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domingo, 25 de enero de 2026

Dopamina y promesas no cumplidas

domingo, 25 de enero de 2026

Serie desajuste afectivo II

Sobre cómo la expectativa emocional, la dopamina y la asimetría relacional generan FOMO afectivo en el contexto social y tecnológico actual.

Vivimos en un entorno afectivamente más libre que nunca y, sin embargo, la frustración persiste. No nace del rechazo, sino de la expectativa prolongada de algo que parecía inminente.

El lenguaje invisible de la interacción

Al igual que muchas otras especies, los seres humanos poseemos un lenguaje no verbal que manifestamos de manera constante en la interacción social. En ocasiones es consciente, pero con mayor frecuencia funciona como una expresión espontánea de estados internos, anhelos o patrones de conducta que emergen de forma automática en el curso de una relación humana.

En cualquier reunión o encuentro, ese lenguaje no verbal adquiere una importancia decisiva. Aunque suele asociarse al ámbito político o a la comunicación estratégica, en las relaciones humanas —y especialmente en las de carácter romántico o afectivo— su papel es central, ya que activa de forma inconsciente una serie de respuestas neurológicas que influyen directamente en la percepción del entorno y del otro.

Cuando se produce el encuentro entre dos personas, el intercambio de miradas, gestos y expectativas implícitas configura el estado emocional de sus protagonistas. Sin embargo, los efectos que se generan no siempre coinciden con las intenciones. Estos patrones de conducta se formaron en un entorno muy distinto del actual, y hoy no solo operan fuera de su contexto original, sino que además son amplificados por la tecnología y por estereotipos culturales que introducen ruido y disfunción emocional.

Promesas sin desenlace

Hay una forma de malestar contemporáneo que rara vez se reconoce como tal, porque no nace del rechazo explícito ni del fracaso visible. Surge, más bien, de la anticipación prolongada: de la sensación persistente de que algo podría ocurrir, de que una posibilidad valiosa está ahí —cerca, sugerida, insinuada— pero nunca termina de concretarse.

Este estado tiene un nombre popular: FOMO (fear of missing out, o «temor a perderse algo»). La versión que se propone en este artículo se distingue del FOMO «clásico» —basado en la comparación continua entre alternativas visibles— en que nace de la expectativa de un desenlace que parecía inminente, pero que nunca llega a producirse.

Cuando esta dinámica se traslada al terreno de las relaciones afectivas, sus consecuencias adquieren un peso mayor. No se trata solo del miedo a perderse un evento o una experiencia social, sino del temor a dejar pasar una oportunidad relacional que el propio organismo —a través de procesos biológicos previos al razonamiento consciente— ya ha empezado a vivir como real. En ausencia de desenlace, esa falta no se percibe como una simple posibilidad no concretada, sino como la pérdida de algo que, en sentido estricto, nunca llegó a existir

La dopamina no premia el encuentro, sino la promesa 

Desde el punto de vista neurobiológico, la dopamina no es la hormona del placer, sino de la anticipación. Se activa ante señales que sugieren una posible recompensa futura: atención, interés, validación, promesas implícitas. No necesita hechos; le basta con indicios.

En una interacción social —una conversación sugerente, un coqueteo ligero, una referencia velada a planes, a intimidad, a futuros posibles— el sistema dopaminérgico entra en funcionamiento mucho antes de que exista ningún compromiso real. El efecto es conocido: la mente empieza a proyectar escenarios, a sobreestimar probabilidades, a sentir como casi segura una posibilidad que objetivamente sigue siendo incierta.

Aquí aparece el primer vínculo con el FOMO: cuanto más intensa es la anticipación, mayor es la sensación de que no actuar —o retirarse— equivale a perder algo valioso.

Estímulos intensificados, juicio debilitado 

El entorno contemporáneo amplifica este mecanismo. La preparación estética, la escenografía social, la gestión cuidadosa del contexto y el dominio de la conversación no son solo herramientas expresivas: funcionan como amplificadores emocionales. En muchos casos, estas prácticas se concentran en quien ocupa la posición de foco de atención, reforzando la intensidad de la señal emitida.

En este intercambio, los roles no suelen estar repartidos de forma simétrica. En términos generales, la producción activa y sostenida de señales recae con mayor frecuencia en las mujeres, mientras que muchos hombres se sitúan en una posición más reactiva, interpretando esas señales desde la expectativa y la anticipación.

La desviación entre expectativa percibida y posibilidad real genera frustración acumulada

En los entornos digitales, esta amplificación se extrema: aunque no haya presencia física, el intercambio constante de estímulos activa los mismos circuitos emocionales. Cuanto más pulida es la señal, más difícil resulta evaluarla con frialdad. La expectativa crece más rápido que la información real disponible.

Cuando el desenlace no llega —cuando la interacción se diluye, se aplaza o se desvanece— la frustración no se vive como un simple «no ha pasado nada», sino como la pérdida de algo que ya se sentía parcialmente ganado.

El FOMO, en este punto, no nace de la comparación social, sino de la escalada interna de la expectativa.

Cuando la razón no domina a la emoción

Muchas personas reconocen este estado con una formulación recurrente: «sé racionalmente que esto no garantiza nada, pero emocionalmente me arrastra». No se trata de ingenuidad ni de falta de criterio, sino de una disociación funcional entre dos niveles que no operan al mismo ritmo.

La mente evalúa la situación como ambigua, incompleta, abierta. El sistema emocional, en cambio, ya ha reaccionado. No espera confirmaciones ni desenlaces: responde a la activación previa como si la posibilidad tuviera un peso real. El resultado no es una creencia falsa, sino una tensión sostenida entre lo que se sabe y lo que se siente.

En este punto, retirarse no se vive como una decisión neutral, sino como un gesto costoso. No porque se renuncie a algo concreto, sino porque se interrumpe un proceso interno que ya estaba en marcha. La emoción no reclama coherencia lógica, sino continuidad. Y esa continuidad, aunque no esté respaldada por hechos, ejerce una fuerza difícil de ignorar.

El FOMO, aquí, no surge de la comparación con otros ni del miedo a quedar fuera, sino de la dificultad de desactivar una respuesta emocional que ha adquirido autonomía respecto al juicio racional.

Misma señal, diferente interpretación

Este fenómeno no se distribuye de forma simétrica. En términos generales, muchos hombres tienden a cerrar escenarios con rapidez cuando reciben señales intensas: interpretan la activación emocional como indicio de oportunidad concreta, especialmente en contextos donde la señal aparece como escasa o valiosa.

Muchas mujeres, en cambio, suelen ocupar con mayor frecuencia la posición de gestión de la interacción: pueden sostener la ambigüedad prolongada, disfrutar del intercambio, de la validación o del juego simbólico sin necesidad de traducirlo inmediatamente en desenlace. La señal no se vive como promesa, sino como espacio abierto. 

Este patrón no surge de forma arbitraria. Diversas hipótesis —evolutivas, culturales y sociales— apuntan a que, históricamente, el coste de un emparejamiento precipitado ha sido inmensamente mayor para la mujer que para el varón —riesgo de embarazo sin un marco de sostén material y social adecuado—, lo que habría favorecido conductas orientadas a testear y asegurar el vínculo antes que a apresurar el desenlace.

El resultado no es un conflicto de intenciones, sino un desajuste perceptivo. Lo que para una parte —el varón— se experimenta como una posibilidad crítica que conviene no perder, para la otra puede ser una interacción exploratoria, reversible o incluso ligera. No hay urgencia por el cierre porque el patrón de respuesta responde a un marco emocional concreto —que ha de establecerse previamente—, y no a un compromiso implícito que ambas partes estén evaluando del mismo modo.

