Spengler, describieron estos procesos como ciclos casi orgánicos de auge y decadencia. Otros, como Michel Foucault, analizaron cómo las estructuras de poder producen los marcos de verdad que sostienen esos sistemas. Sin embargo, ambos enfoques dejan una cuestión fundamental en segundo plano. No se trata simplemente de por qué las sociedades colapsan o se transforman, ni de cómo construyen sus relatos de legitimidad, sino de algo más profundo.

Los sistemas sociales que, en determinados momentos, logran generar estabilidad, crecimiento y complejidad, acaban reproduciendo patrones similares en su caída. Las mismas innovaciones que alumbraron nuevos periodos de progreso, se convierten en formas más sofisticadas de control y coacción. Según la visión de estos autores, parece haber cierta inevitabilidad en este proceso. Como si el auge y caída de los imperios o la dificultad de alcanzar una verdad definitiva fueran condiciones inevitables con las que se ha de convivir sin más.

Esto abre un margen de cuestionamiento distinto. Tal vez las causas que conducen a la crisis no aparecen al final del proceso, sino que están presentes desde el inicio, aunque quedan eclipsadas por el éxito inicial del sistema. La expansión y el crecimiento no eliminan esas tensiones, las contienen temporalmente. Desde esta perspectiva, el colapso puede entenderse como una dinámica interna que opera desde el principio de manera inadvertida, en lugar de errores de criterio o de inevitabilidades históricas.

Una forma de aproximarse a este proceso es observar los momentos en los que las sociedades han logrado generar entornos especialmente fértiles para la innovación. Aunque estos espacios se apoyan en avances previos y periodos de estabilidad, rara vez emergen desde los centros de poder. Surgen más bien en zonas periféricas, donde la cooperación, la educación, la estabilidad institucional y la inversión a largo plazo permiten la aparición de nuevas ideas. Son entornos que no nacen de forma espontánea del mercado ni de instituciones rígidas que operan sobre su propia legitimidad, sino de marcos políticos y colectivos que los hacen posibles.

A pesar de ello, la innovación que emerge en estos contextos tiende a ser progresivamente capturada por estructuras económicas y burocráticas que la organizan, la escalan y la explotan, reconfigurando en el proceso nuevas formas de centralidad de poder. Este proceso no es necesariamente negativo: permite el crecimiento y la expansión del sistema. Sin embargo, el problema aparece cuando esa dinámica de apropiación comienza a desplazar y, en ocasiones, a sofocar las condiciones que hicieron posible la innovación inicial. En ese punto, la capacidad de generar nuevas ideas tiende a estancarse dentro de la estructura dominante, reapareciendo con el tiempo en los márgenes donde el sistema aún no ha consolidado su control.

La importancia del marco político

Precisamente, una de las confusiones más extendidas en el discurso contemporáneo consiste en considerar el Estado como algo opuesto al mercado. Determinados enfoques tienden a atribuir al llamado «mercado libre» la capacidad de generar innovación de forma casi autónoma, mientras que el papel del Estado queda reducido al de un obstáculo o una interferencia. Sin embargo, aunque no son los políticos ni las estructuras burocráticas quienes generan directamente las nuevas ideas, esta visión ignora un hecho fundamental: los procesos de innovación sostenida dependen de un entramado político, institucional y social que no puede reducirse a la lógica de mercado y que, en gran medida, se sostiene sobre decisiones colectivas y marcos públicos.

La educación pública, la investigación financiada colectivamente, las infraestructuras, la estabilidad jurídica o la sanidad no son elementos accesorios, sino condiciones estructurales que permiten la generación de valor en sociedades complejas. Ejemplos paradigmáticos como el desarrollo tecnológico en Silicon Valley muestran que los ecosistemas más innovadores surgen precisamente allí donde existe una combinación de inversión pública, instituciones sólidas y entornos de cooperación. El capitalismo, en este sentido, no crea estas condiciones por sí mismo, sino que opera sobre ellas. Su capacidad de crecimiento depende de un marco previo que posibilita dinámicas de suma no cero —cooperación, conocimiento acumulado, creatividad—. Sin embargo, a medida que la lógica de acumulación gana autonomía, tiende a apropiarse de los resultados de ese proceso sin necesariamente reinvertir en sus condiciones de origen.

La llegada de las crisis

Cuando el sistema político pierde capacidad para sostener ese marco —ya sea por desregulación, captura institucional o debilitamiento de lo público—, las dinámicas de generación de valor se erosionan progresivamente. El sistema puede seguir funcionando durante un tiempo mediante la explotación de innovaciones pasadas, pero su capacidad de adaptación real disminuye. En este contexto, la innovación deja de ser transformadora y pasa a ser incremental o técnica: se optimiza lo existente, pero no se cuestionan sus fundamentos. Las organizaciones se vuelven más complejas y eficientes en apariencia, pero menos capaces de adaptarse a cambios estructurales.

