miércoles, 19 de octubre de 2005

Las falacias de Zapatero

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En relación a las declaraciones en el senado del actual presidente del gobierno de todos los españoles.

El presidente del Gobierno de España, en una de sus intervenciones en el Congreso de los Diputados

Zapatero ha subrayado que hay que reconocer la existencia de sentimientos identitarios diversos entre los españoles, y ha dicho que la grandeza de la convivencia es saber integrarlos y respetar los sentimientos profundos de una Comunidad por su historia, su cultura o su lengua. «Eso cabe en la Constitución», ha dicho Zapatero, quien ha añadido que es posible una denominación de Cataluña respetuosa con su «fuerte identidad» y con el artículo 2 de la Constitución, «tanto en su letra como en su espíritu».

Efectivamente, no solo cabe en la constitución, sino que ya están recogidos todos estos preceptos. De cualquier forma, la constitución debe garantizar la libre expresión y auto-identificación de los ciudadanos y al mismo tiempo, garantizar igualmente que este derecho de unos no afecte a los del resto de los ciudadanos. Esto implica necesariamente la creación de una norma común y consensuada, así como las posteriores modificaciones que se apliquen a la misma, esta es, la Constitución Española de 1978(1).

Habría que añadir que un sentimiento de «fuerte identidad» no es condición suficiente para que al resto les parezca igual. Por ejemplo, por más que yo me identifique fuertemente con Napoleón Bonaparte, es complicado que los demás me vean como el (¡quien sabe!) y lo que es inaceptable es que pretenda imponer a los demás no solo como me tienen que ver, sino que además, como se tienen que ver a si mismos.

Continuando con esto, y en mi opinión, también existen otras comunidades con un fuerte sentimiento de autoidentificación, histórica, cultural, literaria, idiomática, geográfica, económica, etc. reconocida y palpable (a pesar de todo) como la Comunidad Valenciana, y que no necesitan obligar a los demás a verlos de una determinada forma y en donde conviven desde hace siglos varias culturas en relativa armonía (a veces lógicamente alterada).

Para Zapatero, hay que rechazar «la verdad incuestionable de una posición» y hay que «transigir con la verdad» y llegar a un acuerdo de convivencia entre las diversas identidades. El presidente del Gobierno se ha mostrado convencido de que el entendimiento se va a abrir paso porque los españoles confían en sí mismos, saben cómo hacer las reformas y «cómo olvidar a aquellos que a cada reforma anuncian una catástrofe».

Nos dice claramente que debemos aceptar, «transigir» con lo que nos digan los políticos catalanes, sea lo que sea lo que nos pretendan imponer. Luego emplea la falsa adulación apelando a nuestro orgullo y relacionado nuestra magnificencia con la de aceptar sin rechistar los que nos dicen (esta situación aparece mucho en las películas, cuando el malo le dice al bueno «se inteligente y acepta mis condiciones»).

La última afirmación es una afirmación gratuita, ya que independientemente de si entra o no en la labor de la oposición el criticar las acciones del gobierno, en ningún momento niega que sea alguna catástrofe esta reforma o da argumentos para que no lo pensemos, simplemente viene a decir que no nos asustemos, que confiemos en el, sin más.

ha recordado la actitud del PP ante la ley que permite el matrimonio entre homosexuales y ha lamentado que ese partido se haya caracterizado por el «inmovilismo y el conservadurismo» y no haya sabido ver nunca las reformas que España «sabe y puede hacer, como va a hacer ahora -ha asegurado- con el Estatut de Cataluña».

Más de lo mismo. Y ahora lo relaciona con otra discusión sin entrar una vez más, en si estaban justificadas o no aquellas o estas protestas o sin justificar sus propias decisiones. Se confunde la parte con el todo y se generaliza de forma grosera: cómo tu protestaste entonces y ahora también, pues protestas siempre, sin atender a los motivos de la protesta, en realidad, despreciandolos.

El jefe del Gobierno ha lamentado que el hecho de que no descalifique ni insulte, e intente un debate «razonado y razonable» haya sido interpretado momentos antes por García Escudero como «divagar» sobre el Estatut.

Seguimos igual. El Presidente fabrica el mismo los motivos de García Escudero para la crítica hacia sus palabras, y considera que además de la descalificación y el insulto no hay más discurso posible que el suyo. En ningún momento refuta las palabras de G. Escudero, simplemente las rechaza.

Zapatero: «Mi posición es la que permitirá históricamente las mejores fórmulas de convivencia»

Lo que si se puede afirmar de que es histórico en un país democrático, es lo relacionado con la propuesta de estatuto de Cataluña, tanto por su contenido como por su forma de tramitación. Sigue sin decirnos cómo va a lograr lo que pretende y sobre todo, afirma algo que no se puede saber hasta que pase el suficiente tiempo. La afirmación visionaria de lo que yo haré pasará a la historia es propio de determinados personajes que al final acabaron pasando a la historia pero no de la forma que creían, sino por las fatales consecuencias de lo que hicieron o dejaron hacer.

En democracia, le advirtió, la verdad de cada uno no puede ser el punto de llegada, sino sólo el de partida, que debe conducir a un acuerdo «sobre el sentimiento de identidad y sobre las fórmulas de convivencia que en democracia tenemos que garantizar para todos».

Otra variante de un punto anterior. Según Zapatero, cada entidad puede tener la verdad que sea, es decir, cualquiera, sin restricciones. Y que necesariamente el resto ha de sacrificar parte de la suya sin discutir cuál es mejor o si alguna de las posiciones está equivocada o resulta incompatible con la otra, lo que forzaría a descartar una de ellas. Es decir, si se quiere un punto de partida, este también ha de ser acordado, no es simplemente que cualquiera puede adoptar la postura de salida que sea. Ese punto de partida existe y se llama Constitución Española de 1978(2).

