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sábado, 25 de agosto de 2007

La democracia clásica ... y la actual



Remontándonos al siglo VI adC, en la antigua Grecia, surgieron en aquel entonces lo que podrían ... (Publicado por Lino Moinelo el sábado, 25 de agosto de 2007, a las 0:50, para el blog «Información & Realidad»)

Remontándonos al siglo VI adC, en la antigua Grecia, surgieron en aquel entonces lo que podrían ser los antecedentes de las formas de gobierno existentes hoy en día en el mundo occidental. Lejos de pretender realizar un análisis exhaustivo, se van a destacar algunas peculiaridades y analogías de los sistemas de aquel entonces, y se realizarán algunas correspondencias con lo que hoy en día se le llama democracia, sobre todo en Europa.

Constitución Soloniana y la Timocracia

Previamente a lo que se conoce como Democracia Griega o Democracia Ateniense, y tal vez como precursora de esta, existió otro tipo de sistema político llamado timocracia. Se considera su creador a Solón, unos de los llamados Siete Sabios de Grecia, siendo su principal característica la diferenciación entre los habitantes por su capital o pertenencia de tierras, así como por la concesión de la condición de ciudadano. Estos tenían diferentes capacidades de intervención política en función de su clase social, determinada como se decía, por sus bienes. En el último escalafón (pero con posibilidad de participación) estaban los Thetes, los cuales eran artesanos o trabajadores manuales, de bajo nivel adquisitivo.


Este sistema político es también llamado oligocracia u oligarquía (gobierno de algunos), en diferenciación a lo que vendría después, la democracia (gobierno del pueblo). La cuestión está en determinar quienes son esos algunos y a quien se le llama pueblo. Uno de los factores importantes de esta reforma era que se permitió por primera vez la intervención de alguien distinto a la aristocracia, en la intervención en asuntos públicos y políticos. De cualquier forma, la timocracia en efecto, era un timo de democracia.

Definición de ciudadano

En la antigua Grecia, se distinguía entre libre y ciudadano. «Libre» era todo aquel que no era esclavo, y normalmente lo formaban las mujeres, extranjeros (no nacidos en Atenas, en este caso) y el resto de la población que no era ciudadana, por algún motivo. Es decir, la condición de ciudadanía era la que dotaba a la persona libre de capacidad de intervención política en los asuntos de la ciudad-estado, y lo formaban normalmente (en función del sistema político), varones libres, nativos del lugar. El resto no tenía capacidad de decisión, si bien era libre en los demás aspectos.

El ciudadano, tanto en la timocracia como en la democracia griega, poseía el derecho de al menos decidir y participar activamente en el gobierno de forma periódica, cada ocho o nueve días, mediante su participación en las asambleas, en donde se congregaban hasta varios miles de ciudadanos. Algunos autores han llegado a denominar a la antigua democracia griega, como el gobierno de los pobres.


Colina Pnyx: lugar de encuentro de las asambleas de ciudadanos en la antigua democracia griega.


¿Cuál es la realidad? Debido a los prejuicios culturales de la época, ni siquiera en la Democracia Griega la totalidad de la población tenía derecho a decidir en los asuntos públicos, es decir, al gobierno. La condición de ciudadanía era adquirida tan solo por una parte de la población, pero esta, era plenamente capaz de decidir en su gobierno.

Sin embargo, salvando esta diferencia cultural, ninguno de entre los que hoy en día se nos considera ciudadanos, tiene más derechos políticos que los Thetes de la timocracia, ya que tan solo intervenimos cada cuatro años, durante un instante, y únicamente para elegir a unas siglas.

Esto no es un timo, es un atraco.




11 comentarios:

Jesús Nava dijo...

Tienes mucha razón, Lino, al contraponer la democracia clásica a la moderna y al mostrar la evolución histórica del concepto de democracia, pues los principios del buen gobierno se han ido asentando con el tiempo y la experiencia hasta acabar aceptablemente perfilados. La mala noticia es que la democracia, de hecho, no se da en casi ningún sitio o sólo en niveles limitados de la vida política, como en Estados Unidos o Suiza. Una democracia introducida de abajo arriba, contando con los ciudadanos de a pie, es decir, con el pueblo, es lo queremos ambos para España, como ejemplo extensible a todo el mundo, pero, ¡ay, amigo!, los españoles son pragmáticos y, acomodados en su jaula dorada de esclavos, se han olvidado de la libertad. ¿Cómo incitar a ser libre a alguien que no ve la necesidad de serlo o, peor aún, que con los grilletes puestos se cree más libre que dios? Ese es, en mi opinión, el desafío mayor para un demócrata hoy. Y es tan imponente como para desanimar al más fuerte.