La desadaptación aparece cuando ese marco se evalúa con criterios simbólicos —económicos, de estatus o de proyección futura—: quien interpreta la señal como inversión espera retorno; quien la emite como interacción no asume ese coste. En términos de economía, este desajuste puede describirse como un proceso inflacionario: el valor percibido de la señal crece más rápido que su capacidad real de materializarse, de modo que la misma inversión emocional produce rendimientos cada vez menores.

El FOMO aparece, sobre todo, en quien percibe escasez donde el otro percibe abundancia o reversibilidad.

Intención no es efecto 

Conviene subrayar algo importante: en la mayoría de los casos no hay manipulación consciente. La intención suele ser socializar, explorar, sentirse visto, disfrutar del intercambio. El problema no está en la intención, sino en el efecto previsible que ciertas señales producen en personas especialmente sensibles a la anticipación.

Hablar de responsabilidad aquí no implica culpa moral, sino conciencia sistémica: entender que, en un entorno saturado de señales ambiguas, el FOMO no es una debilidad individual, sino una respuesta adaptativa a estímulos diseñados —cultural y tecnológicamente— para mantener la expectativa activa.

Expectativa como recurso

En el entorno contemporáneo, la expectativa no es solo una experiencia interna: es también un recurso social. Generar atención, interés o proyección futura produce beneficios simbólicos inmediatos —validación, centralidad, deseabilidad— sin exigir compromiso ni desenlace.

Los entornos económicos, políticos y tecnológicos actuales refuerzan este patrón: mantener abiertas varias posibilidades no penaliza, mientras que cerrarlas demasiado pronto puede percibirse como una pérdida de opciones. Prolongar la ambigüedad no es, en la mayoría de los casos, una estrategia consciente, sino una conducta funcionalmente reforzada por el sistema en el que se produce.

El problema surge cuando esta lógica interactúa con sistemas emocionales que interpretan la señal como promesa. Para quien invierte dopamina esperando cierre, la expectativa tiene coste. Para quien la mantiene abierta, el coste es mínimo o inexistente. 

En la práctica, esta asimetría tiende a alinearse con los roles de género predominantes: quienes concentran atención y emiten señales —con mayor frecuencia mujeres— obtienen beneficios simbólicos de la expectativa sostenida, mientras que quienes interpretan esas señales como promesa y buscan cierre —con mayor frecuencia hombres— asumen el desgaste emocional del no-cierre.

Selección sin intención

El entorno tecnológico y económico actual no crea estos patrones, pero actúa como un mecanismo de selección. De todo el abanico de disposiciones afectivas y conductuales posibles, favorece aquellas que generan atención sostenida, ambigüedad prolongada y activación sin cierre. La fricción que antes limitaba estas dinámicas —costes sociales, reputacionales o temporales— se ha reducido drásticamente, mientras que las conductas orientadas al compromiso, al cierre o a la exclusividad han pasado a requerir un esfuerzo adicional. El resultado no es un cambio en la naturaleza humana, sino una amplificación sistemática de ciertos sesgos preexistentes, que adquieren así un peso cultural y normativo desproporcionado. No porque sean mayoritarios, sino porque son funcionales al sistema que los amplifica.

Asimetría, no malentendido 

Nuestros cerebros evolucionaron en entornos donde las señales sociales relevantes eran escasas, claras y costosas de emitir. El contexto actual ofrece justo lo contrario: abundancia de señales, bajo coste y escaso compromiso.

El FOMO afectivo surge ahí: como una respuesta exagerada —pero comprensible— a un entorno que estimula sin resolver. No señala un fallo personal, sino un desajuste entre biología, cultura y tecnología, que afecta de diferente manera a cada sexo. En el corto plazo, este desajuste tiende a generar mayor carga emocional y frustración en quienes interpretan la señal como promesa y buscan cierre —con mayor frecuencia hombres.

A largo plazo, sin embargo, el coste se generaliza: la normalización de la expectativa sin desenlace debilita la confianza relacional y penaliza la formación de vínculos estables y seguros, afectando a todas las partes implicadas.

Y quizá por eso se ha vuelto tan común: no porque deseemos demasiado, sino porque aprendimos a anticipar en un mundo que rara vez ofrece lo que promete.

domingo, 18 de enero de 2026

Atajos emocionales hacia ningún lugar

domingo, 18 de enero de 2026

Serie desajuste afectivo I

Hace poco viví una situación tan banal como reveladora. Algunas veces, cuando la profesora de tai-chi no puede venir, nos permiten asistir a una clase de yoga a modo de sustitución. Al terminar la sesión en una de esas ocasiones, pensé en pedirle a la instructora su perfil de Instagram, del cuál ya había hablado con anterioridad. La intención era muy simple, al menos para mí: pedirle a alguien que se dedica a impartir una actividad cara al público, su perfil en redes sociales vinculado a esa misma actividad.

La respuesta llegó, correcta y profesional. Sin embargo, el efecto generado en el entorno social inmediato fue sutilmente distinto de lo esperado. No hubo ningún conflicto explícito, pero sí una reacción perceptible en las personas de alrededor —chicas en su mayoría— que se miraron entre ellas e intercambiaron alguna sonrisa que no pude evitar percibir como de complicidad ambigua.

Como consecuencia, sentí una vergüenza inesperada, como si hubiera cometido algún tipo de torpeza. No por hablar con alguien, no por compartir un espacio real, sino por haber activado una lógica distinta: la de la conexión virtual como sustituto —o, al menos, como sospechoso simulacro— del vínculo humano directo. No hubo frustración personal, pero sí la sensación de haber cruzado sin querer a un terreno simbólico distinto.

Cuando el vinculo ancestral se convierte en virtual

La anécdota no es lo que importa, sino lo que subyace a ella. Revela que cada vez con más frecuencia, los vínculos digitales no funcionan como un complemento del contacto humano, sino como su sustituto. No amplían la experiencia: la simulan. 

El atajo emocional

El problema no es tecnológico, sino la manera en cómo afecta a la experiencia humana. Nuestro cerebro responde a señales de expectativa —miradas, promesas implícitas, validación— de una forma muy similar a como lo haría ante su cumplimiento real. La anticipación genera ya una recompensa emocional parcial, aunque el desenlace nunca llegue. El efecto es sutil, pero profundo. Muchas personas experimentan frustración, cansancio o desorientación relacional sin poder identificar su origen. No sienten que estén «haciendo algo mal», pero tampoco entienden por qué el contacto no progresa, por qué el interés no se traduce en encuentro, o por qué la estimulación constante no desemboca en vínculo alguno.

Así, se abre un atajo emocional: una vía rápida de estimulación que evita el riesgo, la exposición y la incertidumbre del contacto físico, pero que tampoco ofrece su resolución. La consecuencia no es satisfacción, sino una acumulación de expectativas sin cierre. No se avanza hacia un encuentro: se encadenan promesas. Como en el «scrolling», lo que se consume no es el contenido, sino la expectativa del siguiente.

Biología fuera de su entorno original

Sin embargo, este desplazamiento no afecta por igual a hombres y mujeres. No por razones morales ni culturales, sino por la forma en que nuestros patrones biológicos han sido históricamente moldeados. En términos evolutivos, el sistema motivacional masculino está orientado en líneas generales, a la detección de oportunidades: explorar, intentar, insistir. En un entorno físico real, ese impulso se regulaba por señales claras, por límites visibles y por consecuencias inmediatas. Pero el entorno digital rompe ese equilibrio. La hiperestimulación visual y simbólica multiplica las señales de disponibilidad sin ofrecer mecanismos equivalentes de cierre. El resultado es una falsa percepción de abundancia: la sensación de que hay opciones por todas partes, cuando en realidad lo que hay son representaciones.

