lunes, 17 de febrero de 2014

El bueno, el feo, y el malo, de la informática

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Microsoft

Desde el nacimiento de la informática doméstica y hasta hace bien poco, Microsoft ha dominado el mercado de ordenadores domésticos a pesar de lo rudimentario y poco atractivo de su sistema operativo. Su primitivo aspecto se debía seguramente al hecho de que el MS-DOS —basado en el QDOS, traducido literalmente como Sistema Operativo Rápido y Sucio— había sido ideado para ordenadores corporativos o entornos de oficina. Es muy probable pues que su éxito en otros ámbitos se haya debido a un factor fundamental: sus especificaciones de hardware abiertas.

Esta circunstancia permitía que los PC's fueran montados por diversos fabricantes —como Compact, HP o Dell—, o montados por los propios usuarios adquiriendo por separado sus piezas. Este tipo de usuario optaba por el PC clónico gracias a su bajo coste, además de que podía elegirse uno mismo la configuración hardware que mejor le conviniese —procesador, memoria, tarjetas gráficas, disco duro, todo en función del uso que se le desease otorgar—. Había que armarse de ingenio, un destornillador, y paciencia. «Valía la pena para ahorrarse una pasta», eso pensaba la mayoría.

¿Un martillo y una llave fija?
Fabricantes de dispositivos —con sus controladores o drivers—, programadores de juegos, utilidades que suplían las carencias del primitivo sistema operativo, y otro tipo de programas, todos ellos proliferaron pensados para la misma plataforma ahora ya universalizada. Gracias a esta presencia en el mercado doméstico, Microsoft llegó a dominar también el mercado corporativo con su suite de ofimática, la omnipresente Office y sistemas operativos de servidores.

De estos hechos se induce que Microsoft era y continua siendo —salvo algunos ligeros cambios estratégicos recientes— una empresa de software, cuyo mercado objetivo son las empresas. A pesar de que los usuarios domésticos eran un valor estratégico importante, sus problemas particulares —paradójicamente— no les interesaban más que lo justo.
«Surface Pro 2». Con la Surface Pro, Microsoft se incursiona por primera vez en su historia en la venta de hardware
Es decir, contrariamente a lo que muchos piensan, los problemas de los sistemas operativos domésticos de la empresa de Redmon —los Windows 9x— en relación a su estética cutre, sus numerosos fallos y la necesidad de mantenerlos constantemente, no eran debidos a que sus programadores no conocieran su trabajo, sino a otros factores: 
  1. Lo mismo que les hizo triunfar: su sistema abierto y la gran cantidad de software y dispositivos que cumplían con las bajas exigencias de especificación técnica. La combinación particular de componentes de distintos fabricantes que se limitaban a cumplir de forma ajustada dichas especificaciones, hacía muy difícil en la práctica la validación en cuanto a estabilidad y predicción de problemas de funcionamiento. Tan sólo algunas empresas como HP o Dell —entre otras— intentaban comprobar sus equipos y dar el mayor soporte post-venta posible.
  2. Por el perfil de usuario: el publico objetivo de Microsoft no era el mercado doméstico —apenas controlaba el proceso de fabricación-distribución-venta, simplemente ponía el software—, sino el corporativo —ofimática y servidores, ámbito en donde surgió el Windows NT, base de los sistemas operativos actuales desde el XP, tanto domésticos como corporativos—. Además, el usuario doméstico siempre aceptó las deficiencias de Windows a cambio de un menor coste y de tener cierta libertad sobre su equipo.

Estos factores ocasionaban que un sistema operativo se lanzara al mercado doméstico de forma apresurada, sin realizar suficientes comprobaciones y sin esmerarse en la estética. Al fin y al cabo, salvo las empresas, pocos iban a pagar por el.

