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domingo, 30 de agosto de 2026

La anomalía china explicada

domingo, 30 de agosto de 2026

¿Es China la alternativa? Quizás no nos proporcione una respuesta pero tal vez nos permita plantearnos las preguntas adecuadas

En una reciente entrevista, una joven de origen chino explicaba en un podcast cómo las nuevas generaciones están rechazando el modelo de trabajo denominado «9-9-6» (doce horas al día, seis veces por semana). Si bien una entrevista a una joven «𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰𝘮» (como se suele decir ahora) no parece ser una fuente lo suficientemente fiable, sin embargo, ha servido como estimulo para averiguar con algo más de detalle qué hay detrás de esta afirmación. Y el resultado es esclarecedor:

➡️ Desde el 2021 existe el fenómeno de 𝘵𝘢𝘯𝘨 𝘱𝘪𝘯𝘨 («躺平», literalmente «tumbarse»), asociado precisamente a jóvenes que rechazan la carrera laboral convencional, la sobreexplotación y la expectativa de trabajar hasta el límite. También ha aparecido posteriormente el llamado 𝘣𝘢𝘪 𝘭𝘢𝘯 («dejarse llevar») (Fuente: Fortune.com)

➡️ Por otro lado, un informe de la OIT de 2025 sobre China encuentra una polarización creciente entre trabajadores con jornadas muy cortas y trabajadores con jornadas excesivamente largas. Reuters también señalaba en 2025 que, pese a que el 996 fue declarado ilegal en 2021, continuaba practicándose en determinados sectores.

➡️ Además, el informe del 𝘊𝘩𝘦𝘶𝘯𝘨 𝘒𝘰𝘯𝘨 𝘎𝘳𝘢𝘥𝘶𝘢𝘵𝘦 𝘚𝘤𝘩𝘰𝘰𝘭 𝘰𝘧 𝘉𝘶𝘴𝘪𝘯𝘦𝘴𝘴, basado en 17.000 respuestas y 2,4 millones de datos de distintas generaciones, compara explícitamente a la Gen Z china (18-25 años) con grupos de mayor edad. La Gen Z aparece como la generación menos satisfecha con su equilibrio entre vida y trabajo.

Por tanto, sí puede afirmarse que existe una disconformidad significativa y un creciente cuestionamiento entre las nuevas generaciones respecto al modelo laboral chino. Esta revelación abre una serie de cuestiones nada anecdóticas sobre la supuesta «revolución china»:

⏺️ Para algunos sectores, China representaba una supuesta «superación» del modelo occidental fundamentado en las «democracias liberales» y el «mercado libre», logrado gracias a su vez, al superar igualmente el modelo comunista soviético.

⏺️ Para otros, suponía una anomalía respecto a la llamada «hipótesis de la modernidad» de 𝗟𝗶𝗽𝘀𝗲𝘁 en 1959 (𝘵𝘰𝘥𝘢𝘴 𝘭𝘢𝘴 𝘴𝘰𝘤𝘪𝘦𝘥𝘢𝘥𝘦𝘴 «𝘢𝘷𝘢𝘯𝘻𝘢𝘥𝘢𝘴» 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘦𝘳𝘨𝘦𝘯 𝘢 𝘭𝘢 «𝘥𝘦𝘮𝘰𝘤𝘳𝘢𝘤𝘪𝘢») con la aparición de una sociedad china cuyas condiciones materiales avanzaban como un cohete mientras que continuaba aceptando a un gobierno «autoritario».

La aparente dificultad en clasificar a China dentro de las categorías políticas y económicas occidentales (democracia, comunismo, liberalismo, etc.) ha dado lugar a discusiones sobre su modelo económico y político. Sin embargo, probablemente esta dicotomía decía más de la carencia de Occidente para definir la frontera entre ambos ámbitos, una duda que persiste desde que la Comisión Trilateral de 1975 publicó su informe en el que señalaban que las «exigencias de la población no podían ser satisfechas». La creciente desconfianza en las instituciones y el imparable aumento de la influencia del ámbito económico y financiero parecen apoyar esta tesis. Paradójicamente, parece estar ocurriendo justo lo contrario de lo que postuló Lipset: el propio modelo occidental podría estar contribuyendo a erosionar la democracia, en lugar de consolidarla.

Esto nos trae de vuelta a la Gen Z. En artículos anteriores se señalaba que en Occidente se está experimentando un rechazo similar en este sector de la población. Y aquí es dónde se produce algo fascinante: la convergencia entre Occidente y China sí existe, pero no en la «democracia».

Algunos estudios ya ponen el dedo en la llaga sobre este asunto y plantean precisamente la necesidad de reformular la hipótesis de la modernidad. Hace no mucho se publicó aquí una propuesta de investigación que pretendía algo similar: reformular el llamado «motor de la historia»: este no sería una reducción del problema a una «lucha de clases» sino a una continua repetición de determinadas estructuras jerárquicas y relaciones de poder transversales, no necesariamente visibles en un determinado modelo político formal, sino a través de las relaciones de poder que se dan en todos los ámbitos, desde el social al laboral. El resultado no trata de una cuestión meramente ideológica, sino de las consecuencias físicas y psicológicas cuando un organismo adaptado a unas condiciones choca contra modelos sociopolíticos que instrumentalizan al individuo, en lugar de favorecerlo o darle un propósito. Materialismo al fin y al cabo, pero no un materialismo «histórico», sino evolutivo y biológico.

No es nuevo: las llamadas «enfermedades de la civilización» son una advertencia sistemáticamente ignorada. En Occidente son ya habituales los fenómenos como la «gran renuncia» o el burnout, la cuestión es: ¿China representa una excepción a estos problemas? La evidencia indica de manera contundente que no:

➡️ Un estudio longitudinal basado en datos nacionales de China encontró que las jornadas laborales largas se asociaban significativamente con un mayor riesgo de problemas de salud mental, con efectos especialmente marcados entre trabajadores de cuello blanco y empleados de pequeñas empresas.

De alguna manera, la gente ha dejado de enfermar por una causa para enfermar por otra. Por añadidura, el resultado continúa sin convencer dada la creciente disconformidad. Sus consecuencias no son meros berrinches caprichosos, tienen efectos medibles y consecuencias palpables. China ha encontrado una alternativa al modelo político occidental, pero todavía no ha encontrado necesariamente una alternativa al modelo de organización social que genera determinados problemas humanos.

¿Y si la variable verdaderamente universal no fuera la demanda de democracia, sino la demanda de mayor autonomía, seguridad, control sobre el propio tiempo y capacidad efectiva de intervenir sobre las condiciones de vida?

China tal vez no sea la respuesta, pero tal vez nos proporcione las preguntas adecuadas.

Artículo publicado originalmente para la plataforma Linkedin y adaptado posteriormente a este formato.