Mientras tanto, los marcos de verdad que sostienen ese sistema continúan operando, aunque cada vez con mayor dificultad para explicar la realidad que han contribuido a generar. Las contradicciones no desaparecen, sino que se acumulan. La crisis no aparece entonces como un accidente, sino como el resultado de una pérdida de funcionalidad. El sistema ya no puede sostener las condiciones que lo legitimaban, pero tampoco ha permitido el desarrollo de alternativas suficientes.

En ese punto, la transformación se vuelve necesaria, no por destino ni por la imposibilidad de alcanzar una verdad definitiva, sino porque las tensiones internas alcanzan un nivel en el que ya no pueden gestionarse con los mecanismos existentes, obligando a una reconfiguración —en ocasiones traumática— para poder seguir funcionando. En realidad, el sistema nunca llegó a ser plenamente funcional, sino que durante su expansión fue capaz de contener y posponer los efectos de las incoherencias que lo atravesaban.

Transformación y desplazamiento

La innovación que finalmente permite esa transformación no surge como continuación natural del sistema, sino, en muchos casos, como aquello que había sido previamente marginado, ignorado o bloqueado. Lo que se presenta como un cambio repentino es, en realidad, la liberación tardía de posibilidades que el propio sistema había contenido. A menudo, estas innovaciones no son el resultado de una adaptación consciente del sistema, sino que emergen en sus márgenes cuando la crisis abre fisuras por las que asoman nuevas ideas. No obstante, estas acaban siendo reconocidas, apropiadas e integradas por la estructura dominante.

Desde esta perspectiva, la historia no es una sucesión de ciclos inevitables ni una simple lucha ideológica, sino un proceso en el que las estructuras de poder y los marcos de verdad que generan entran periódicamente en contradicción con su propia capacidad de sostenerse. El poder, en su configuración histórica concreta, tiende a priorizar su propia perpetuación. La funcionalidad social no constituye su finalidad, sino una condición que se activa cuando resulta necesaria para sostener el funcionamiento del sistema.

De este modo, el sistema puede operar durante largos periodos, aun cuando su propio funcionamiento erosiona progresivamente las condiciones que lo hacen posible, posponiendo sus efectos hasta que estos se vuelven inevitables. En este contexto, las excepciones individuales tienden a adquirir un valor simbólico desproporcionado. Las figuras que logran prosperar dentro del sistema se presentan como prueba de su validez —el individuo hecho a sí mismo—, ocultando las condiciones estructurales que facilitan o limitan su aparición. 

Así, el individuo como excepción se convierte en norma aparente, reforzando un marco que, en términos generales, continúa operando bajo las mismas incongruencias. Estas figuras no surgen de la nada, sino en contextos profundamente dependientes de dinámicas colectivas y condiciones previas que el propio sistema tiende a invisibilizar al individualizar sus resultados.

Y es en esa contradicción donde se abre, siempre tarde y nunca sin coste, la posibilidad del cambio.

Bibliografía de referencia

  • Foucault, Michel. (1975). Vigilar y castigar
  • Kuhn, Thomas S. (1962). La estructura de las revoluciones científicas.
  • Spengler, Oswald. (1918). La decadencia de Occidente. 
  • Žižek, Slavoj. (1989). El sublime objeto de la ideología.

domingo, 29 de enero de 2017

Contaminación por CO2

domingo, 29 de enero de 2017
El CO2 no es tóxico. Su único efecto "contaminante" es el de "invernadero" que también es necesario

Cuando la política se mezcla con otros ámbitos el resultado suele ser un combinado complicado. El nacionalismo lo hace con la Historia, el fundamentalismo con la religión y se podría decir que a pesar de lo que los neoliberales predican, hacen lo propio con la economía. Otro es el del cambio climático. El periodista científico John Horgan explica que hay en este ámbito algunas partes demostradas con hechos y otras que no son más que meras opiniones. En política se ha de asumir que todo son opiniones ya que, si hay hechos que demuestren algo no es necesario ningún debate sobre ello. Sí debido a algún interés político se ha de cambiar una situación para que le sea más favorable a algún grupo, aún a pesar de ir en contra de los hechos, hay que lograr que las opiniones tengan tanto o más peso que los hechos. ¿Cómo lograrlo? Bien, una manera puede ser la de aumentar la confusión. Ya lo dice el dicho: a río revuelto, ganancia de pescadores.