La complicación surge porque nuestro cerebro no está diseñado para distinguir entre una señal social abstracta y una posibilidad real de encuentro. Responde a patrones —rostros, atención, validación, promesas implícitas—, no a contextos. Por eso, la exposición constante a perfiles, imágenes y microinteracciones genera una expectativa emocional que se vive como real, aunque nunca llegue a materializarse. La anticipación produce la activación temprana de los circuitos de recompensa, de forma similar a lo que ocurre en el juego o en las apuestas: la promesa del premio produce una emoción comparable a su obtención. Cuando el desenlace no llega —y casi nunca llega—, no se produce aprendizaje correctivo, sino frustración acumulada. 

Expectativa como norma

En el otro extremo —el femenino—, la retirada temprana —no responder, no concretar, no avanzar— no genera el mismo conflicto interno. Evolutiva e históricamente, evitar el cierre ha sido una estrategia adaptativa eficaz para reducir riesgos. El entorno digital amplifica esta posibilidad hasta convertirla en patrón dominante y norma social implícita.

Un patrón de desajuste

Conviene matizar que este patrón no describe todas las experiencias posibles. Sin embargo, aunque existen excepciones —encuentros satisfactorios, relaciones estables e incluso trayectorias de alta rotación sexual vividas sin conflicto— no son el resultado típico del sistema, sino desviaciones exitosas dentro de él —probablemente, no gracias a él, sino a pesar de él. Una masa critica de individuos acaba experimentando encuentros sin resultado pudiendo quedar atrapado en la expectativa, como consecuencia de un sistema diseñado para captar la atención y la interacción, con el vínculo romántico como excusa.

El problema no es que alguien evite. El problema es que el sistema, tal como está configurado, produce de forma sistemática expectativa sin desenlace en uno de los lados del vínculo. Lo que tiene consecuencias sociales.

sábado, 7 de febrero de 2015

Volviendo a la «normalidad»

sábado, 7 de febrero de 2015

Los cambios en el blog que se anunciaron hace unos días se han anulado, y se ha restablecido la situación de siempre. Excepto por supuesto, en el cambio de plantilla a otra más moderna y limpia.

Los cambios recientes que se han vuelto atrás, consistieron en modificar la URL del blog para que fuera acorde con la del nombre, el cuál se cambió en el 2012. Aquel cambio de nombre tuvo una repercusión en el posicionamiento en los buscadores —Google, claro— negativa, cosa que he descubierto recientemente gracias a la herramienta Panguin Tool.

La idea era volver al nombre anterior en este blog, y reenviarlo a la nueva dirección, para continuar allí, recuperando al mismo tiempo el posicionamiento en los buscadores. Teóricamente, si la redirección  301 es correcta, la autoridad —una manera de establecer la importancia de una dirección web— pasa a la dirección redireccionada. La institución principal que se encarga de establecer esta medición de la autoridad de un sitio es MOZ Open Site Explorer.

Pues resulta que no hay forma de mantener todos esos parámetros de un blog de Blogger o otro. —parece que si se puede hacer de Blogger a Wordpress—. Las redirecciones 301 sólo son posibles dentro del propio blog, —de una entrada a otra— en la página de configuración. O como mucho, de un blog a un dominio propio. Cosa que de momento, no contemplo.

Así que de retomamos la marcha habitual.

viernes, 28 de noviembre de 2014

El cambio de modelo educativo

viernes, 28 de noviembre de 2014
Si Internet está suponiendo un cambio de paradigma a nivel social y económico, una situación similar puede estar ocurriendo en el ámbito de la educación. En concreto, en la auto-educación. Como se vio en un artículo anterior, el conocido escritor y divulgador científico Isaac Asimov —entusiasta defensor de la autoeducación— predijo un tiempo en el que todo el saber humano estaría al alcance de la mayoría de la población.

Si bien quedan muchas zonas en el planeta subdesarrolladas, hay iniciativas para dotar de acceso a Internet a estas zonas y de está manera, a las fuentes de información —posibilitando su uso educativo, y por supuesto, el comercial—. La cuestión es que por primera vez en la Historia existe la tecnología para que la gente tenga a su disposición todo el saber acumulado de la Humanidad, cuando quiera y donde quiera.

Un ejemplo del valor de la autoeducación y del acceso a la misma, es Steve Jobs. Si bien puede que su valía como persona no fuera del todo ejemplar en otros aspectos, el relato que forma su caso particular tiene un valor que está por encima de su protagonista. Jobs no acabó sus estudios universitarios, sin embargo, aprovechó el tiempo de una manera distinta a la que el canon oficial marcaba. Se las arregló para poder asistir a las asignaturas que más le interesaban, aunque el conjunto de ellas no le valieran para título alguno. Todas aquellas materias las usó posteriormente en su vida laboral, con el resultado que conocemos. Si bien tuvo que asistir a las clases presenciales, el concepto de diseñar tu mismo tu carrera académica, es hoy en día más viable gracias a las nuevas tecnologías.

La tendencia a dar cada vez más importancia a la enseñanza «en-línea» es clara. La oferta es de cursos con obtención de titulación oficial —de carácter formal—, como de otros temas de carácter complementario, pero no menos importantes. En ambos casos se pueden encontrar cursos gratuitos como de pago. El objetivo es, antes que el de obtener un título impreso en un papel para colgarlo en tu habitación, sencillamente el de aprender.

Esta nueva oferta recibe el nombre de MOOCs (Massive Online Open Courses), y lo están ofertando las principales universidades de todo el mundo. El patrón que se sigue continua basándose en el clásico de profesor-alumno, si bien con todas las ventajas de la no-localización. Aunque fue el MIT en el 2001 el pionero en aplicar las nuevas tecnologías a la enseñanza, el acontecimiento que marcó un antes y después fue un curso sobre inteligencia artificial preparado por el profesor de la Stanford University, Sebastian Thrun, que superó los 160.000 alumnos matriculados. Tras el éxito de esta iniciativa, un colectivo de profesores fundo Coursera.

En España hay una cierta tradición consolidada con los cursos a distancia: Además de CEAC, en el ámbito universitario todo el mundo conoce a la UNED (Universidad a distancia), si bien estos centros utilizaban medios tradicionales —correo— hasta la aparición de Internet. La UOC es una de las primeras universidades en España en la que se podía obtener un título, de forma completamente «en-línea». En general, la mayoría de universidades tiene una oferta de cursos a distancia.

La necesidad de un título oficial es un requisito ineludible para muchas ofertas de trabajo. Sin embargo, en ninguna parte impiden que completes la formación con lo que encuentres más interesante, bien por inquietud personal, o por que analizas que es lo más adecuado para un sector profesional determinado.

En cualquier caso, hay un problema a tener en cuenta: que en España tenemos una cultura de méritos deficiente, y un entorno político que influye negativamente en el laboral, de manera que las iniciativas y el desarrollo provienen en su mayoría de fuera de nuestras fronteras.

Pero sobre todo, siguiendo la tendencia actual, cada vez es más importante en la educación lo que decida cada uno sobre su futuro.