Saludos cordiales.

linus dijo...

Gracias nuevamente por tu puntual comentario, Jesús.

Pues si, poco a poco, no se si por desidia de los ciudadanos, o por múltiples peripecias historicas, la democracia de entonces no ha avanzado funcionalmente, aunque la sociedad haya logrado superar ciertos complejos y prejuicios (aunque tal vez tal y como los entendían entonces, tenían algo de justificación, pero ese sería otro tema).

La cuestión es esa, que mucha gente se cree que ahora somos muy libres, «echan» futbol por la tele, y pelis porno y todo, grátis, pero nadie o casi nadie, se percata que que están decidiendo por nosotros con nuestro dinero, recursos, y también, dignidad; en muchos aspectos que con toda seguridad nos gustaría matizar.

Afortunadamente, nuestros «representantes» ejecutan de vez en cuando, periodicamente una vez al menos cada cuatro años, tales burradas que facilitan la tarea. Lo que ocurre es que mucha gente cae en el error de «culpar al otro», el mismo que cuando tuvo su oportunidad cometió burradas parecidas, y una vez más, sin preguntar.

Saludos

Germánico dijo...

Lo más democrático que hay es el mercado, en el que votamos todos los días de entre numerosas opciones una cesta de la compra y, si las interferencias no existen o no son muchas, nos comunicamos y colaboramos directa o indirectamente con todas las personas del mundo. Con la globalización no política ganaríamos todos.

La democracia directa parece algo imposible en las actuales circunstacias, tanto por la cantidad de ciudadanos como por la complejidad de los asuntos a tratar.

Se piensan muchas alternativas al actual sistema, pero la cosa evolucionará por donde tenga que hacerlo.

Algunos creen que se debe tender a la descentralización de los servicios públicos, a hacerlos más locales, de forma que estén más cerca del ciudadano. Otros creen que deben hacerse listas abiertas para que en lugar de votarse oligarquías políticas se vote a personas. Otros creen que debe acabarse con el sistema de voto proporcional, pasando al mayoritario para evitar los partidos bisagra que impiden un Gobierno justo y equitativo.

En fin, es un tema complejo, pero todo pasa por una ciudadanía más responsable y concienciada, y esta no se logra ni con mítines ni con lecciones, sino con unas condiciones que, podría decirse, vendrían dadas, de carácter tecnoeconómico y tecnoecológico, que permitirían el desarrollo ,desde abajo, de una verdadera democracia ilustrada y liberal, en la que existieran tantos controles y denuncias al abuso de poder como ojos y bocas.

Pero esto me suena a utopía.

linus dijo...

Bienvenido de nuevo Germánico, después de unas estupendas "vacas locas", supongo ☺

La idea de que el mercado es viable para regular los asuntos humanos de la sociedad, es para mi, un ultraliberalismo que en el fondo es similar al concepto sovietico/comunista pero completamente a la inversa, en el que el estado "dicta" cuales son las necesidades de la sociedad. Mi opinión es que lo ideal para gestionar los asuntos de las personas, somos o deberíamos ser ... las personas.

¿Como encontrar a una persona, que sea responsable para que nos represente y nos lleve esos asuntos?: La Democracia

Todas los métodos (o la mayoría) que describes son compatibles. Hay sistemas de elección de representantes muchisimo mejores que elegir a unas siglas correspondientes a unas listas cerradas y bloqueadas, y métodos de participación que, sin llegar a la democracia directa, permitan unos niveles del mismo mucho mayores.

El dar un papel más importante a los ayuntamientos, descentralizando el poder, al menos, en asuntos cotidianos, es también un sistema bastante útil y que está puesto en práctica en paises que gozan de una tradición democrática innegable, como Suiza y los EUA (aunque en este último, su presidente tiene unos poderes a nivel internacional, de Faraón lo menos)

En definitiva, se trata de tener un sistema abierto pero estable, que permita decidir a cual de estos aspectos se le da prioridad.