Uno de los factores que contribuyen al cambio climático es el llamado «contaminación por CO2». Cuando se habla de él es habitual acompañarlo de imágenes en las que amenazadoras chimeneas industriales expulsan sus sucios y negros gases a la atmósfera. O bien se representa una «temible» planta de energía nuclear expulsando enormes cantidades de humo al espacio. Claro, la relación es inevitable: si es contaminación tienen que ser algo sucio, tóxico o radiactivo. El problema es que el gas mencionado no posee ninguna de estas características ¿A qué se refieren con contaminación? Si se acude a la Wikipedia, la contaminación atmosférica se define como:
la presencia en el aire de materias o formas de energía que implican riesgo, daño o molestia grave para las personas y bienes de cualquier naturaleza, así como que puedan atacar a distintos materiales, reducir la visibilidad o producir olores desagradables
Parece bastante adecuado. Sin embargo, en la lista de productos que pueden ocasionar esta contaminación nos encontramos al mismo nivel el mencionado CO2 o dióxido de carbono, junto al CO o monóxido de carbono. Claro, es necesario saber que a pesar de tener como diferencia un «simple» átomo en la molécula de oxigeno, los efectos de estos dos gases son completamente distintos. Un conocimiento para el que no debería ser necesario ir al congreso química 2017 para encontrarlo y al que se debe tener acceso desde la educación básica. El monóxido de carbono es mortal para los seres vivos y el dióxido de carbono no sólo no es tóxico, sino que forma parte fundamental del ciclo de la vida en la Tierra. Es lo que se le añade al agua para formar refrescos ¿Es serio colocar uno junto al otro cuando se habla de contaminación? ¿no debería añadirse otra categoría de elementos potencialmente peligrosos en función por ejemplo, de su concentración, de su cantidad o de según el modelo teórico utilizado? Un intento de aclaración nos lo proporciona National Geographic con la siguiente cita:
El dióxido de carbono, un gas de efecto invernadero, es el contaminante que está causando en mayor medida el calentamiento de la Tierra. Si bien todos los seres vivos emiten dióxido de carbono al respirar, éste se considera por lo general contaminante cuando se asocia con coches, aviones, centrales eléctricas y otras actividades humanas que requieren el uso de combustibles fósiles como la gasolina y el gas natural. Durante los últimos 150 años, estas actividades han enviado a la atmósfera una cantidad de dióxido de carbono suficiente para aumentar los niveles de éste por encima de donde habían estado durante cientos de miles de años.
A pesar de que el dióxido de carbono no es en absoluto tóxico sino que todos los seres vivos lo producimos, se considera como contaminante sin embargo si es el resultado de ciertas actividades. En el caso de las centrales nucleares el gas expulsado no es más que vapor de agua, ya que a pesar de la tecnología empleada la generación de electricidad se produce de forma convencional. El factor diferenciador parece ser que si bien los seres vivos hemos estado sobre el planeta desde milenios —aunque el aumento exponencial de población también es causante de una mayor cantidad de CO2—, es la Revolución Industrial y las actividades que se han derivado de ella las que han incrementado de forma significativa la expulsión de dióxido de carbono —CO2— a la atmósfera, junto a otras sustancias tóxicas o mortales como el monóxido de carbono —CO—. Pero esos humos negros, sucios y desagradables no tienen ese aspecto por llevar CO2.

Es inevitable pensar que hay cierta intención de apelar al sentimiento —un sofisma patético— para no necesitar dar todas estas explicaciones. Una vez más, se infantiliza al ciudadano recurriendo a trucos visuales que realmente no arrojan ninguna luz sobre lo que ocurre verdaderamente. Paradójicamente, causa más preocupación un gas que no es tóxico que otros que sí son mucho más molestos o directamente mortales. Sin embargo, el poder visual de todas esas imágenes no proviene del mismo gas. En definitiva, una incongruencia que hace que se defiendan cosas opuestas a pesar de hablar de lo mismo. La rutina de todos los días, desgraciadamente, discusiones circulares que no llevan más que a mantener a la sociedad en eterno enfrentamiento, mientras los responsables continúan intocables. Una cosa es el cambio climático causado por el efecto invernadero y otra la contaminación atmosférica causada por la existencias de elementos tóxicos en el aire. Las dos son necesariamente evitables pero en un grado completamente distinto. Se trata de una cuestión de dosis. No es un problema nuevo, se trata tal vez del problema —o del reto, según como se quiera ver— que la humanidad todavía no ha aprendido a manejar desde que se convirtió en sedentaria: controlarse a si misma.