Enlaces

    jueves, 24 de julio de 2014

    Arqueología informativa

    jueves, 24 de julio de 2014

    «El millonario terrorista islámico Ben Laden amenaza con nuevos atentados contra objetivos norteamericanos» (año 1998)




    • Texto de la noticia: «El millonario terrorista islámico Ben Laden amenaza con nuevos atentados contra objetivos norteamericanos»
    • Medio: periódico «Las Provincias»
    • Fecha: Jueves, 20 de agosto de 1998
    • Lugar de la foto: en la vía pública de un pueblo de la Comunidad Valenciana    

    viernes, 20 de junio de 2014

    El mundo postmoderno

    viernes, 20 de junio de 2014
    La posmodernidad viene definiendo los parámetros de la cultura popular desde que surgiera a principios de los 70. ¿Cuales fueron sus orígenes? ¿qué factores coincidieron para crearse esa corriente cultural? ¿es realista esa desconfianza el en género humano y su pesimismo del futuro? Aunque puede que no sea una respuesta definitiva a estas intrigantes cuestiones, el siguiente fragmento nos acerca bastante a una explicación de la situación a la que tarde o temprano, nos tendremos que enfrentar como especie:

    Hasta hace unos decenios, hasta que estuvo en la mano del hombre la posibilidad de destruir la vida entera del planeta, los argumentos anti-progresistas (por lo que al aspecto científico y técnico del progreso se refiere) carecían de fundamento serio y parecían no más que los usuales presagios agoreros que han acompañado siempre al progreso de la humanidad, como los aullidos de los canes que flanquean, sin detenerlas, a las caravanas. Hasta hace poco, insistimos, la dimensión moral y artística del progreso podía, sí, ponerse en tela de juicio, puesto que en ese terreno los ciclos de esplendor y decadencia, de puritanismo e inmoralidad, parecen sucederse alternativamente, sin presentar una continuidad progresiva. En cambio, la índole acumulativa y progresiva del lado científico y técnico parecía indiscutible. Sin embargo, justo en el momento de su máximo progreso ocurre que esta cultura científica, aparentemente todopoderosa continua siendo manejada por un ser humano moralmente frágil, sujeto a regresiones y anomalías afectivas que lo pueden poner en el trance de hacer un uso irracional de la fuerza aniquiladora que su «neocortex» es capaz de desatar. Ahora bien, si esto ocurre, se provocaría el colapso de toda la civilización y, con él, la regresión inexorable de los supervivientes a niveles mentales tan rudimentarios como los de los primitivos.
    José Luis Pinillos, La Mente Humana (1969), pág. 42.

    Descubierto por casualidad en un antiguo ejemplar de la mítica colección RTVE, comprado hace poco en un local de libro antiguo. En el se explica, entre otras cosas, cómo el ser humano se encuentra en una encrucijada en la que su mente instintiva o animal, evoluciona a un ritmo distinto de su parte racional. Esta última, le hace capaz de las más increíbles proezas excepto la más primordial de ellas: controlar o dominar a su parte irracional.

    Publicado originalmente en el blog Al Final de la Eternidad el 19 de junio de 2014

    martes, 17 de junio de 2014

    La educación necesaria

    martes, 17 de junio de 2014
    La autoeducación es, creo firmemente, el único tipo de educación que existe.
    Isaac Asimov

    Imagen: Flickr
     ¿Está la educación diseñada para ayudarnos, o realmente de lo que se trata es formar a carne de cañón para el mundo laboral? ¿qué función cumple la universidad en este ámbito? En la oferta laboral de un país cuya economía consiste en servicios y turismo, los puestos que venían siendo desempeñados por técnicos provenientes de la Formación Profesional, son ahora ocupados en muchas ocasiones por universitarios que han pasado años hacinados en las universidades de la época de la burbuja, estudiando unas carreras que ahora no pueden aprovechar como pensaban. Esto hace preguntarse a mucha gente si realmente no será más práctico hacer un curso a distancia como por ejemplo los de la conocida CEAC.

    Isaac Asimov, conocido divulgador científico y escritor de ciencia-ficción, autor de la frase que encabeza el artículo, opinaba que la educación tradicional tenía un excesivo carácter impuesto: todo el mundo ha de aprender lo mismo, en el mismo lugar y al mismo ritmo, sin tener en cuenta los gustos, las necesidades y las capacidades de cada alumno. Asimov venía a decir que por encima de un mínimo necesario para asegurar una base educativa común, debería existir un punto en donde fueran las circunstancias de cada persona las que decidieran la línea futura, sin estar constreñidos por los actuales rígidos patrones educativos.


    El educador y escritor Sir Ken Robinson, opinaba unos años después de forma similar. Para él, la educación sigue unos patrones obsoletos, originados en la época de la Revolución Industrial y orientados a formar a la gente en las áreas más técnicas, dejando la parte más creativa y artística en segundo lugar. Robinson critica que actualmente en las escuelas se forma a los alumnos para desenvolverse en entornos ordenados y predecibles, donde las matemáticas ocupan un papel primordial. Sin embargo, es cuando ocurre lo inesperado y los planes se vienen abajo —como en la crisis actual—, cuando hay que usar esa parte creativa e imaginativa actualmente menospreciada, para salir del atolladero.


    El todo caso, cualquiera de los que hemos recibido educación pública en los últimos 40 años podemos coincidir en que ésta no se corresponde adecuadamente con lo que posteriormente, en el mundo adulto y laboral, nos encontramos. Durante la Transición, con el advenimiento de las nuevas fuerzas políticas, se transmitió un optimismo que esas mismas fuerzas políticas destrozaron con su mal ejemplo. En el ambiente laboral, el caciquismo, el peloteo, la sumisión y el nepotismo, conceptos que no entraban en ninguna asignatura, son sin embargo una norma excesivamente necesaria para desenvolverse.

    Nos vendieron un mundo en el que la lógica, la educación y el respeto entre iguales debía ser la norma. Pero la diferencia con el mundo que uno se encuentra cuando acaba la formación académica es de tal calibre, que difícilmente se puede evitar pensar que de lo que se trataba —y probablemente se trate— en el fondo, es crear a marionetas al servicio de unos intereses que poco tienen que ver con nuestro desarrollo personal.

    Ahora bien, lo queramos o no, ese es el mundo que nos ha tocado vivir. Lamentarnos no sirve de nada, y es necesario conocer cómo funciona y cuales son esas normas reales que nadie nos ha contado, para encaminar nuestra vida lo más cerca posible de nuestros objetivos y nuestros sueños.

    Los títulos oficiales en España tienen el mismo valor que algunos artículos de la Constitución Española de 1978. Aquellos que defienden la igualdad de los ciudadanos, por ejemplo. Ambos casos son igualmente oficiales y defendidos por el Estado, pero los problemas que estas afirmaciones adolecen en su realización práctica, responden a una laxitud legal y formal que se arrastra desde sus orígenes, a la que las instituciones oficiales y empresas se acogen para lo que les interesa. Como consecuencia, los títulos apenas tienen mayor valor que para establecer filtros en convocatorias, normalmente de puestos por debajo de la capacitación teórica de lo que se exige.

    En definitiva, dentro de los engranajes del funcionamiento de la sociedad, los títulos son necesarios y hasta cierto punto convenientes. Pero se ha de tener muy en cuenta que por ellos mismos, no te aseguran absolutamente nada. Es en tu día a día laboral, donde vas a forjar tu futuro, y donde te van a ser necesarias todas las aptitudes posibles. Estas las habrás obtenido probablemente durante tu vida académica, pero con toda seguridad que te serán necesarias muchas otras —seguramente, inconexas con tu formación anterior— si no deseas verte arrollado por la realidad.

    sábado, 4 de enero de 2014

    Los reyes buenos

    sábado, 4 de enero de 2014
    Un falso Baltasar lanzando regalos (Cagalgata de Triana)
    Reyes Magos lanzando regalos. (Fuente)
    ¿Es completamente inocua la conocida tradición de los Reyes Magos? Pocos se preguntan sobre su efecto y por qué en otros países hay otras tradiciones. Para empezar, parece ser que originalmente no eran reyes, sino simplemente «magos». Sin entrar en excesivos detalles sobre la historia de esta tradición, parece significativo que en algún momento de ella se convirtieran en reyes.

    Las monarquías cumplieron un papel fundamental en la Europa desparramada tras la caída del Imperio Romano. La desaparición del orden existente a consecuencia de la ausencia del estado romano antiguo, requería ser sustituida por otro orden político que emulara al cómo fue de magnífico el anterior ya perdido. Los reyes que surgieron no eran reyes como los que conocemos ahora, ni reyes como los de las tribus primitivas. Eran unos que llegaban a su puesto si lograban imponerse al resto militarmente sobre el campo de batalla, con soldados sufragados muchas veces por ellos mismos. Eran reyes bienvenidos —generalmente— por el pueblo, por cuanto mantenían el orden perdido —aunque los frieran luego a impuestos—. Y no llegaban a sus puestos ni por descendencia ni por enchufe. Al menos, no los primeros de ellos, claro.