Gracias por tu visita y un saludo

Germánico dijo...

Al hablar del mercado, Linus, pretendía ilustrar lo que yo considero que es lo más democrático de nuestro tiempo (sin que sea una panacea, desde luego).

No entro a valorar que proporción deberían tener Estado y Mercado en la ecuación de la sociedad, y estoy de acuerdo contigo en que dentro del ámbito político, las ideas señaladas son razonables y deben probarse.

Un saludo.

Germánico dijo...

¡Coñe Linus!....tu foto no la veo parecida con la caricatura que tenías antes.

linus dijo...

Es posible que, en España, el mercado sea lo más democrático. Aunque todavía habría que valorar hasta que punto este no está intervenido, con lo que la libertad a la hora de "ejercer el voto" estaría algo mermada. Quiero decir que, para que el mercado sea como dices también el sistema político debería serlo en consecuencia. (no estoy muy seguro de esto, quiero decir, que habría que profundizar)

La proporción Estado/Mercado que apuntas, es algo que en un sistema democrático podría ser decidido por la sociedad misma. Esto lo hemos discutido en la ALCD bastante, llegando a la conclusión de que el estado puede intervenir todo lo que quiera ... si así lo desean los ciudadanos.

Respecto a la foto de antes y la de ahora ¡es que era una caricatura!!

Pepe dijo...

Bonito artículo que arregla (un poco) lo que dice la (democrática) wikipedia.

Y ya que estoy, contestando a Germánico, no se que tiene de democrático el mercado. Llega una gran empresa de distribución de alimentos (mercadona p.ej.) y decide retirar varios productos y endosarnos su marca mas o menos blanca...
Llega Zara y decide que este año las camisetas se llevan ceñidas y con mangas por el pulgar, y todos los demás siguen esas tendencias...

Efectivamente, democráticamente podemos elegir donde nos gastamos el dinero, pero lo gastamos en lo que ellos quieren... A no ser que queramos convertirnos en anacoretas y vivir en el monte.

Un saludo

linus dijo...

Gracias a ti Pepe, ya que gracias a cierta discusión contigo, se me ocurrió el artículo.

Respecto a lo del mercado, si no te gusta mercadona, puedes ir a otro ... ☻ ☺

De todas formas, algo de eso quería decir con lo del mercado intervenido, aunque en este caso sean defectos del propio mercado, como casos de monopolio, además de otros defectos como la indefensión que tenemos los consumidores ante ciertas prácticas manipuladoras, sobre todo en la publicidad. No obstante, a pesar de todo, el ciudadano siempre puede en último término decidir. Pero para esto hace falta cierta libertad y falta de prejuicios, ya que de lo contrario, si el mercado es controlado por poderes políticos y económicos, estámos igual. Es curioso, Pepe, como les llamas «ellos», como si fueran todos el mismo.

Con Zara pasa igual, ves a la tienda de la esquina, donde venden ropa manufacturada de la empresa «Tejidos Pelaez», y podrás comprar «libremente»,... ¡y que se jodan los de Zara! Pero claro, a ver como ligas con esa facha.

En todo caso, está claro que la sociedad es víctima de sus propios prejuicios, estereotipos, y manía de lo politicamente correcto.

Saludos

LA CARICATURA EXISTENCIALISTA dijo...

y es que el sistema nos cosifica, nos caricaturiza!

saludos

Lino dijo...

Lo que está claro, en relación a lo que comentaba Germánico, es que de la misma forma que el ciudadano puede elegir (aunque el mercado esté bastante intervenido) en el mercado libremente, sin verse obligado (nuevamente, esto no es cierto en algunos casos, como la gasolina, por ejemplo) a aceptar un producto; se debería reducir significativamente el peso del estado de forma que el ciudadano tuviera un «supermercado político» donde poder realizar su «cesta de la compra» personal.

Se está demasiado acostumbrado a una verticalidad en la que se encuentra normal que todo venga desde arriba, cuando debería ser al revés, si se desea democracia y libertad. El estado tan solo sería el gestor administrativo de esas voluntades para llevarlas a al práctica, defendiendo a las minorías.

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