Apple

Mientras tanto, el otro titan que pugnaba por alzarse vencedor en el mercado informático era Apple. El Apple II fue el primer computador que en sus inicios, logró hacer sombra a los PC's de IBM. Los factores de su éxito inicial fueron:
  1. Arquitectura abierta: Steve Wozniack diseñó al Apple II con una arquitectura bastante abierta —en un movimiento similar a lo que a posterior significó el despegue de su competidor—, lo que permitía ser ampliado y mejorado con hardware de terceros .
  2. Interfaz gráfica: este equipo fue el primero con capacidad de mostrar gráficos de forma nativa. Usaba dicha funcionalidad para añadir una capa entre el usuario y la máquina, eliminando la necesidad de la consola de comandos y con ella, conocer muchos aspectos del funcionamiento de la máquina.
  3. Montado y listo para funcionar: Steve Jobs estaba obsesionado con que sus computadores fueran lo más parecido a un electrodoméstico. A diferencia de las tendencias de la época —en las que el público más familiarizado con la tecnología adquiría los equipos en kits a falta de ser ensamblados— procuró que sus productos:
      • Se suministraran completamente montados y preparados para funcionar.
      • Les proporcionó un mejor control de la alimentación eléctrica, en cuanto a consumo y calentamiento. Gracias a estas mejoras de ingeniería podían prescindir de ventiladores, lo que los convertía también en silenciosos.
      1. Hoja de cálculo VisiCalc: la primera hoja de cálculo para computadores personales. Con este único programa, el computador pasó a ser de una herramienta de especialistas de la informática —y otras ramas de la ciencia— a una herramienta genérica profesional de negocios.
      Sin embargo, posteriores diseños fracasaron y sumieron a su empresa en décadas de ostracismo, con problemas financieros. Los motivos de esta circunstancia fueron probablemente:
      1. Estrategia de mercado incoherente: el atractivo visual de un sistema operativo no es un factor de peso para un mercado corporativo donde priman los resultados prácticos. En cuanto al mercado doméstico más propicio para sentirse atraído por dicha capacidad, el coste del equipo era excesivo en comparación con los de la competencia.
      2. Fallo de diseño: el aumento de capacidad de procesamiento no era compatible para la época con la obsesión de presentar un equipo montado y sin ventiladores de refrigeración. La intención era buena, pero no realista. Muchas unidades del Apple III tuvieron problemas de calentamiento, lo que empaño la imagen de la marca y significó un fracaso que marco las décadas venideras.
      3. Restricciones de hardware: la necesidad obsesiva de Steve Jobs de especificar los requerimientos técnicos para que se ajustaran a su visión particular de lo que debía ser un computador —desde la estética al consumo eléctrico—, provocó finalmente que todo el proceso de fabricación y distribución para venta —desde el sistema operativo hasta el hardware— fuera controlado por la propia empresa. Esto permitía generar beneficios por la venta de los componentes, pero impedía abrir el mercado a otros fabricantes y empresas que aportaran sus ideas y sus clientes.

      De esta manera, Apple se convirtió por sus propios «méritos» en un fabricante de computadores minoritario, cuyos productos estaban restringidos normalmente a ámbitos relacionados con el diseño gráfico profesional —que podían permitirse la inversión en este tipo de tecnología— sin poder competir en ventas en el mercado doméstico. Una empresa de hardware opaca y aislada, con equipos prohibitivos para el usuario medio y cuyos repuestos eran servidos por la propia empresa a través de sus «tiendas Apple». No permitía que hubieran intermediarios.

      Algunas de las virtudes más alabadas de los computadores de la empresa fundada por Jobs, han sido —además de su atractiva estética— su gran estabilidad y su facilidad de funcionamiento y configuración. Mucha gente piensa que esto era debido a una especie de «sabiduría» de los programadores de una empresa «virtuosa». Sin embargo, la explicación más evidente y menos dogmática es mucho más prosaica: trabajar con configuraciones de hardware conocidas y completamente testeadas facilitaba la integración de los sistemas de forma que la configuración estaba preestablecida y el mantenimiento de los equipos era trivial. Debido a esto, su sistema operativo es prácticamente inservible en otros ordenadores que no entren dentro de sus caprichosas especificaciones. Con un hardware enmascarado tras una interfaz gráfica que parece pretender esconder que lo que se tiene delante es un computador.

      El iMac. Su relativo éxito salvó a la compañía y a Steve Jobs. Fuel el inicio de la inicial «i» en los modelos de la compañía. (foto: The Register)
      Aunque pueda parecer «sacrílego», se podría decir que fueron las decisiones de Steve Jobs las que condujeron a Apple por un camino complicado en sus inicios. Jobs dejó la empresa que él mismo fundó a principios de los años ochenta, por problemas con una directiva que no supo corregir ese tortuoso rumbo.

      Sin embargo, cuando regresó en 1997 su filosofía fue exactamente la misma. El cambio consistió en retirarse de la pelea por los computadores de escritorios dominados por su competidor, e introducirse en aquellos mercados incipientes en los que no estuviera. De esta manera surgió el reproductor de MP3 iPod. Pero lo más importante consistía en que el negocio se lograba —además de la venta de los reproductores— en la venta de contenidos a través —nuevamente— de su propia «tienda Apple»: iTunes —un negocio puramente comercial, que no tiene nada que ver con la informática—. Lo que vino después —iPhone, iPad— es recordado por todos.

      GNU-Linux

      En toda esta actividad del último cuarto del siglo pasado, el usuario consumista llamado a convertirse en el protagonista reciente de la economía, encontró en la tecnología una inagotable fuente de productos con el que lograr un nuevo estatus. Las mejoras tecnológicas no sólo aportaron avances a diversas áreas del conocimiento, también abrieron las fronteras del consumismo. Lo que antaño era un traje nuevo o un coche, ahora es el último modelo de smartphone, tablet, smartwatch, y sus diversas apps y accesorios de todo tipo y función.

      La informática había entrado definitivamente en lo cotidiano, sin embargo, los usuarios clásicos de computadores, aquellos pocos que heredaban el concepto original de la informática sin ninguna interfaz que «enmascarase» de forma gráfica el verdadero funcionamiento —al menos, a nivel lógico— de su equipo, eran cada vez más ninguneados.

      Se encontraban a expensas de las decisiones de las grandes corporaciones. No les satisfacían las soluciones que el mercado les ofrecía, que además de ser ineficientes, inestables o caras, eran en cualquier caso y por encima de todo, cerradas y privativas.

      Richard Stallman y Linus Torvalds

      Richard Stallman era un programador del conocido y prestigioso MIT que observó que el software que se incluía en los computadores y que permitía acceder a todo su potencial, permanecía oculto a los usuarios supuestamente dueños de los equipos, impidiéndoles en la práctica serlos plenamente. Stallman tuvo que dejar su trabajo para que su proyecto de software libre no estuviera influido por su contrato, por el cual el dueño del código que realizaba era el MIT, y no él. Así nació la Free Software Foundation (FSF).

      Torwalds y Stallman (foto: Ubuntu guía)
      Esta fundación tenía como objetivo dar soporte al proyecto de crear un sistema operativo libre, en el sentido de que su código era accesible y modificable por los propios usuarios. Esto no significaba que fuera necesario hacerlo, sino que era posible hacerlo. En definitiva, el usuario elige cómo —en función de su nivel de conocimientos en la especialidad— desea utilizar su equipo, el cual sin el software no sería nada.

      Este proyecto logró finalmente su meta cuando el ingeniero de software finlandés Linus Torwalds liberó con la licencia GNU —creada por la FSF— el núcleo de un sistema operativo equivalente al sólido y eficaz UNIX, pero adaptado a los sistemas basados en INTELx86. El mundo conoció así al pingüino más famoso de la historia: El LINUX.

      Seguro que alguien se estará preguntando a estas alturas quienes son entonces, el bueno, el feo y el malo de la informática. Que sea el lector el que tome la decisión sobre este punto.

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