    Puede que por esta imagen positiva de aquella época, se les llegara a asociar con los apacibles señores ancianos —vestidos anacrónicamente con ropajes medievales— que conocemos, que llevan regalos a un niño recién nacido.

    Todo esto está muy bien, sin embargo, a la tradición original se les han añadido otras costumbres que resultan preocupantes. En algunos países —hispanohablantes mayormente— existe la tradición de la «cabalgata», en la que dichos «reyes» desfilan junto a sus pajes por las calles de la ciudad, repartiendo regalos desde sus lujosas carrozas.

    Los regalos no son otra cosa que poco más que chucherías y juguetes de «todo a cien», pero no es lo que dan, sino el acto simbólico de hacerlo. El acto es en si mismo un «espectáculo» de subordinación y de fomento de la disputa por lograr el beneficio fácil e inmediato, concedido por unas dudosas autoridades. El fomento de esperar a verlas caer, sin hacer nada más. Me preocupa enormemente como enseñanza por cuanto está dirigido precisamente a los más pequeños.

    Si a esto se le añade las actitudes de ciertas personas —no menores de edad precisamente— resulta patético, pero sobre todo terrible por el lamentable ejemplo que se está dando.

    Normalmente, los adultos que participan en estas cabalgatas no tienen necesidades, y están allí únicamente por acompañar a sus hijos o nietos. Si actúan así es por la cultura del caciquismo servil en la que deben haber sido educados, encontrando normal que ciertos individuos, imbuidos de una ambigua y «mágica» autoridad, se rodeen de palmeros que se contentan con la miseria de los restos que les echan, empujándose y golpeándose unos a otros, en lugar de actuar en cooperación para poner las cosas claras al «rey».

    Cuando uno lleva viendo estas celebraciones durante años acaba por ignorarlo. Piensa que el problema es de esa gente en concreto, y no del propio acto. Sin embargo, hace un par de años todo esto cambió.

    Una mujer de raza negra, seguramente extranjera, bien vestida —no aparentaba necesitar ir pidiendo para subsistir— y sin hijos que la acompañaran, se encontraba en medio de la multitud esperando con anhelo coger algo de lo que lanzaran al suelo desde aquella «carroza».

    La impresión y la percepción de lo que estaba ocurriendo fue del tal tipo que me «congelé» de inmediato. Tal vez fuera presa de los prejuicios pero, ¿puede que aquella mujer pensara que aquello no era un juego? ¿que pasó por la cabeza de aquella mujer para unirse a una multitud que se tira al suelo y pelea entre ella, por recoger lo que desde un vehículo les tiraban?.

    La duda resultó demasiado para mi. No he vuelto a ver, ni mucho menos, asistir, otra cabalgata de los Reyes Magos.

    No son estos los Reyes en los que creía de pequeño.

    martes, 22 de octubre de 2013

    Información y realidad

    martes, 22 de octubre de 2013

    Porque para conocer la realidad que nos afecta día a día en nuestras vidas y poder tomar decisiones, es necesario tener información sobre ella. 

    Porque para tener información es necesario tener tecnología y canales libres de comunicación, sin filtros, sin censura. 

    Porque para tener estos canales es necesario que la sociedad tenga los mecanismos para garantizarlos y acceder a ellos con un mínimo de igualdad. 

    Porque para que la sociedad tenga estos mecanismos de control es necesario un sistema político que lo permita.

    Por ello, no hay más remedio que interesarse por la política.

    sábado, 5 de octubre de 2013

    Los pasillos de España

    sábado, 5 de octubre de 2013
    «Desde hace tiempo ha sido para mí un axioma que las cosas pequeñas son con mucho las más importantes» 

    Conan Doyle, Sir Arthur
    La fnac cerró sus puertas ese día a la ilusión de muchos ciudadanosEl sábado 28 de septiembre unos ciudadanos formaron cola en la puerta de la fnac de la calle San Vicente (Valencia) para encontrarse con un personaje muy admirado por ellos. Varias generaciones de aficionados han disfrutado de su irónica, en ocasiones gamberra y contestataria, y siempre simpática y divertida obra. Juntos, se reunieron ese día con la inocente ilusión de conocerle y obtener a cambio una simple, pero importante para ellos, firma suya.

    Esta persona, a pesar de no haber sido reconocida por las instituciones oficiales con uno de esos premios que se otorgan a los que interesan al «régimen», desbordó las previsiones de los organizadores del evento, ya que las dos horas previstas fueron insuficientes para que todas las personas que acudieron, vieran cumplido su deseo.

    martes, 23 de octubre de 2012

    Pensar mal, para poder acertar

    martes, 23 de octubre de 2012
    ¿Que mejor defensa que un buen ataque?, al menos, eso dicen los comentaristas deportivos. Es indudable que acusar tu primero para defenderte de lo mismo, es una manera tan efectiva como poco «elegante». El ataque ad-hominen, el hombre de paja, y otro tipo de falacias similares podrían englobarse en otra que llamaríamos espejo, ya que realmente estamos reflejando en el otro nuestra propia suciedad mental. Si acusas de robar, o de mentir, ya colocas en posición incómoda a la otra persona para que precisamente puedas hacer tu lo mismo. El «¡y tu más!» tan tristemente conocido.

    Incluso se podría decir que deseamos que roben o mientan el mayor número de gente, para así también hacerlo tú, o sentirte justificado. «Mal de muchos, consuelo de tontos». Una persona que prefiero no recordar me dijo una vez que lo que tenía de «bueno» el gobierno franquista era «que dejaban defraudar un poco». De esta forma, me decía, la gente se calmaba al creerse que había «engañado» al Estado franquista. Patético. Tanto como los políticos que en lugar de analizar las causas del fraude fiscal y atajarlo, deciden aumentar la imposición fiscal lo que hará que el fraude aumente todavía más.

    Es que aún hoy en día, en esto que algunos llaman «democracia», todos los gobiernos de España han supuesto que sus ciudadanos van a robar, van a mentir y van a defraudar, continuando con «la tradición». Todos menos ellos mismos, los políticos, claro. Estos gozan de inmunidad hasta el punto de que pueden robar en un supermercado, sin problemas. Sin embargo, un ciudadano autónomo ha de pagar por adelantado el IVA (no vaya a ser que luego se le olvide —sic—), o no pueden contratar a un familiar suyo con el mismo régimen fiscal que contratando a cualquier otra persona. («¡Ja, ni que fuéramos tontos!, contratando a tu hermanito de bulto para chanchullear luego con sueldos y cotizaciones, y que quede todo «en casa», ehhhh???» ). Los trabajadores por cuenta ajena simplemente, están cogidos por los güevos.

    En el extranjero, hasta hace poco, los servicios de transporte público no tenían a nadie que de forma permanente, controlara el pago del billete. El típico español se ríe ante esta circunstancia («¡anda que voy a pagar yo el ticket, ja, pues no soy listo ni ná!»). Naturalmente, lo que ocurre fuera no es que sean tan gilipollas que no hace falta controlar el pago de los servicios públicos (de hecho, lo hacen, sin previo aviso). Lo que ocurre en muchos sitios del extranjero es otra cosa, tiene un nombre y se llama civismo. Saben que un mal uso del servicio público no trae ningún beneficio, y a la larga, empeorará dicho servicio. Son capaces de ver el cuadro general (Big Picture, como dicen los anglosajones), y saben controlar el pequeño y absurdo beneficio inmediato, más propio de los chiquillos.

    Las colillas de tabaco. Un amigo me contó que en el extranjero salió a fumar en una ocasión fuera del edificio, ya que en cuyo interior no estaba permitido (en esto, igual que aquí). Inadvertidamente, a pesar que el suelo estaba impoluto, tiró la colilla en un gesto automático con los dedos, ¡zas!. Un coche al azar que pasaba por aquel lugar en ese mismo instante, tocó su claxon en tono de reprimenda. En España esto es impensable. La ley anti-tabaco ha servido para poco más que trasladar un problema de educación de dentro, a fuera de los establecimientos. A terrazas y parques infantiles, en donde de forma todavía más despreocupada que antes al sentirse plenamente «legitimados», apestan con su humo a todo aquel que tiene la mala suerte de estar a su lado. Por no hablar de las cenizas y colillas que dejan amontonadas en aquellos puntos en donde se les permite hacerlo («encima que me prohíben fumar dentro, no voy a ser cuidadoso con las colillas, ¡vamos, ni que fuera tonto!»)

    Los nacionalismos españoles resultan muy curiosos. Digo españoles porque todos los que hay en España son iguales, aunque ninguno lo admita. Unos se escandalizan de que les quieren «españolizar», pero no tienen ningún reparo en «catalanizar» a quien sea, en su comunidad o fuera de ella. A pesar de que el nacionalismo catalán critica con saña al castellano (¿?), en el fondo se alegra profundamente de su existencia y además, repite todos y cada uno de las supuestos abusos y defectos de los que le acusa.

    Hasta hace no mucho nos parecía normal que un político «listo» usara su cargo para su propio beneficio. Apabullantes y demoledores hechos han sido necesarios para que esta situación respecto a los políticos comience a cambiar ligeramente (la mayoría de criticas a los políticos todavía tienen un trasfondo puramente partidista y tendencioso), pero todavía queda gente sobre todo de generaciones de la posguerra, que consideran que una «buena persona» no vale para político. Ni tan siquiera para defender legítimamente su propio interés como ciudadano. Por esto llaman perroflautas a los que; intentando arreglar bajo su criterio la situación política por la que pasa España; inician caminos que aquellos no entienden o que confunden con estereotipos pasados de moda.

    En definitiva, en España solemos pensar mal de los demás («piensa mal y acertarás», dicen). Cuando se dice «la gente», muchas veces, demasiadas, es con tono despectivo. Mentimos y falseamos datos con rapidez, para adelantarnos al vecino. Que no crean que somos gilipollas. El problema es que se hace de forma que provocamos la reacción que presuponemos. Pensamos tanto y tan mal de los demás, que al final, logramos acertar. Somos así de listos.


    domingo, 22 de abril de 2012

    El consumismo

    domingo, 22 de abril de 2012
    Consumista mostrando un producto que considerará obsoleto un año después¿Es el llamado consumismo una consecuencia inevitable del capitalismo o mercado libre?. Esto puede ser tan cierto como decir que el crimen es una consecuencia de la libertad. ¿Donde está el límite entonces entre esto y la sana competencia, y sobre todo, quien lo establece? Parece que el llamado neoliberalismo sorprende de nuevo con otra contradicción. De nuevo, su idea de libertad les lleva al extremo, y por lo que se puede descubrir, convierten al consumismo en una de sus principales doctrinas. El deseo de no intervención en el mercado tiene como consecuencia llegar a admitir cualquier forma de comercialización, incluso fomentarla y elogiarla. Apenas se ponen límites a las técnicas de mercadotecnia utilizadas para lograr que los ciudadanos compren un determinado producto.

    Por supuesto, ninguno de nosotros somos nadie para decir lo que es malo para alguien, esto es cierto, pero ¿y el conjunto de la sociedad? ¿y la medicina o la ciencia? ¿no tienen nada que decir?.  Una cosa es tener límites éticos flexibles, y otra cosa es desear no tener límite alguno. No saber distinguir entre vicio y placer, entre disfrute y necesidad, es ya un problema. Sin embargo, es muy sencillo hacerlo: por ejemplo, la cerveza no es un elemento indispensable para que el ser Humano sobreviva. Tomarse una cerveza un soleado domingo por la mañana en un parque, es un placer. Necesitar ir todos los días al bar a tomarse varias, no. Lo primero es disfrute, lo segundo, un vicio.

    De forma similar, comprarse ocasionalmente lo último en tecnología, o un producto de una determinada marca en concreto, será por regla general, un capricho que podemos tomarnos ocasionalmente. Hacerlo siempre, convertir en una necesidad algo que no lo es en absoluto para subsistir habitualmente, es crear vicio. Si además, hacemos enormes colas días antes de la salida a venta de un producto, que no sabemos bien para qué, ni porqué, pero que necesitamos tener para creernos algo mejores, me atrevería a llamarlo enfermedad. Por creer que comprando un buen producto que no sea mediocre, vamos a dejar de serlo nosotros.

    Una mujer fumando, símbolo absurdo de la liberación femenina., producto de la propaganda manipuladora.Bien, pues de esta forma han hecho multimillonarias ganancias algunas empresas, en diversos sectores. Empresas que han basado su publicidad en hacer pensar a la gente que van a ser mejores por tener un producto determinado, desde tecnología a automóviles. Y les ha funcionado. Si hay un ejemplo claro de vicio que además de inútil, es perjudicial para el ser Humano pero gracias al cual se han enriquecido ciertas personas, ese el el tabaco. Una de las pocas ocasiones en la que han surgido algunas voces de protesta.

    El marketing o mercadotecnia, surgió como una forma de estudiar las necesidades de la sociedad, de forma que las empresas o iniciativas particulares que mejor las satisficieran, tuvieran mayor éxito. De esta forma, todos salían ganando. Todo el que tuviera algo que ofrecer que sirviera a la sociedad, era recompensado, y a cambio, la sociedad evolucionaba. Sin embargo, según diversas fuentes a las que he tenido acceso, esta situación cambio por completo tras la 2ª Guerra Mundial.

    Los victoriosos Estados Unidos de América se convirtieron a partir de ese momento en los libertadores, en el ejemplo a seguir. Un país que desde sus inicios supo controlar al poder político, pero que nunca aprendió a controlar a su poder económico, se convirtió en el referente mundial y llamada a ser su 1ª potencia. En este caldo de cultivo surgieron ciertos nuevos personajes como los Rockefeller, o instituciones desvinculadas del poder político como la Reserva Federal (FED), que vendrían a decidir el destino de todos los habitantes del planeta.

    Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud e inventor del término eufemístico «Relaciones públicas», para referirse a la manipulación de las masas.Otro de los nombres que intervinieron decisivamente en la configuración actual de la economía global, fue Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud. Edward utilizó lo que había aprendido de su tío para explotar económicamente las debilidades humanas. Se inició así la era del consumismo, por la cuál no era suficiente satisfacer las necesidades de la sociedad, sino que había que generarlas, crearlas donde no las había, convertirlas en vicios. Hoy en día esto continua igual, manifestándose en conceptos como la Obsolescencia Programada o el Diseño Emocional. Debido a estas técnicas los usuarios no consumirán productos ateniéndose a sus necesidades reales, sino en función del ansia económica de las empresas que mejor exploten sus debilidades, en la medida estas prácticas mercantilistas dificultan descubrir cuales son aquellas.

    Volviendo a la pregunta del inicio, esta tendencia de mercadotecnia cada vez más aplaudida no ha existido siempre, como se ha visto. Todo sistema tiene a la degradación, por el simple principio de la termodinámica. Si no se toman medidas, finalmente, todos los defectos que inevitablemente tendrá cualquier sistema que se proponga en cualquier ámbito, acabarán por crecer hasta corromperlo. Estas técnicas de control emocional de las masas como el consumismo, que dificultan la solución de los problemas sociales, serían según este postulado, consecuencia de la dejadez y de la manipulación que la explota, para evitar que se intervenga. Es en estos casos, bien sea a través de la religión, de la política o de la economía,  donde se comprueba cómo el poder busca continuamente nuevas formas de perpetuarse.

    jueves, 5 de abril de 2012

    Cambios en el blog

    jueves, 5 de abril de 2012
    Desde ayer, el blog pasó a llamarse Información y realidad. El resto de direcciones, canales de suscripción y demás, se mantienen como estaban. 

    El cambio de nombre responde a una actualización de la temática del blog, en la que se van a incluir aspectos de teoría de la información, de gestión documental, y otros aspectos relacionados con las nuevas tecnologías y el acceso a la información. Además de los anteriores, aunque estos en menor medida.

    Espero que sea de su agrado.

    martes, 5 de julio de 2011

    Las sorpresas del (neo)liberalismo

    martes, 5 de julio de 2011
    LIBERALISMO
    El sentido común, aquel que se supone común al género humano, me decía que era necesario cierto concepto de igualdad para que la libertad de las personas fuera efectiva. Es decir, no hay libertad si no la podemos tener todos por igual. La democracia estaba muy relacionada con este concepto ya que si no hay igualdad de posibilidades para participar en el gobierno, no se le podía llamar gobierno del pueblo, sino de unos pocos u oligarquía. Todo iba bien navegando por entre estos conceptos. Todo parecía cuadrar de forma armónica. El problema surgió cuando conocí a otros que se hacían llamar también liberales.

    martes, 12 de octubre de 2010

    Día del genocidio

    martes, 12 de octubre de 2010
    Cartel demagogico y populista, con un «puño en alto» totalmente revelador, que pretende levantar a los «oprimidos» contra sus «opresores»Hace tiempo me encontré en un blog de clara orientación filoterrorista, independentista vasco y anti todo lo que huela a español, con la sorprendente (para mi) afirmación de que la conquista española de las Américas supuso un genocidio del pueblo nativo.

    domingo, 21 de febrero de 2010

    Nueva etapa

    domingo, 21 de febrero de 2010
    celr_2005
    Año 2005
    Nueva plantilla en el blog, para reflejar una nueva etapa. O al menos, esa es la intención. Esta nueva situación está motivada por una serie de cambios acumulados en los últimos meses en varios ámbitos personales, que han modificado el panorama cotidiano. Cambios que si bien personalmente son muy especiales cada uno de ellos, no tienen porqué serlo para el resto de los mortales. No obstante, creo que todos ellos forman una combinación cualitativamente significativa.

    celr_2006
    Año 2006
    Antes de continuar, hay que aclarar que los cambios han sido para bien, afortunadamente. El principal ha sido en lo familiar, ya que somos un miembro más. Y en el terreno académico personal, después de toda una vida estudiando y compaginándolo desde hace años con la vida laboral (y familiar), por fin he acabado con las aulas (como estudiante al menos), los exámenes, los estudios y «los codos» que implicaban: la Licenciatura en Documentación es un hecho consumado.

    celr_2007
    Año 2007
    Otro de los motivos que han provocado este cambio de imagen, han sido algunas reformas que deben haber llevado a cabo los chicos de Blogger en la gestión de las plantillas de los blogs, lo que ocasionó que se desmaquetara la anterior casi por completo. Es por esta causa por lo que los últimos cambios realizados en ella desparecieron, y el tamaño de la fuente principal disminuyó igual que el PIB español en los últimos tiempos.

    celr_2009
    Año 2009
    Y esta es la historia, que da paso a otra que comienza ahora. ¿Como va a ser esta nueva etapa? Bueno, una de las diferencias respecto de la anterior es por supuesto, la imagen del blog, que espero sea algo más pragmática, formal, más con los pies en el suelo. Y espero que por esta línea logre encaminar sus contenidos, en la medida en la que la temática del blog lo permita.

    Así que señoras y señores, sin más dilación y pidiendo disculpas por los úlitmos ajustes que aun quedan, están invitados a ver la nueva ¿Cuál es la realidad?. Quien sabe, quizás tal vez en esta ocasión con la ayuda de todos ustedes, logremos acercarnos mucho más a esa realidad que al parecer nos pretenden escamotear nuestros dirigentes, medios de comunicación, y quien sabe más.

    celr_2010
    Año 2010

    viernes, 4 de diciembre de 2009

    En defensa de los derechos fundamentales… ¡solo en internet!

    viernes, 4 de diciembre de 2009

    Me entero por desde diversos blogs y redes sociales, de una iniciativa promovida parece ser por Enrique Dans en relación al último desaguisado cocinado en el parlamento Español sobre la Ley de Economía sostenible, en la que han colado como han podido el tema de las supuestas descargas ilegales. Hay también convocada una serie de manifestaciones para las 20h de hoy, hora para la que he programado la publicación de este artículo.

    Desde hace un tiempo me he convencido de que si hay alguna causa por que merece la pena seguir, fuera del ámbito personal (familia, trabajo, amigos,…), es la de mejorar el sistema político. Mejorarlo para hacerlo más democrático. Tengo el convencimiento de que una vez el poder no se circunscriba a una serie de despachos de partidos, y dependa más de lo que se trata en un sistema democrático, de la voluntad del pueblo que es el que sufre las consecuencias, este problema que ha originado este movimiento de internautas, y otros muchos, tendrían el camino abierto a su solución desde su origen, es decir, no habría lugar a tener que organizar manifestaciones para defender los principios fundamentales. ¡Los derechos fundamentales!

    Si el sistema permite que, por una simple decisión en un parlamento se vulneren estos derechos ¿que clase de sistema es entonces?

    Pues bien, con todas las cosas que podrían reivindicarse, como se decía en el artículo anterior: la independencia de los poderes, el aumento de participación ciudadana, el control de los cargos públicos de representación… a este señor y su por lo visto, impresionante capacidad de convocatoria se le ha ocurrido defender los derechos ¡solo en internet!

    Cada día hay cosas que entiendo menos. Aquí va el manifiesto, que no se sabe de quien es obra y con el que desde luego, no estoy de acuerdo en algunos matices, pero al menos es un paso. Para empezar el mayor problema que los internautas manifestaban con la aprobación de la nueva ley es que posibilitaba que se cortara el acceso a internet sin decisión judicial, pero no hay por ninguna parte petición alguna para que este poder, sea más independiente, por ejemplo, con lo que nos quedamos casi igual:

    Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet

    Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que...

    1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
    2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
    3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
    4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
    5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
    6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
    7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
    8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
    9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
    10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

    Actualización (7/12/2009): antes se dice, antes corren a proponer solución a la protesta. Se podría aplicar aquello de hecha la ley, hecha la trampa, solo que en este caso la trampa pretenden que la protagonicen los propios jueces, los mismos que interpretan la ley, elegidos y al servicio de los que la hacen. El ínclito Peces Barba, de nefasto recuerdo para las victimas del 11M, vuelve a la carga proponiendo una comisión especial de jueces para cerrar páginas web. Se ha dicho y se vuelve a repetir, mientras no haya independencia de los poderes del estado, y estos no tengan mecanismos para articular su servicio a la Sociedad Civil, todos estos manifiestos no sirven más que para marear al personal, para crear enfrentamiento, y hacernos perder el tiempo evitando ir a por el problema de origen.

    viernes, 24 de julio de 2009

    domingo, 30 de noviembre de 2008

    El sistema de partidos: estado de la cuestión

    domingo, 30 de noviembre de 2008

    Los partidos políticos ocupan todo el espectro político en el panorama social actual. Esto puede parecer una obviedad, ya que puede que lo primero que piense la gente es que ¿acaso no son los partidos políticos la máxima expresión de la representación democrática que conocemos, al ser los receptores de nuestra mejor herramienta como ciudadanos: el voto?. Todo parece indicar que es así, pero ello no significa que no existan otras formas de verlo, ni mucho menos que sea la mejor...