domingo, 11 de diciembre de 2016

Cambio climático: hechos contra opiniones (por John Horgan)

domingo, 11 de diciembre de 2016
Los datos muestran que hay un cambio climático en el que el ser humano tiene mucho que ver
Es un hecho, no una opinión, que el consumo humano de combustibles fósiles ha incrementado las temperaturas globales en el último siglo. Fuente: NASA

¿Qué hay realmente tras la polémica relacionada con el aumento de temperatura o calentamiento global, también conocido como «cambio climático»? ¿absolutamente todas las medidas políticas que se proponen tienen su correspondiente justificación científica? Para intentar contestar a esta pregunta tal vez lo mejor sea el siguiente texto, extraído, traducido y adaptado de un artículo de John Horgan para Scientific American. El texto intenta según el autor, diferenciar de la forma más clara posible entre hechos probados y opiniones subjetivas. Las conclusiones puede extraerlas el propio lector:

Cambio climático: hechos contra opiniones

Por John Horgan el 1 de octubre de 2015 para Scientific American
La próxima semana, voy a asistir a una reunión de académicos, periodistas, activistas y otras personas sobre la polarización política en la ciencia. Me la han pedido para dar inicio a una discusión de "lo que está establecido y lo que está en duda" en el debate sobre el cambio climático. En otras palabras,  ¿cuáles son los hechos y cuáles son las opiniones?

Este post es una vista previa de lo que planeo intentar decir en la reunión. Mi primer punto será que no hay nada decidido. Cada llamamiento sobre el cambio climático es impugnado por alguien —fanfarrones que trabajan para el presidente, por ejemplo. Así que la siguiente lista, sesgada hacia los temas que he escrito, representa mi opinión de lo que son hechos y opiniones. Los comentarios son bienvenidos.

Hechos sobre el cambio climático

HECHO: El dióxido de carbono, un subproducto de la combustión de combustibles fósiles, es un gas de efecto invernadero, que atrapa la radiación solar en la atmósfera. (Fuentes de mis primeros siete "hechos" incluyen la NASA y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático).

HECHO: El aumento del consumo humano de combustibles fósiles durante los últimos dos siglos ha aumentado los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera. El CO2 atmosférico ha superado recientemente las 400 partes por millón, el nivel más alto en los últimos 800.000 años.

HECHO: Como resultado del aumento de dióxido de carbono en la atmósfera, las temperaturas superficiales globales han aumentado alrededor de un grado centígrado desde 1880. Los 10 años más cálidos jamás registrados, con la excepción de 1998, se han producido desde el 2000. El 2014 fue el año más caluroso jamás registrado.

HECHO: El hielo del Ártico y los glaciares en todo el mundo se han reducido notablemente en las últimas décadas, aunque en 2014 "El hielo que rodea La Antártida alcanzó un nuevo máximo histórico", según la NASA.


HECHO: El nivel del mar ha aumentado 17.02 centímetros durante el siglo pasado como resultado del calentamiento global inducido por el ser humano. Este aumento del nivel del mar, que está acelerándose, hace que las tormentas costeras sean más destructivas.


HECHO: En extrapolaciones razonables a partir de las tendencias actuales sugieren que un consumo incontrolado de combustibles fósiles aumentará el riesgo de inundaciones costeras, sequías, tormentas, olas de calor, escasez de alimentos y agua, y otros efectos nocivos.


HECHO: Un consenso de los expertos científicos cree que el consumo de combustibles fósiles está impulsando el calentamiento global.


HECHO: Los expertos científicos pueden estar equivocados.


HECHO: Algunas críticas influyentes del consenso científico sobre el cambio climático han sido motivadas por ideologías pro-capitalistas y anti-socialistas.


HECHO: No todos los que dudan del consenso científico sobre el cambio climático están ideologizados o son idiotas.


HECHO: Algunos activistas de izquierda han utilizado el cambio climático para promover una agenda socialista.


HECHO: El consumo de combustibles fósiles que fue clave para la revolución industrial, en los últimos dos siglos ha incrementado los ingresos globales en un promedio de seis veces y ha disminuido la proporción de personas que viven en la pobreza extrema.


HECHO: Estados Unidos, históricamente, ha sido el mayor emisor de dióxido de carbono y por lo tanto tiene la mayor responsabilidad por el cambio climático.


HECHO: Los que están de acuerdo en que el cambio climático representa una amenaza significativa difieren sin embargo acerca de la propia gravedad de la misma, de como debe ser contrarrestada y de cómo debe ser discutida en público.