Hacerlo, ha dicho, es cuestión de «voluntad» y de «tener visión histórica» porque, según ha alegado, «no estamos en un terreno de la verdad científica».

Otra vez la Historia. Además, mete el dedo en la llaga al mostrar que la ciencia está reñida con el comportamiento humano. Alguien tendrá que recordarle lo que son las Ciencias Sociales. Si yo tengo un fuerte sentimiento de identidad con La Federación de Planetas Galáctico-Valencianos, y tengo que obligar a los demás a que se amolden en cierta medida a esto, me imagino que alguna persona tendrá algún argumento sólido para hacerme cambiar de opinión. Precisamente porqué no estamos en el terreno de la «verdad científica» (una contradicción, ya que la ciencia no pretende ser el «garante» de la verdad», sino tan solo avanzar en el conocimiento descartando continuamente cosas que «eran» verdad y dejaron de serlo) las decisiones han de ser acordadas por todas las partes.

Puede parecer exagerado, pero no mucho más que la de alguien que pretende decirme que cualquier postura de cualquier «entidad» es igual de sostenible. Parece que es más acertado el decir que cualquier postura tiene derecho a ser defendida por alguien, pero sin que exista o sin que debiera existir la obligación a ser admitida ni en todo ni en parte por el resto, si no merece serlo. En definitiva, sale a relucir de que se trata únicamente de una cuestión «de fuerza», sin pretender el dialogo, ni el debate, ni el acuerdo.

¿Cuál es la realidad? Pues parece que nuestro presidente pretende de que le sigamos a ciegas, de que confiemos en el sin necesidad de que nos justifique sus acciones, que nos profetiza los efectos de sus (fórmulas «mágicas») acciones o mandatos, que su palabra es la única verdad...

¡¡¡que alguien me diga que estoy equivocado, por favor!!!

Fuentes:
Artículo en «El País»
Artículo en «El Mundo»

Actualización 26/02/2010
(1) En aquel momento mi idea de la Constitución de 1978 era mucho más positiva que la de ahora, no obstante la idea se mantiene: la ley vigente es la que es, sea buena o mala, y cumple la función que comenta.
(2) ídem: La constitución de 1978 es o fue, un punto de partida. No se pretendía ni ahora ni en aquel entonces defender la bondad de dicha constitución, sino que si hay que cambiarla, es decir, si se necesita otro punto de partida, deberá serlo acordado por la sociedad civil y no como consecuencia de un acuerdo político entre partidos nacionales y autonómicos.

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2 comentarios:

  1. "Pienso que es más acertado el que, cualquier postura tiene derecho a ser defendida, pero no existe o no debería existir la obligación a ser admitida ni en todo ni en parte, si no merece serlo."

    Cada día me estoy dando más cuenta de lo difícil que resulta diferenciar el contexto y opinión personal con el análisis de la manipulación.

    Aquí estás ejerciendo una opinión persuasiva, ya que emites el juicio de decir que no merece serlo. Pero lo que más me preocupa no es ésto, sino la palabra admitida. Creo que, pese a que creo estás bastante de acuerdo con la posición de ciutadans de catalunya, los cuales defienden a los ciudadanos, pero con ésta afirmación estás más cerca de defender la legislación, constitución, etc, lo cual est´alejo de los ciudadanos en muchas circunstancias.

    Lo del prinicpio no lo digo sólo por tí, también por mí. La política, ideología, convicciones, leyes, constituciones, muchas veces nos prohíben ser realmente moralmente, éticamente justos e imparciales.

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  2. Tienes razón en que en ocasiones me dejo llevar por mi opinión personal. Intento evitarlo, pero a veces, se evidencia alguna subjetividad.

    Normalmente, aviso cuando doy mi opinión, de cuando aplico otro tipo de razonamientos.

    Despues de decir esto, en el caso que comentas, creo que no me explique bien. No digo que esa postura (la que sea) no mereciera ser aceptada. Digo que no merece ser aceptada por obligación. Está relacionado con el resto de cosas que dice zapatero, que de partida, hay que tragar con la postura inicial del otro, por las bravas.

    La frase que has puesto queda algo fuera de contexto. Esto es también otro error que cometo a veces y se comete en general con asiduidad, sobre todo por los medios de comunicación.

    Y todo esto me recuerda y viene a colación, que he dejado algunos comentarios en tu página y bitácora, que eran más opinioes que razonamientos. Lo siento, lo digo en serio, porque no se trataba de esto nuestra colaboración.

    En efecto, simpatizo bastante con la opinión de Ciutadans. Y lo que dices es importante. Cuando digo admitida, no es exactamente de forma legal, sino que las personas que representan a los colectivos que sean, deben decidir si las propuestas son de partida admisiles, no solo legal, sino moralmente, y cualquier otro criterio. No como dice Zpatero, solo para lograr que tragemos con lo que a el le conviene (esta es mi opinión, pero que extraigo de estos hechos. Aún en el caso del beneficio de la duda, no encaja lo que pretende ZP). Para empezar a negociar ha de haber una pedisposición (esto también esta de actualidad). Si la otra parte ya toma de entrada una posición de superioridad, arrogancia, etc, no es algo muy apropiado, desde el punto de vista humano, lógico, y según el que, legal.

    Estoy completamente de acuerdo contigo en que las leyes no están por encima de las personas. Si has extraido esa impresion, es que he escrito mal el artículo (es de los primeros, aunque no sé si habré mejorado :-)). Igual le añado alguna actualización

    un saludo y muchisimas gracias por tu análisis y sinceridad.

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