    El papel del ciudadano

    Si los partidos políticos, o en su defecto, sus dirigentes bien sea a nivel municipal, autonómico, nacional o estatal, toman todas las decisiones ¿que papel le queda al ciudadano?

    Tal y como la concibieron los griegos, el protagonista en una democracia era el ciudadano. Según los expertos(1), tras la Segunda Guerra Mundial y con la aparición de la Guerra Fría, se fueron implantando en Europa los actuales sistemas de elección de gobiernos. El aumento de población y la consiguiente necesidad de representantes, junto con la necesidad de tener gobiernos «fuertes», ha servido como excusa en la mayoría de países en donde esos sistemas se ha implantado, para crear una casta política endogámica.

    Endogamia política

    Es endogámica porque apenas varía. Se elige a una parte de ella para ocupar unos puestos, mientras que la otra pasa a «la reserva». Para acceder a ella es necesario pasar por los filtros que ella decide. Los «apartados» ideológicos están copados.

    Esto provoca que en cuanto surge la oportunidad, se aprovechan como se puede nuevas brechas ideológicas, culturales o políticas en general. Pero la cuestión de fondo es que el ciudadano acaba quedándose una y otra vez, fuera del juego. No se piensa sea necesario decir que un sistema en donde el ciudadano no decide, que no influye tan siquiera en este panorama, no es una democracia.

    Podría decirse que cualquier ciudadano puede formar un partido. El problema de esto se ha mencionado: al convertirse en parte de la casta es el nuevo partido quien decide. Por buenas que puedan parecer sus intenciones, en caso de alcanzar el poder este pasara a formar parte de otra casta renovada, pero el ciudadano una vez más, volverá a quedarse al margen. Y ya se sabe el poder, lo que acaba produciendo en las personas una vez se exponen a el.

    La posibilidad de elección y acceso a la política

    No se sabe quien está realmente dentro de los partidos. Cuando uno de ellos elige a un presidente, nadie más que los afiliados del partido lo conoce lo suficiente. En algún caso se pasa de alcalde a ocupar otros puestos, incluso ser presidente del gobierno. Pero en todo el proceso apenas ha habido ocasión de que los ciudadanos hayan decidido sobre el.

    Se podría pensar que si ha sido elegido como presidente autonómico, por ejemplo, ya se tiene una valoración de este político como candidato y representante por parte de los ciudadanos. Sin embargo, la realidad nos muestra como a duras penas se puede hacer tal cosa de un candidato, ya que estamos obligados a elegir listas cerradas y programas electorales completos, además de tener que esperar varias legislaturas.

    Los partidos

    La casta política tiene como unidad fundamental el partido. El «átomo político» es el partido. O más bien la «célula» del sistema partidocrático, y como célula, ha de alimentarse. La financiación de una campaña electoral podría ser el motivo para que gente, ciudadanos de ideologías afines, se organizaran conjuntamente en forma de partidos para economizar y optimizar gastos. En lugar de esto, en España la financiación de los partidos corre a cargo del Estado. Un Estado al que accederán los propios partidos que son financiados. Partidos que utilizarán esa financiación para, por supuesto, seguir en el poder, y tener, si es posible, más financiación, para seguir aún más en el puesto. Y así sucesivamente. El partido se convierte así, en una forma de acaparar poder, no de representación.

    El partido es la razón fundamental, el objetivo político, y al mismo tiempo la fuente de todas las decisiones. El objetivo de sus miembros o afiliados no es la representación democrática. Primero está el servir al partido. Y el partido tiene como objetivo la supremacía política, de forma similar a como una empresa cualquiera tiene un objetivo similar, en el ámbito económico(2)

    Comparación entre un mercado económico y el político

    Continuando con el símil mercantil, para una mejor ilustración de la ineficacia del actual sistema, se va a comparar el funcionamiento del mercado (económico) con el político. En un sistema de mercado libre o parcialmente intervenido, las empresas siguen como objetivo la satisfacción del consumidor (las tácticas manipuladoras existentes en la propaganda, comunes también en el terreno político, se van a dejar a un lado por ahora). Para ello, el consumidor o ciudadano tiene todo un abanico de posibilidades y productos a elegir, así como donde y cuando realizar su compra. Si desea hacerlo.

    Si este panorama fuera tal y como funciona el actual sistema representativo político en España, la situación quedaría como sigue: el ciudadano o consumidor, no podría realizar sus compras cuando quisiera, solo cada cierto tiempo establecido. Mientras tanto, la oferta no estaría en función de atender a las necesidades, sino que toda ella estaría limitada a la decisión de una casta dirigente (de forma similar a lo que ocurría en la URSS en todos los ámbitos). Pero no acaba aquí el panorama desolador. El consumidor no solo estaría limitado a comprar los productos disponibles, sino que debería comprarlos en bloques, es decir, como si al entrar a los supermercados no se pudiera acceder a la totalidad de los productos, sino que se tuviera que elegir entre unas listas cerradas y bloqueadas de productos, en las que se supone hay un surtido de todo lo que necesitamos, con ligeras diferencias entre ellos, pero que muy rara vez podrían ser de gusto de los consumidores al no cubrir todos los posibles gustos y preferencias de estos, teniéndose que conformar con la lista menos mala.

    Sectas políticas

    El partido no permite que convivan dentro de el otras corrientes ideológicas distintas a la del dirigente. De hacerlo, serán relegados al ostracismo, al olvido, al ninguneo. Rosa Díez, Acebes, Zaplana, Gallardón..., aquellos que difieran de la corriente principal están ineludiblemente condenados al enfrentamiento, porque el partido así lo ha decidido. El seguimiento religioso del líder es obligado para prosperar en la carrera política.

    En la actual configuración, los partidos son receptores de personas con gran avidez por el poder y la notoriedad. Este en si no es el problema. Es más, puede que hasta sea necesario que hayan personas con estas «aficiones». Pero la cuota de poder ejercida desde la cima, hacia la parte inferior de la jerarquía, es tan alta en un sistema basado principalmente en partidos que es especialmente atractiva para este sector de la población humana. El partido manda, nadie fuera de el le controla salvo otro partido y siempre y cuando sea sustituyéndole en el poder. No hay contrapeso durante las legislatura. Por lo tanto, el que acaba estando al frente de un partido, haya sido elegido de la forma que sea, manda mucho. Y esto «tira mucho».

    La «captación» de simpatizantes o afiliados se basa en la adulación, admiración casi adoración. Es mentira claro, pero el que gusta de este trato, es porque al mismo tiempo es capaz de admitir el mando autoritario, sometiéndose a el sumisamente. Un perfil idóneo para ser afiliado a un partido podría ser el de alguien mediocre, de carácter algo rastrero o bien su otra cara, el autoritario, que encuentra en la política un terreno adecuado para sin hacer nada para mecerlo más que saber dar zancadillas y puñaladas dialectales, ganarse la vida. No, mejor dicho, para darse la Gran Vida a costa del resto.

    En la forma actual, sin apenas control por los ciudadanos, la tendencia es que en los partidos acaben estando formados por dos tipos de personas: las autoritarias y más capaces por un lado, y por otro el séquito de sumisos que alimenta la vanagloria y egocentrismo de los primeros. El resto de ciudadanos se encuentran con que no tienen espacio en la vida política, no hay hueco en la fragmentación partidista. La discusión política se basa en maniqueísmos llevados al límite de lo absurdo, la verdad o la realidad, ya no se buscan. Solo se busca alcanzar el poder, a través de la obtención de votos.

    continua en: estudio de alternativas



    (1) Cazarín Martínez, A.: Los Factores de la Alternancia en Tlaxcala. 1991-2001 [en línea], Edición electrónica gratuita, 2008. "Capítulo 1, punto10: democracia y transición política en Europa" [acceso: 29 noviembre 2008] Disponible: <aquí>. Texto completo <aquí>.