HECHO: La contaminación por el carbón provoca cientos de miles de muertes prematuras cada año.

Opiniones sobre el cambio climático

OPINIÓN: Si la humanidad no toma medidas drásticas para reducir el consumo de combustibles fósiles, la civilización puede colapsar.

OPINIÓN: El cambio climático podría hacer más probables los conflictos armados, como las guerras por el agua.

OPINIÓNEl calentamiento global ya está causando eventos "extremos" climatológicos, como los huracanes Katrina y Sandy y la actual sequía en California.


OPINIÓNLa energía nuclear es necesaria para contrarrestar el cambio climático.


OPINIÓN: El auge del gas natural, hecho posible gracias a los avances el fracking, ha implicado un equilibrio positivo en el medio ambiente, ya que se ha reducido la dependencia del carbón, un contaminante mucho más perjudicial.


OPINIÓNEl optimismo es un enfoque más constructivo que el pesimismo en la lucha contra el cambio climático y otras amenazas a la humanidad.

OPINIÓN: Los esfuerzos de 
Al Gore por contrarrestar el calentamiento global han sido perjudiciales, al causar una asociación en la mente de muchos estadounidenses entre esta postura con una perspectiva política liberal. (Algunos de mis colegas en el Instituto Stevens de Tecnología han expresado esta opinión).



Fuente: Scientific American
Traducido por Lino Moinelo


sábado, 4 de diciembre de 2010

Ciudadanos que ponen a un Estado en alarma y los agravios comparativos.

sábado, 4 de diciembre de 2010
image Es probable, que las reivindicaciones de los controladores aéreos sean injustificadas y exageradas. Es probable, que sean unos privilegiados y que su trabajo no merezca dichos beneficios. Pero, lo que me ha molestado siempre profundamente son los agravios comparativos.

domingo, 14 de junio de 2009

La Democracia según Federico

domingo, 14 de junio de 2009

Si Javier Marías nos mostraba la democracia como el «menos malo» de los sistemas y según el, teníamos que dar gracias de no tener dirigentes como G.W. Bush o Hugo Chávez, el controvertido comentarista radiofónico que presume de defensor, más bien de ultra-defensor de los valores liberales, nos deja una no menos sorprendente definición de lo que en otros tiempos era el auto-gobierno del pueblo.

El polémico comentarista radiofónico Federico Jiménez Losantos

el mecanismo de la democracia que existe para no llegar a la guerra civil, pa.. como mecanismo de cambiar de gobierno … luego las libertades las garantiza un régimen liberal, la separación de poderes etc., la libertad de todos los días, pero además, cada cierto tiempo conviene ver si cambiamos o seguimos con el gobierno, se vota, y así no hay que acudir como los visigodos al magnicidio, al regicidio, a cortarle el pescuezo al prójimo o a pedir ayuda al Islam, que luego va y se queda…

«…para no llegar a la guerra civil…» ¡¿?!… Es tan impresionante esta frase que creo que por eso se trabuca un poco. O si no esta otra: «…cada cierto tiempo conviene ver si cambiamos de gobierno…». Increíble. Es decir: que si esa separación de poderes que no se sabe muy bien a que separación se refiere, funciona tan bien, y el régimen de libertades es tan estupendo, ¿para que demonios se ha de llegar a una guerra civil? ¿tanta libertad hay «garantizada» que para arreglar las cosas habría que organizar una guerra civil? ¿en una democracia se ha de llegar a situaciones tan extremas como para tener que cambiar de gobierno, como única opción a una guerra civil? ¿la única forma de cambiar de gobierno es tener que esperar «cada cierto tiempo» y escoger las únicas alternativas que nos ofrece una casta política? ¿es esa la idea de libertad del Don Federico? ¿los cambios de gobierno son solo tras tirar la cuerda hasta casi romperla? ¿es la democracia un juego de sogatira para F.J. Losantos, en donde los políticos tan solo marcan la raya en el suelo?

El popular (sic) «Juego de la Soga»

Por otro lado, manda narices que haya que remontarse a los visigodos para hablar de sistemas de gobierno ¿tan poco hemos progresado? Encima, dando un dato falso: los visigodos elegían a sus reyes, no los mataban para cambiarlos, pero la carencia de un control del poder y de un marco legal adecuado, propiciaban las luchas internas llegando a eliminar a los contrarios. Es decir, un sistema electivo de gobierno (no se puede hablar de democracia ni en el caso de los visigodos, ni en el sistema partidocrático español), no es garantía de nada, ni un mecanismo para evitar guerras civiles.

Como diría el de «Alarma Social»: esto se nos va de las manos.

Audio original: